/ lunes 5 de julio de 2021

Contexto | Microtendencias

A menudo se menosprecian los hechos que se suceden a nivel local, a nivel regional e incluso a nivel familiar. No se les da importancia hasta que se hacen enormes y se constituyen en serios problemas sociales que cambian la cara de la sociedad y tal vez de manera irreversible.

En México los problemas en ese sentido abundan y han sido, en su gran mayoría, menospreciados por el gobierno en el que recae, en buena parte, muchas de las formas de la organización de la sociedad.

Y los ejemplos abundan hasta este tiempo de incertidumbre en el que estamos viviendo. Los gobiernos se contentan con los resultados macro, con las estadísticas generales que son expresados como si la sociedad estuviera mejor o que las cosas no estuvieran tan mal: que la economía está bien que no nos fue tan mal con la pandemia, que los delitos disminuyen, que hay gobernabilidad, que las perspectivas a futuro son mejores, etc.

Mientras una realidad en paralelo se están gestando, y no se le pone atención. Son pequeños hechos, pequeñas cosas que suceden en una comunidad, en un municipio, en una región y que marcan, de alguna forma una tendencia que en el mediano plazo definirán como se configurará una sociedad: son las microtendencias que indican como se perfila el futuro de las sociedades para lo bueno y para lo malo.

Los ejemplos abundan en México sobre todo en lo que de negativo observamos en la vida social. Imagínese si desde hace décadas los gobiernos, a todos niveles, hubieran puesto mayor atención al ver que muchos campesinos o empresarios agrícolas estaban siendo obligados a vender sus tierras a quienes, en ese momento sembraban mariguana; imagínese, si el gobierno hubiera reaccionado a tiempo al saber que el tráfico de armas iba en aumento y se ponía en riesgo el control de territorios en el país; imagínese que los gobiernos no se hubieran hecho de los oídos sordos a las denuncias ciudadanas por la corrupción o la violencia contra las mujeres…seguramente muchos de esos problemas no hubieran escalado tanto hasta llegar al punto de deterioro social al que ha llegado la sociedad mexicana.

En esas pequeñas cosas es como se construyen los futuros de las sociedades. Los gobiernos se contentan con sus cifras y evaden esas tendencias que se observan a nivel micro y que poco a poco se constituyen en tendencia general.

Los ejemplos, buenos y malos y suceden en nuestros días.

Las mujeres han venido denunciando la violencia en su contra. Lo han hecho, primero de manera pacífica y no fueron escuchadas. Durante 2020, veinte mujeres fueron asesinadas cada día hasta que hace algunos días fue reconocido por el gobierno que los feminicidios siguen aumentando. El gobierno ha menospreciado el problema y sigue creciendo, si hubieran escuchado a tiempo tal vez el problema no hubiera alcanzado las dimensiones que tienen. Por eso las manifestaciones de las mujeres son cada vez mas duras: se menosprecia desde el poder su lucha.

La violencia familiar está creciendo lo que muestra una tendencia que afecta de manera importante un elemento que le daba a la sociedad mexicana cohesión y estabilidad. Nada se hace al respecto.

Lo que sucede en Aguililla, Michoacán, o en Reynosa o en Guanajuato o Guerrero o Valle de Bravo y el sur del Estado de México, marcan una tendencia sobre el control del territorio a nivel nacional. Los gobiernos lo menosprecian como hechos aislados, como conflictos entre bandas y sin embargo el problema es más profundo y pondrá en el futuro la viabilidad de la gobernanza en el territorio nacional.

Lo mismo ocurre en otro sentido, uno más positivo. La sociedad busca cómo se organiza frente a las crisis que padece. La pobreza, ha quedado demostrado, ha crecido. Hoy hay más pobres que hace dos años pero la gente se está organizando para sobrevivir: han surgido nuevas formas de emprendurismo sobre todo en las mujeres para llevar el sustento a la familia; nuevas formas de solidaridad en las zonas rurales más alejadas del apoyo de los gobiernos.

Mientras todo esto sucede, los gobiernos no leen adecuadamente a la sociedad: el gobierno está contento con sus resultados, los partidos políticos con lo que ganaron y mientras el México profundo se está reorganizando de otra manera muy distinta a la que los grupos gobernantes pretenden hacernos creer que existe.

La sociedad mexicana sigue siendo una sociedad desamparada y las políticas sociales la han ido convirtiendo en una sociedad mendicante.


A menudo se menosprecian los hechos que se suceden a nivel local, a nivel regional e incluso a nivel familiar. No se les da importancia hasta que se hacen enormes y se constituyen en serios problemas sociales que cambian la cara de la sociedad y tal vez de manera irreversible.

En México los problemas en ese sentido abundan y han sido, en su gran mayoría, menospreciados por el gobierno en el que recae, en buena parte, muchas de las formas de la organización de la sociedad.

Y los ejemplos abundan hasta este tiempo de incertidumbre en el que estamos viviendo. Los gobiernos se contentan con los resultados macro, con las estadísticas generales que son expresados como si la sociedad estuviera mejor o que las cosas no estuvieran tan mal: que la economía está bien que no nos fue tan mal con la pandemia, que los delitos disminuyen, que hay gobernabilidad, que las perspectivas a futuro son mejores, etc.

Mientras una realidad en paralelo se están gestando, y no se le pone atención. Son pequeños hechos, pequeñas cosas que suceden en una comunidad, en un municipio, en una región y que marcan, de alguna forma una tendencia que en el mediano plazo definirán como se configurará una sociedad: son las microtendencias que indican como se perfila el futuro de las sociedades para lo bueno y para lo malo.

Los ejemplos abundan en México sobre todo en lo que de negativo observamos en la vida social. Imagínese si desde hace décadas los gobiernos, a todos niveles, hubieran puesto mayor atención al ver que muchos campesinos o empresarios agrícolas estaban siendo obligados a vender sus tierras a quienes, en ese momento sembraban mariguana; imagínese, si el gobierno hubiera reaccionado a tiempo al saber que el tráfico de armas iba en aumento y se ponía en riesgo el control de territorios en el país; imagínese que los gobiernos no se hubieran hecho de los oídos sordos a las denuncias ciudadanas por la corrupción o la violencia contra las mujeres…seguramente muchos de esos problemas no hubieran escalado tanto hasta llegar al punto de deterioro social al que ha llegado la sociedad mexicana.

En esas pequeñas cosas es como se construyen los futuros de las sociedades. Los gobiernos se contentan con sus cifras y evaden esas tendencias que se observan a nivel micro y que poco a poco se constituyen en tendencia general.

Los ejemplos, buenos y malos y suceden en nuestros días.

Las mujeres han venido denunciando la violencia en su contra. Lo han hecho, primero de manera pacífica y no fueron escuchadas. Durante 2020, veinte mujeres fueron asesinadas cada día hasta que hace algunos días fue reconocido por el gobierno que los feminicidios siguen aumentando. El gobierno ha menospreciado el problema y sigue creciendo, si hubieran escuchado a tiempo tal vez el problema no hubiera alcanzado las dimensiones que tienen. Por eso las manifestaciones de las mujeres son cada vez mas duras: se menosprecia desde el poder su lucha.

La violencia familiar está creciendo lo que muestra una tendencia que afecta de manera importante un elemento que le daba a la sociedad mexicana cohesión y estabilidad. Nada se hace al respecto.

Lo que sucede en Aguililla, Michoacán, o en Reynosa o en Guanajuato o Guerrero o Valle de Bravo y el sur del Estado de México, marcan una tendencia sobre el control del territorio a nivel nacional. Los gobiernos lo menosprecian como hechos aislados, como conflictos entre bandas y sin embargo el problema es más profundo y pondrá en el futuro la viabilidad de la gobernanza en el territorio nacional.

Lo mismo ocurre en otro sentido, uno más positivo. La sociedad busca cómo se organiza frente a las crisis que padece. La pobreza, ha quedado demostrado, ha crecido. Hoy hay más pobres que hace dos años pero la gente se está organizando para sobrevivir: han surgido nuevas formas de emprendurismo sobre todo en las mujeres para llevar el sustento a la familia; nuevas formas de solidaridad en las zonas rurales más alejadas del apoyo de los gobiernos.

Mientras todo esto sucede, los gobiernos no leen adecuadamente a la sociedad: el gobierno está contento con sus resultados, los partidos políticos con lo que ganaron y mientras el México profundo se está reorganizando de otra manera muy distinta a la que los grupos gobernantes pretenden hacernos creer que existe.

La sociedad mexicana sigue siendo una sociedad desamparada y las políticas sociales la han ido convirtiendo en una sociedad mendicante.