/ jueves 21 de mayo de 2020

Comentarios y algo más... | Tomóchic

Año 1892. Faltaban ocho años para que concluyera el siglo XIX. Dieciocho, para que, en 1910 el pueblo acaudillado por Francisco I Madero, iniciara la Revolución Mexicana, que echaría del poder al presidente Porfirio Díaz.

En ese año, Tomóchic, -pueblo serrano de Chihuahua - habitado mayormente por criollos, de arraigado fanatismo, vivía un conflicto de credo religioso. Históricamente sería precursor de la Guerra Cristera

Una joven epiléptica, que, hacia curas milagrosas, llamada Santa Teresita de Cabora- un supuesto San José y, Cruz Chávez, autollamado “Papa Máximo de Tomóchic”, dirigían al pueblo fanatizado.

El sacerdote católico negó la santidad de Teresita. Cruz Chávez y sus seguidores lo expulsaron.

A ese conflicto, se sumó Reyes Domínguez, cacique regional. Quiso dominar a los tomoches. Los hermanos Chávez se opusieron. “No defiendas a los indios, espetó. Me meto- dijo Cruz- y me seguiré metiendo por todos los humildes, mientras tú no olvides tus costumbres y reconozcas que todos venimos a este mundo desnudos, pero con los mismos derechos a la vida con que fuiste dotado tú”. Y lo abofeteo.

En venganza los acusó de bandidos y rebeldes. Era el año de 1891. Tropas federales-ante la delación-rodearon el pueblo. Cruz, con otros hombres los enfrentó. Se retiraron los soldados.

Eventualmente los hermanos Cruz dejaron el poblado. Regresaron en agosto de 1892, con hombres de otras rancherías. En septiembre, el general Rangel atacó. Fue rechazado. Chávez herido de una pierna. “Estamos condenados a morir. No hay nadie que haga conocer a las altas autoridades la verdad. Tu sabes, dijo a su hermano Manuel, entre los caciques y las autoridades forman una cadena cuyos eslabones no se pueden contar. Solo Dios puede socorrernos y nos defenderemos hasta lo último. Nosotros no esperamos ganar: pero perder y morir sí”

El 18 de octubre de 1892, novecientos federales atacaron Tomóchic. Cruz arengó a sus hombres. “El ejército es superior a nosotros. Tenemos que morir con el orgullo de que defendemos una causa justa. Nunca hemos dado motivo para que procedan así contra nosotros. Ha llegado la hora. En nombre de la Santísima Trinidad, cada uno a sus puestos”. ¡“Viva el Gran Poder de Dios y mueran los pelones!”

A pesar de su valor fueron vencidos. Al apoderarse los federales del templo, -en que se habían refugiado los tomoches-, preguntaron a Chávez: ¿Por qué no te rendiste para salvar tu vida? Respondió: “Nací para morir y no para rendirme. El culpable puede rendirse y pedir perdón; el inocente no”.

El general José María Rangel, había cumplido. En el parte, se le comunicó: “Chávez perdió, pero no se rindió”.

La sangrienta represión contra el valiente pueblo tomoche, se dio cuando México vivía “la paz porfiriana”. El sacrificio de esos hombres, puede ser considerado preámbulo de la Revolución.

selata@hotmail.com

Año 1892. Faltaban ocho años para que concluyera el siglo XIX. Dieciocho, para que, en 1910 el pueblo acaudillado por Francisco I Madero, iniciara la Revolución Mexicana, que echaría del poder al presidente Porfirio Díaz.

En ese año, Tomóchic, -pueblo serrano de Chihuahua - habitado mayormente por criollos, de arraigado fanatismo, vivía un conflicto de credo religioso. Históricamente sería precursor de la Guerra Cristera

Una joven epiléptica, que, hacia curas milagrosas, llamada Santa Teresita de Cabora- un supuesto San José y, Cruz Chávez, autollamado “Papa Máximo de Tomóchic”, dirigían al pueblo fanatizado.

El sacerdote católico negó la santidad de Teresita. Cruz Chávez y sus seguidores lo expulsaron.

A ese conflicto, se sumó Reyes Domínguez, cacique regional. Quiso dominar a los tomoches. Los hermanos Chávez se opusieron. “No defiendas a los indios, espetó. Me meto- dijo Cruz- y me seguiré metiendo por todos los humildes, mientras tú no olvides tus costumbres y reconozcas que todos venimos a este mundo desnudos, pero con los mismos derechos a la vida con que fuiste dotado tú”. Y lo abofeteo.

En venganza los acusó de bandidos y rebeldes. Era el año de 1891. Tropas federales-ante la delación-rodearon el pueblo. Cruz, con otros hombres los enfrentó. Se retiraron los soldados.

Eventualmente los hermanos Cruz dejaron el poblado. Regresaron en agosto de 1892, con hombres de otras rancherías. En septiembre, el general Rangel atacó. Fue rechazado. Chávez herido de una pierna. “Estamos condenados a morir. No hay nadie que haga conocer a las altas autoridades la verdad. Tu sabes, dijo a su hermano Manuel, entre los caciques y las autoridades forman una cadena cuyos eslabones no se pueden contar. Solo Dios puede socorrernos y nos defenderemos hasta lo último. Nosotros no esperamos ganar: pero perder y morir sí”

El 18 de octubre de 1892, novecientos federales atacaron Tomóchic. Cruz arengó a sus hombres. “El ejército es superior a nosotros. Tenemos que morir con el orgullo de que defendemos una causa justa. Nunca hemos dado motivo para que procedan así contra nosotros. Ha llegado la hora. En nombre de la Santísima Trinidad, cada uno a sus puestos”. ¡“Viva el Gran Poder de Dios y mueran los pelones!”

A pesar de su valor fueron vencidos. Al apoderarse los federales del templo, -en que se habían refugiado los tomoches-, preguntaron a Chávez: ¿Por qué no te rendiste para salvar tu vida? Respondió: “Nací para morir y no para rendirme. El culpable puede rendirse y pedir perdón; el inocente no”.

El general José María Rangel, había cumplido. En el parte, se le comunicó: “Chávez perdió, pero no se rindió”.

La sangrienta represión contra el valiente pueblo tomoche, se dio cuando México vivía “la paz porfiriana”. El sacrificio de esos hombres, puede ser considerado preámbulo de la Revolución.

selata@hotmail.com