/ martes 26 de abril de 2022

ConCiencia | Ella somos todas


En los últimos días la noticia de la desaparición y muerte de una joven de 18 años en el norte del país nos cimbró. ¿Cuántas Debanhi, Fátima y Valeria deben morir?, ¿qué tan grande debe ser el dolor para abrir los ojos, a dónde se dirige México?, ¿en qué momento el crimen y el odio se hicieron algo cotidiano?, ¿en qué momento se decidió que la popularidad vale más que garantizar una vida libre de violencia?

No solo fue Debanhi y los cuerpos encontrados durante su búsqueda, son las más de 24 mil que nos hacen falta y las 10 mujeres asesinadas todos los días en este país, donde el ser mujer parece una sentencia de muerte.

Hoy la rabia nos invade y la impotencia nos consume; el miedo se ha convertido en compañero de millones de mujeres y eso no se puede permitir más, exigimos castigo para quienes se llenaron las manos con su sangre; a quienes les arrebataron la sonrisa, cortaron su libertad. Para todos los que ríen con su muerte, para aquellos que piensan “se lo buscaron”, para quienes fueron cómplices en acto y omisión.

¿Cómo le explicas a esas madres que han perdido a sus hijas, que se cuentan por miles a lo largo de la república, que los encargados de garantizar la seguridad no pueden hacer nada por políticas neoliberales implementadas hace más de 40 años?, ¿cómo explicarles a las hermanas mexicanas que hoy dormirán con un ojo morado y el miedo de no despertar, que el golpe de hoy mañana es puñalada? A las que no tienen dónde refugiarse, porque el gobierno decidió invertir ese dinero en otras cosas.

A las familias de las víctimas de nada le sirve un gobierno que le eche la culpa a los demás. Por ello el caso de Debanhi, exige ser escuchado como una historia de vida de hija, nieta, estudiante; de una niña que fue abrazada por su familia por la mañana y desaparecida en la tarde. Ella exige no ser una cifra más, clama unidad nacional y pide a las autoridades y a todos nosotros responder con altura.

Todas ellas, víctimas anónimas reclaman por no ser palabras vacías en una conferencia, ni letra muerta en un expediente encima de un escritorio, ni olvido en un país acostumbrado a la indiferencia. Hoy las nombramos con profundo dolor, en un grito desesperado de auxilio y justicia, nos están matando, nos están violando y parece que la sociedad decide borrarnos como se borra la pintura de aquellos monumentos que exigen NI UNA MENOS, NI UNA MÁS.


Correo: laurabarrera@diputados.gob.mx

Twitter: @LauraBarreraF

Facebook: Laura Barrera Fortoul

Instagram: laurabarrerafortoul



En los últimos días la noticia de la desaparición y muerte de una joven de 18 años en el norte del país nos cimbró. ¿Cuántas Debanhi, Fátima y Valeria deben morir?, ¿qué tan grande debe ser el dolor para abrir los ojos, a dónde se dirige México?, ¿en qué momento el crimen y el odio se hicieron algo cotidiano?, ¿en qué momento se decidió que la popularidad vale más que garantizar una vida libre de violencia?

No solo fue Debanhi y los cuerpos encontrados durante su búsqueda, son las más de 24 mil que nos hacen falta y las 10 mujeres asesinadas todos los días en este país, donde el ser mujer parece una sentencia de muerte.

Hoy la rabia nos invade y la impotencia nos consume; el miedo se ha convertido en compañero de millones de mujeres y eso no se puede permitir más, exigimos castigo para quienes se llenaron las manos con su sangre; a quienes les arrebataron la sonrisa, cortaron su libertad. Para todos los que ríen con su muerte, para aquellos que piensan “se lo buscaron”, para quienes fueron cómplices en acto y omisión.

¿Cómo le explicas a esas madres que han perdido a sus hijas, que se cuentan por miles a lo largo de la república, que los encargados de garantizar la seguridad no pueden hacer nada por políticas neoliberales implementadas hace más de 40 años?, ¿cómo explicarles a las hermanas mexicanas que hoy dormirán con un ojo morado y el miedo de no despertar, que el golpe de hoy mañana es puñalada? A las que no tienen dónde refugiarse, porque el gobierno decidió invertir ese dinero en otras cosas.

A las familias de las víctimas de nada le sirve un gobierno que le eche la culpa a los demás. Por ello el caso de Debanhi, exige ser escuchado como una historia de vida de hija, nieta, estudiante; de una niña que fue abrazada por su familia por la mañana y desaparecida en la tarde. Ella exige no ser una cifra más, clama unidad nacional y pide a las autoridades y a todos nosotros responder con altura.

Todas ellas, víctimas anónimas reclaman por no ser palabras vacías en una conferencia, ni letra muerta en un expediente encima de un escritorio, ni olvido en un país acostumbrado a la indiferencia. Hoy las nombramos con profundo dolor, en un grito desesperado de auxilio y justicia, nos están matando, nos están violando y parece que la sociedad decide borrarnos como se borra la pintura de aquellos monumentos que exigen NI UNA MENOS, NI UNA MÁS.


Correo: laurabarrera@diputados.gob.mx

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