/ sábado 1 de agosto de 2020

Dossier mexiquense | La sociedad indignada

¿Por qué la sociedad exhibe un malestar colectivo tan explosivo? En el marco del primer webinar de verano que organizó el CEPLAN S.C., el doctor Nelson Arteaga Botello presentó un amplio panorama del fenómeno, que si bien no es nuevo, se explica por el fin de las grandes narrativas que provocan el surgimiento de disonancias colectivas frente a la incertidumbre del presente y futuro, “ya el futuro no es lo que queríamos o pensábamos”, podría advertirse.

La democracia nos ha dejado constantemente insatisfechos, tanto a los que en un extremo quieren más libertades y acelerar los cambios que nos conduzcan al nirvana liberal, como en el otro, los indignados por los escasos avances sociales, que piden un cambio de rumbo, exigen justicia y se pronuncian contra las élites que se han quedado con todos los beneficios del crecimiento económico. Bajo este contexto, el resurgimiento de movimientos sociales radicales (feminismo, indigenismos, sindicalismos y movimientos de la derecha como “FRENA en México”) que intentan mediante la polarización, insistir en cambios que resuelvan de una vez y por todas “las promesas incumplidas de la democracia”, como señaló hace casi 40 años el célebre Norberto Bobbio: “La vida política se desarrolla mediante conflictos que jamás son resueltos definitivamente, cuya solución se da mediante acuerdos momentáneos, treguas y aquellos tratados de paz más duraderos que son las constituciones”.

El gobierno de la autodenominada 4T es producto de este abigarrado mosaico de grupos sociales indignados con la corrupción y la ineficacia gubernamental para hacerle frente a las crecientes demandas sociales. Y hoy, vivimos una polarización –como en otras partes del mundo- que exhibe algunos desacuerdos políticos en la sociedad mexicana. Los ejes discursivos transitan con frecuencia entre quienes insisten en continuar con la ruta (neoliberal) que para ellos es el cambio, mientras otros grupos piensan que triunfo electoral les permite restaurar este pasado idílico al estilo de Zygmunt Bauman, que busca el futuro mirando al pasado, “la ira de la nostalgia”, diría el autor.

El problema, dijo el académico egresado de la UAEM, es que cada extremo desconoce al otro, e incluso hay un intercambio de roles o discursos entre los que quieren un cambio y los que prefieren la restauración. La diversidad de interpretaciones de lo que significa el cambio y la restauración, genera disputas y conflictos que alejan el diálogo y los acuerdos. Lo que hoy vivimos en México, es común en el mundo; priman los criterios de exclusión o membresía tan puntualmente establecido por el presidente AMLO: “El que no está conmigo está contra mí”. La polarización en vez de disminuir, pienso yo, será artificialmente incrementada para sazonar una contienda electoral que debe alejarse de los contrastes racionales, pues hay muy poco que presumir y una crisis económica a la vuelta de la esquina para apelar a las emociones, que es lo que hace la 4T con las denominadas mañaneras. Serán largos meses para saber quién gana la contienda hasta que concluya este episodio cuando, en palabras del ponente, la democracia tendrá que ocuparse de buscar “su centro vital” de nuevo, mientras tanto, habrá que construir un espacio de diálogo que nos permita reencontrarnos aun a los que siendo adversarios se resistan a ser enemigos.

¿Por qué la sociedad exhibe un malestar colectivo tan explosivo? En el marco del primer webinar de verano que organizó el CEPLAN S.C., el doctor Nelson Arteaga Botello presentó un amplio panorama del fenómeno, que si bien no es nuevo, se explica por el fin de las grandes narrativas que provocan el surgimiento de disonancias colectivas frente a la incertidumbre del presente y futuro, “ya el futuro no es lo que queríamos o pensábamos”, podría advertirse.

La democracia nos ha dejado constantemente insatisfechos, tanto a los que en un extremo quieren más libertades y acelerar los cambios que nos conduzcan al nirvana liberal, como en el otro, los indignados por los escasos avances sociales, que piden un cambio de rumbo, exigen justicia y se pronuncian contra las élites que se han quedado con todos los beneficios del crecimiento económico. Bajo este contexto, el resurgimiento de movimientos sociales radicales (feminismo, indigenismos, sindicalismos y movimientos de la derecha como “FRENA en México”) que intentan mediante la polarización, insistir en cambios que resuelvan de una vez y por todas “las promesas incumplidas de la democracia”, como señaló hace casi 40 años el célebre Norberto Bobbio: “La vida política se desarrolla mediante conflictos que jamás son resueltos definitivamente, cuya solución se da mediante acuerdos momentáneos, treguas y aquellos tratados de paz más duraderos que son las constituciones”.

El gobierno de la autodenominada 4T es producto de este abigarrado mosaico de grupos sociales indignados con la corrupción y la ineficacia gubernamental para hacerle frente a las crecientes demandas sociales. Y hoy, vivimos una polarización –como en otras partes del mundo- que exhibe algunos desacuerdos políticos en la sociedad mexicana. Los ejes discursivos transitan con frecuencia entre quienes insisten en continuar con la ruta (neoliberal) que para ellos es el cambio, mientras otros grupos piensan que triunfo electoral les permite restaurar este pasado idílico al estilo de Zygmunt Bauman, que busca el futuro mirando al pasado, “la ira de la nostalgia”, diría el autor.

El problema, dijo el académico egresado de la UAEM, es que cada extremo desconoce al otro, e incluso hay un intercambio de roles o discursos entre los que quieren un cambio y los que prefieren la restauración. La diversidad de interpretaciones de lo que significa el cambio y la restauración, genera disputas y conflictos que alejan el diálogo y los acuerdos. Lo que hoy vivimos en México, es común en el mundo; priman los criterios de exclusión o membresía tan puntualmente establecido por el presidente AMLO: “El que no está conmigo está contra mí”. La polarización en vez de disminuir, pienso yo, será artificialmente incrementada para sazonar una contienda electoral que debe alejarse de los contrastes racionales, pues hay muy poco que presumir y una crisis económica a la vuelta de la esquina para apelar a las emociones, que es lo que hace la 4T con las denominadas mañaneras. Serán largos meses para saber quién gana la contienda hasta que concluya este episodio cuando, en palabras del ponente, la democracia tendrá que ocuparse de buscar “su centro vital” de nuevo, mientras tanto, habrá que construir un espacio de diálogo que nos permita reencontrarnos aun a los que siendo adversarios se resistan a ser enemigos.