/ viernes 13 de septiembre de 2019

Dossier Mexiquense / El presidente de los ricos


Llegó al poder luego de una prolongada crisis económica que se extendió a lo social y tuvo implicaciones directas entre los electores, su triunfo fue visto por muchos analistas como la esperanza ciudadana por una forma de gobierno alejada de los partidos tradicionales y sensible a los problemas de la gente de la calle, recibió una economía estable y todos apostaron esperanzados a que luego de años de larga espera, por fin habría llegado a la máxima magistratura del país, un líder distinto. Apenas habían transcurrido unos meses en el cargo y las protestas volvieron a incendiar las redes sociales y buena parte de la comentocracia. “El presidente de los ricos” fue su nuevo epíteto.

En campaña ofreció reducir los impuestos y no crear nuevos. Lo cumplió y ahí recién comenzaron los problemas. Me refiero a Francia y a su presidente Emmnuel Macron.

Los gobiernos socialistas habían creado el polémico ISF “impuesto solidario sobre las fortunas” (conocido popularmente como el impuesto a los más ricos) y llegó a representar el 78% de la recaudación fiscal francesa. Se trata de un impuesto a las ganancias patrimoniales y es progresivo; entre más ganas más pagas. Con motivo de la presentación de su próximo libro, el prestigiado economista francés Thomas Piketty (“Capital e ideología”, que sale en noviembre en español) ha vuelto a colocar el tema sobre la mesa de discusión al señalar que:

“La desigualdad no es económica ni tecnológica: es ideológica y política. Esta es quizás la conclusión más obvia de la investigación histórica presentada en este libro. En otras palabras, el mercado y la competencia, los beneficios y los salarios, el capital y la deuda, los trabajadores cualificados y no cualificados, los nacionales y los extranjeros, los paraísos fiscales y la competitividad, no existen como tales. Son construcciones sociales e históricas que dependen enteramente del sistema legal, fiscal, educativo y político que elegimos implementar y de las categorías que establecemos. Estas elecciones se refieren ante todo a las representaciones que cada sociedad tiene de la justicia social y de la economía justa, y de las relaciones de fuerza político-ideológicas entre los diferentes grupos y discursos implicados. Lo importante es que estas relaciones de fuerza no son sólo materiales: son también y sobre todo intelectuales e ideológicas. En otras palabras, las ideas y las ideologías importan en la historia. Permiten constantemente imaginar y estructurar nuevos mundos y sociedades diferentes. Múltiples trayectorias son siempre posibles.” (http://www.rfi.fr/es/francia/20190910-la-desigualdad-es-ideologica-y-politica-afirma-piketty-en-su-nuevo-libro)

¿Siguiendo esta línea de razonamiento y ahora aterrizando al caso mexicano, qué tipo de política fiscal debemos esperar de un gobierno autodenominado de izquierda?

El propio presidente ha señalado –tomando los datos de Wealthinsigth- que de acuerdo con OXFAM el 1% de los más ricos del país concentra el 43% de la riqueza nacional y en consecuencia, uno supondría que como en Francia y su impuesto ISF, los más ricos deben pagar incrementalmente más (hasta 23,500 euros al año la tasa es cero, mientras que los de 279, 132 euros, pagan el 40% en ese impuesto con familias de 2 adultos más 3 infantes) mientras que acá, el plan fiscal presentado por la 4T, propone cobrar impuestos a los vendedores por catálogo que justo se ubican entre los mexicanos de menores ingresos, de igual forma grava el consumo de gasolina al que le retira el IEPS y uno se pregunta con razón, a qué tipo de “Gobierno progresista” se refiere el todopoderoso presidente Andrés Manuel López Obrador?

PROFESOR UNIVERSITARIO / @ JC_Villarreal61


Llegó al poder luego de una prolongada crisis económica que se extendió a lo social y tuvo implicaciones directas entre los electores, su triunfo fue visto por muchos analistas como la esperanza ciudadana por una forma de gobierno alejada de los partidos tradicionales y sensible a los problemas de la gente de la calle, recibió una economía estable y todos apostaron esperanzados a que luego de años de larga espera, por fin habría llegado a la máxima magistratura del país, un líder distinto. Apenas habían transcurrido unos meses en el cargo y las protestas volvieron a incendiar las redes sociales y buena parte de la comentocracia. “El presidente de los ricos” fue su nuevo epíteto.

En campaña ofreció reducir los impuestos y no crear nuevos. Lo cumplió y ahí recién comenzaron los problemas. Me refiero a Francia y a su presidente Emmnuel Macron.

Los gobiernos socialistas habían creado el polémico ISF “impuesto solidario sobre las fortunas” (conocido popularmente como el impuesto a los más ricos) y llegó a representar el 78% de la recaudación fiscal francesa. Se trata de un impuesto a las ganancias patrimoniales y es progresivo; entre más ganas más pagas. Con motivo de la presentación de su próximo libro, el prestigiado economista francés Thomas Piketty (“Capital e ideología”, que sale en noviembre en español) ha vuelto a colocar el tema sobre la mesa de discusión al señalar que:

“La desigualdad no es económica ni tecnológica: es ideológica y política. Esta es quizás la conclusión más obvia de la investigación histórica presentada en este libro. En otras palabras, el mercado y la competencia, los beneficios y los salarios, el capital y la deuda, los trabajadores cualificados y no cualificados, los nacionales y los extranjeros, los paraísos fiscales y la competitividad, no existen como tales. Son construcciones sociales e históricas que dependen enteramente del sistema legal, fiscal, educativo y político que elegimos implementar y de las categorías que establecemos. Estas elecciones se refieren ante todo a las representaciones que cada sociedad tiene de la justicia social y de la economía justa, y de las relaciones de fuerza político-ideológicas entre los diferentes grupos y discursos implicados. Lo importante es que estas relaciones de fuerza no son sólo materiales: son también y sobre todo intelectuales e ideológicas. En otras palabras, las ideas y las ideologías importan en la historia. Permiten constantemente imaginar y estructurar nuevos mundos y sociedades diferentes. Múltiples trayectorias son siempre posibles.” (http://www.rfi.fr/es/francia/20190910-la-desigualdad-es-ideologica-y-politica-afirma-piketty-en-su-nuevo-libro)

¿Siguiendo esta línea de razonamiento y ahora aterrizando al caso mexicano, qué tipo de política fiscal debemos esperar de un gobierno autodenominado de izquierda?

El propio presidente ha señalado –tomando los datos de Wealthinsigth- que de acuerdo con OXFAM el 1% de los más ricos del país concentra el 43% de la riqueza nacional y en consecuencia, uno supondría que como en Francia y su impuesto ISF, los más ricos deben pagar incrementalmente más (hasta 23,500 euros al año la tasa es cero, mientras que los de 279, 132 euros, pagan el 40% en ese impuesto con familias de 2 adultos más 3 infantes) mientras que acá, el plan fiscal presentado por la 4T, propone cobrar impuestos a los vendedores por catálogo que justo se ubican entre los mexicanos de menores ingresos, de igual forma grava el consumo de gasolina al que le retira el IEPS y uno se pregunta con razón, a qué tipo de “Gobierno progresista” se refiere el todopoderoso presidente Andrés Manuel López Obrador?

PROFESOR UNIVERSITARIO / @ JC_Villarreal61