/ jueves 21 de diciembre de 2017

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En estricto sentido el año conmemorativo al Centenario de la Constitución termina el 5 de febrero de 2018. Pero la costumbre del oficialismo, los tributos a las datas cívicas los concluye con el año.

El ritual oficial se dio el 5 de febrero pasado en la ciudad de Querétaro; los poderes de la Unión lo cumplieron; los soberanos de las entidades federativas hicieron lo mismo en cada capital. Agotado ese mes, la Carta Magna se quedó dormida; aislados, fueron algunos recuerdos en su honor.

En el último mes del año 2017, la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en lugar de recibir las últimas ofrendas; es víctima de gravísimos atentados. “Vaya homenaje” que le rindieron los legisladores mexicanos.

Diputados y senadores priistas haciendo mayoría con sus satélites Nueva Alianza, Verde Ecologista, además legisladores del PAN y PES aprobando la nueva la Ley de Seguridad Interior, vulneraron sus artículos 21, 89 y 129.

El primero, recuerdo, dice: “Las instituciones de seguridad pública serán de carácter civil, disciplinado y profesional”. El segundo, en su fracción VI, faculta al presidente, “Preservar la seguridad nacional, en los términos de la ley respectiva (entonces, hay ley) y disponer de la totalidad de la Fuerza Armada permanente, o sea el Ejército, de la Armada y de la Fuerza Aérea para la seguridad interior y defensa externa de la Federación”. El ultimo, reza “En tiempos de paz, ninguna autoridad militar puede ejercer más funciones que las que tengan exacta conexión con la disciplina militar”.

Con la hermenéutica jurídica o política cada quien puede interpretar los textos anteriores. Yo diría que la seguridad nacional, en estos tiempos no requiere defensa militar; los tiempos que vivimos son pacíficos. Ah, pero las fuerzas armadas deben estar preparadas para la defensa de la patria de un ataque exterior; intrínsecamente esa es su misión.

A menos que con ellas se pretenda acallar las protestas, por el topillo electoral que se pretende consumar en año próximo. Su práctica proviene del año 2006.

Nació malita, como si habláramos de una bebita, la novísima y ya polémica ley. La parieron sin dolor quienes se “sacrifican por la patria”.

En menos de 72 horas, ambas cámaras la aprobaron. Les dieron línea. Cumplieron. Haciendo caso omiso a la opinión de expertos en materia constitucional; de Organizaciones no Gubernamentales; de fracciones parlamentarias de oposición la sacaron adelante.

Como consecuencia de la incorporación de México a la globalidad, organismos internacionales como la Organización de las Naciones Unidas, Amnistía Internacional, Peace Brigades International, y otras de este mundo global, proponen al jefe del Ejecutivo vetar, la ya famosa ley.

Desde luego que al señor presidente, no le agradan las llamadas de atención que hacen los organismos internacionales, por ser un asunto doméstico. Pero, él es uno de los muchos “líderes mundiales”, acordes con la integración promovida por los grandes capitales que abre a las naciones al orbe de la economía.

Los legisladores, con la aprobación sólo legitimaron la presencia de las fuerzas armadas en la calles de ciudades y pueblos, de nuestra geografía nacional. El marco jurídico que les faculta hacer lo que es responsabilidad de las policías ya lo tienen.

Felipe Calderón les encargó combatir la típica organización criminal, conocida como “delincuencia organizada”, integrada por quienes se dedican al narcotráfico de enervantes.

En seis años la lucha del panista presidente fue vana. El narco vive; continúa vendiendo su producto al mercado más grande: Los Estados Unidos. Calderón aprovechó a los soldados de México. Desprestigió su misión.

Va para largo el problema. El presidente Peña trajo de Colombia a un general experto en su combate. ¿Qué paso? Mas tardó en llegar, que en volver a su país. Puso en duda, con esa importación la capacidad de la policía mexicana.

La tarde del martes pasado, en Facebook Julio Hernández López, autor de “Astillero” columna diaria de “La Jornada”, comentó el encuentro ocasional con un viejo marino y al comentar la intervención del Ejército para restablecer el orden, el capitán o qué sé yo, se manifestó inconforme. Pero, dijo, “uno como soldado, tiene que ser disciplinado” y expresó desacuerdo con las órdenes de “estos señoritos”.

La votación fue la siguiente. 199 del PRI, 11 del PAN, 38 del Verde, 11 de Nueva Alianza, 2 del PES y uno de un excolaborador de Javier Duarte. Con 262 votos la aprobaron. Elocuente es el abrazo de dos pastores festinando “el triunfo”. Curiosa, es esa fusión. Uno, taurófilo; otro, antitaurino. Pero en política las diferencias pasan a segundo término cuando se dan las afinidades por conveniencia.

***Ahora, algo breve. -Lectores, deseo vivan las fiestas decembrinas con alegría acompañados de los seres que más aman. Gracias por leerme.

En estricto sentido el año conmemorativo al Centenario de la Constitución termina el 5 de febrero de 2018. Pero la costumbre del oficialismo, los tributos a las datas cívicas los concluye con el año.

El ritual oficial se dio el 5 de febrero pasado en la ciudad de Querétaro; los poderes de la Unión lo cumplieron; los soberanos de las entidades federativas hicieron lo mismo en cada capital. Agotado ese mes, la Carta Magna se quedó dormida; aislados, fueron algunos recuerdos en su honor.

En el último mes del año 2017, la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en lugar de recibir las últimas ofrendas; es víctima de gravísimos atentados. “Vaya homenaje” que le rindieron los legisladores mexicanos.

Diputados y senadores priistas haciendo mayoría con sus satélites Nueva Alianza, Verde Ecologista, además legisladores del PAN y PES aprobando la nueva la Ley de Seguridad Interior, vulneraron sus artículos 21, 89 y 129.

El primero, recuerdo, dice: “Las instituciones de seguridad pública serán de carácter civil, disciplinado y profesional”. El segundo, en su fracción VI, faculta al presidente, “Preservar la seguridad nacional, en los términos de la ley respectiva (entonces, hay ley) y disponer de la totalidad de la Fuerza Armada permanente, o sea el Ejército, de la Armada y de la Fuerza Aérea para la seguridad interior y defensa externa de la Federación”. El ultimo, reza “En tiempos de paz, ninguna autoridad militar puede ejercer más funciones que las que tengan exacta conexión con la disciplina militar”.

Con la hermenéutica jurídica o política cada quien puede interpretar los textos anteriores. Yo diría que la seguridad nacional, en estos tiempos no requiere defensa militar; los tiempos que vivimos son pacíficos. Ah, pero las fuerzas armadas deben estar preparadas para la defensa de la patria de un ataque exterior; intrínsecamente esa es su misión.

A menos que con ellas se pretenda acallar las protestas, por el topillo electoral que se pretende consumar en año próximo. Su práctica proviene del año 2006.

Nació malita, como si habláramos de una bebita, la novísima y ya polémica ley. La parieron sin dolor quienes se “sacrifican por la patria”.

En menos de 72 horas, ambas cámaras la aprobaron. Les dieron línea. Cumplieron. Haciendo caso omiso a la opinión de expertos en materia constitucional; de Organizaciones no Gubernamentales; de fracciones parlamentarias de oposición la sacaron adelante.

Como consecuencia de la incorporación de México a la globalidad, organismos internacionales como la Organización de las Naciones Unidas, Amnistía Internacional, Peace Brigades International, y otras de este mundo global, proponen al jefe del Ejecutivo vetar, la ya famosa ley.

Desde luego que al señor presidente, no le agradan las llamadas de atención que hacen los organismos internacionales, por ser un asunto doméstico. Pero, él es uno de los muchos “líderes mundiales”, acordes con la integración promovida por los grandes capitales que abre a las naciones al orbe de la economía.

Los legisladores, con la aprobación sólo legitimaron la presencia de las fuerzas armadas en la calles de ciudades y pueblos, de nuestra geografía nacional. El marco jurídico que les faculta hacer lo que es responsabilidad de las policías ya lo tienen.

Felipe Calderón les encargó combatir la típica organización criminal, conocida como “delincuencia organizada”, integrada por quienes se dedican al narcotráfico de enervantes.

En seis años la lucha del panista presidente fue vana. El narco vive; continúa vendiendo su producto al mercado más grande: Los Estados Unidos. Calderón aprovechó a los soldados de México. Desprestigió su misión.

Va para largo el problema. El presidente Peña trajo de Colombia a un general experto en su combate. ¿Qué paso? Mas tardó en llegar, que en volver a su país. Puso en duda, con esa importación la capacidad de la policía mexicana.

La tarde del martes pasado, en Facebook Julio Hernández López, autor de “Astillero” columna diaria de “La Jornada”, comentó el encuentro ocasional con un viejo marino y al comentar la intervención del Ejército para restablecer el orden, el capitán o qué sé yo, se manifestó inconforme. Pero, dijo, “uno como soldado, tiene que ser disciplinado” y expresó desacuerdo con las órdenes de “estos señoritos”.

La votación fue la siguiente. 199 del PRI, 11 del PAN, 38 del Verde, 11 de Nueva Alianza, 2 del PES y uno de un excolaborador de Javier Duarte. Con 262 votos la aprobaron. Elocuente es el abrazo de dos pastores festinando “el triunfo”. Curiosa, es esa fusión. Uno, taurófilo; otro, antitaurino. Pero en política las diferencias pasan a segundo término cuando se dan las afinidades por conveniencia.

***Ahora, algo breve. -Lectores, deseo vivan las fiestas decembrinas con alegría acompañados de los seres que más aman. Gracias por leerme.

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