/ jueves 11 de junio de 2020

Comentarios y Algo Más | ¿Y el federalismo?

Esta interrogación tiene la intención de saber si actualmente, nuestra república por voluntad y vocación del pueblo mexicano, sigue siendo federalista. ¡Sí! afirmaría el más neófito constitucionalista. Por supuesto, México es un Estado Federal.

Para quienes piensan que, por vivir tiempos de mundialización, es, como la soberanía: anacrónico. Con esa idea, bastardos intereses políticos de la derecha conforman frentes de oposición al poder del presidente López Obrador. Aliados con los poderes facticos, amenazan romper el Pacto Federal.

Santiago Vidaurri Valdés, intentó hacerlo. Como gobernador del estado de Nuevo León pretendió separarlo, e integrar con los estados de Coahuila y Tamaulipas, “la Republica de la Sierra Madre”. Fue vencido. La República se mantuvo integra. Era presidente don Benito Juárez. El felón defensor del imperio, fue fusilado en 1867, por el ejército republicano.

La historia se repite. Siete gobernadores, encabezados por Enrique Alfaro de Jalisco, retan al presidente López Obrador, con separar sus entidades de la federación. Marginan al federalismo. Estos, y otros, que solicitan créditos extranjeros lo pulverizan; ponen en riesgo la soberanía y seguridad nacional.

Al Poder Ejecutivo le fueron asignadas con el artículo 89, de la Constitución, grandes facultades de control político. Así nació el presidencialismo. Modelo ejercido por gobiernos panistas, y antes, por los de procedencia tecnocrática. Qué le caracteriza: la concentración del poder. Este centralismo político hizo posible que México viviese una prolongada etapa de estabilidad económica-política.

Al centralismo como prototipo federal, la Reforma Delamadridista, con la descentralización daría otra función. Cambió radicalmente con Carlos Salinas. Con un fraude electoral, violentó el republicanismo representativo y democrático. Con el retiro arbitrario de Fausto Zapata, y Ramón Aguirre Velázquez, del poder ejecutivo de los estados de San Luis Potosí y de Guanajuato, arteramente vulneró al federalismo.

Doce años después con la alternancia del poder, se daría el desconcierto federalista. Partidos opositores ganaron gobiernos estatales. Así empezó la estira y afloja de la relación federación - estados.

El presidente López Obrador ha sido respetuoso con todos los grupos de presión. Respeta sus derechos constitucionales y hasta sus expresiones ofensivas. Es tolerante. Está interesado en mantener el régimen republicano. No volverá la monarquía, aun con el coqueteo de Gustavo Hoyos Walter, con el rey de España.

Termino esta serie, diciendo con Eliseo Mendoza Berrueto, “el federalismo, sigue siendo la forma de gobierno que conviene a la República, para hacer frente a las difíciles circunstancias que ha vivido”. Dentro de la azarosa turbulencia que vive México está vigente.


Esta interrogación tiene la intención de saber si actualmente, nuestra república por voluntad y vocación del pueblo mexicano, sigue siendo federalista. ¡Sí! afirmaría el más neófito constitucionalista. Por supuesto, México es un Estado Federal.

Para quienes piensan que, por vivir tiempos de mundialización, es, como la soberanía: anacrónico. Con esa idea, bastardos intereses políticos de la derecha conforman frentes de oposición al poder del presidente López Obrador. Aliados con los poderes facticos, amenazan romper el Pacto Federal.

Santiago Vidaurri Valdés, intentó hacerlo. Como gobernador del estado de Nuevo León pretendió separarlo, e integrar con los estados de Coahuila y Tamaulipas, “la Republica de la Sierra Madre”. Fue vencido. La República se mantuvo integra. Era presidente don Benito Juárez. El felón defensor del imperio, fue fusilado en 1867, por el ejército republicano.

La historia se repite. Siete gobernadores, encabezados por Enrique Alfaro de Jalisco, retan al presidente López Obrador, con separar sus entidades de la federación. Marginan al federalismo. Estos, y otros, que solicitan créditos extranjeros lo pulverizan; ponen en riesgo la soberanía y seguridad nacional.

Al Poder Ejecutivo le fueron asignadas con el artículo 89, de la Constitución, grandes facultades de control político. Así nació el presidencialismo. Modelo ejercido por gobiernos panistas, y antes, por los de procedencia tecnocrática. Qué le caracteriza: la concentración del poder. Este centralismo político hizo posible que México viviese una prolongada etapa de estabilidad económica-política.

Al centralismo como prototipo federal, la Reforma Delamadridista, con la descentralización daría otra función. Cambió radicalmente con Carlos Salinas. Con un fraude electoral, violentó el republicanismo representativo y democrático. Con el retiro arbitrario de Fausto Zapata, y Ramón Aguirre Velázquez, del poder ejecutivo de los estados de San Luis Potosí y de Guanajuato, arteramente vulneró al federalismo.

Doce años después con la alternancia del poder, se daría el desconcierto federalista. Partidos opositores ganaron gobiernos estatales. Así empezó la estira y afloja de la relación federación - estados.

El presidente López Obrador ha sido respetuoso con todos los grupos de presión. Respeta sus derechos constitucionales y hasta sus expresiones ofensivas. Es tolerante. Está interesado en mantener el régimen republicano. No volverá la monarquía, aun con el coqueteo de Gustavo Hoyos Walter, con el rey de España.

Termino esta serie, diciendo con Eliseo Mendoza Berrueto, “el federalismo, sigue siendo la forma de gobierno que conviene a la República, para hacer frente a las difíciles circunstancias que ha vivido”. Dentro de la azarosa turbulencia que vive México está vigente.