/ jueves 7 de mayo de 2020

Comentarios y algo más... | El Decamerón y la peste

Hace poco más de 600 años, en Europa una peligrosísima pandemia de peste bubónica causó mortandad de 50 millones de habitantes. Las crónicas del siglo XIV señalan que el mal, fue llevado a Crimea por los mongoles. Habría brotado en territorio asiático.

La también llamada peste negra invadió la ciudad de Florencia, Italia, en 1348. Año par. De pesar, según la filosofía popular de México.

Treinta y un años antes nació un niño, cuyo padre ilegitimo llamó Giovanni, adjudicándole su apelativo: Boccaccio.

Creció en Nápoles. Allí encontró su vocación literaria. Entre 1353 y 1355, una vez vencida la plaga escribiría “El Decamerón”, volumen de cien cuentos, en el que, amén de describir la peste, mezcla el amor, el erotismo y la tragedia.

Siete mujeres y tres hombres, autoconfinados - por la pandemia-, en una finca fuera de Florencia, durante diez noches, cada uno contaría y escribiría una historia. Así configuró el clásico de las letras italianas.

Qué sincronía del tiempo, a más de medio milenio de ese apocalíptico suceso, no solo Florencia-como en ese lejano año-sino Italia, es víctima en esta era digital de otra pandemia fulminante. Como aquella, la actual, es provocada por un virus- que ha invadido al mundo-, surgido en un país asiático.

México inevitablemente se contaminó. Atemorizados vivimos esa grave crisis de salud. Históricamente le anteceden dos. Una, desconocida en Anáhuac: la viruela. Traída en el siglo XVI por un soldado-esclavo. Otra, en el siglo XX: la influenza española, acarreada por personal, o por un viajero de algún navío peninsular.

Al agente introductor del Codiv-19 es difícil identificarlo. Pudo ser connacional o extranjero, proveniente de Asia, Europa, o de un país hermano de Iberoamérica.

Prendió en la geografía nacional. Nos puso en una situación de temor, por su altísimo grado devastador. Afectó a todas las clases sociales.

El presidente López Obrador enfrenta la crisis en medio de censura y escarnio políticos. La clase política y la opinante, condenan y se mofan de las medidas tomadas contra la calamidad. Dicen preocuparse por la falta, tanto de espacios, como de equipo hospitalario. No ignoran el deterioro del sistema de salud heredado. Le culpan no tomar medidas previas para evitarla. Ningún país las tomó.

Cumple Andrés Manuel con responsabilidad institucional. Con patriotismo agradeció jugoso préstamo ofrecido por el FMI. Evitó una hipoteca más a las impuestas a la nación por los regímenes neoliberales.

Nos hemos encerrado como las mozas y mozos florentinos de la Edad Media. Ellos, para escribir una obra literaria; nosotros, para salvar la vida, en años de deshumanizada modernidad.

Alguien deberá escribir para la posteridad, el drama que sufre la humanidad. Obra a ser leída en el año 2348.

Hace poco más de 600 años, en Europa una peligrosísima pandemia de peste bubónica causó mortandad de 50 millones de habitantes. Las crónicas del siglo XIV señalan que el mal, fue llevado a Crimea por los mongoles. Habría brotado en territorio asiático.

La también llamada peste negra invadió la ciudad de Florencia, Italia, en 1348. Año par. De pesar, según la filosofía popular de México.

Treinta y un años antes nació un niño, cuyo padre ilegitimo llamó Giovanni, adjudicándole su apelativo: Boccaccio.

Creció en Nápoles. Allí encontró su vocación literaria. Entre 1353 y 1355, una vez vencida la plaga escribiría “El Decamerón”, volumen de cien cuentos, en el que, amén de describir la peste, mezcla el amor, el erotismo y la tragedia.

Siete mujeres y tres hombres, autoconfinados - por la pandemia-, en una finca fuera de Florencia, durante diez noches, cada uno contaría y escribiría una historia. Así configuró el clásico de las letras italianas.

Qué sincronía del tiempo, a más de medio milenio de ese apocalíptico suceso, no solo Florencia-como en ese lejano año-sino Italia, es víctima en esta era digital de otra pandemia fulminante. Como aquella, la actual, es provocada por un virus- que ha invadido al mundo-, surgido en un país asiático.

México inevitablemente se contaminó. Atemorizados vivimos esa grave crisis de salud. Históricamente le anteceden dos. Una, desconocida en Anáhuac: la viruela. Traída en el siglo XVI por un soldado-esclavo. Otra, en el siglo XX: la influenza española, acarreada por personal, o por un viajero de algún navío peninsular.

Al agente introductor del Codiv-19 es difícil identificarlo. Pudo ser connacional o extranjero, proveniente de Asia, Europa, o de un país hermano de Iberoamérica.

Prendió en la geografía nacional. Nos puso en una situación de temor, por su altísimo grado devastador. Afectó a todas las clases sociales.

El presidente López Obrador enfrenta la crisis en medio de censura y escarnio políticos. La clase política y la opinante, condenan y se mofan de las medidas tomadas contra la calamidad. Dicen preocuparse por la falta, tanto de espacios, como de equipo hospitalario. No ignoran el deterioro del sistema de salud heredado. Le culpan no tomar medidas previas para evitarla. Ningún país las tomó.

Cumple Andrés Manuel con responsabilidad institucional. Con patriotismo agradeció jugoso préstamo ofrecido por el FMI. Evitó una hipoteca más a las impuestas a la nación por los regímenes neoliberales.

Nos hemos encerrado como las mozas y mozos florentinos de la Edad Media. Ellos, para escribir una obra literaria; nosotros, para salvar la vida, en años de deshumanizada modernidad.

Alguien deberá escribir para la posteridad, el drama que sufre la humanidad. Obra a ser leída en el año 2348.