/ sábado 19 de octubre de 2019

En tres tiempos

El aeropuerto


De nueva cuenta, el Aeropuerto Internacional de Toluca “Adolfo López Mateos” se convierte en tema de ambicioso proyecto económico y turístico auspiciado por el gobierno federal, con la participación del gobierno estatal.

Las obras de ampliación, que incluyen una segunda pista de aterrizaje, la conclusión de la autopista Toluca-Naucalpan y diversos trabajos de infraestructura en la carretera México-Toluca tendrán un costo de 2 mil 200 millones de pesos y contemplan la adquisición de nuevos terrenos en el entorno de San Pedro Totoltepec, municipio de Toluca.

El AIT –como ya se le conoce− es parte del plan aeroportuario del gobierno federal para descongestionar la terminal aérea de la Ciudad de México, que aún está en condiciones de prestar excelentes servicios si se le baja la presión del sobrecupo. El tercer destino es el aeropuerto de Santa Lucía, en el Valle de México, si es que finalmente se lleva a cabo.

Hasta hoy, la evolución del aeródromo toluqueño ha sido una historia de altibajos. En la primera década de este siglo llegó a mover hasta 4.5 millones de pasajeros por año –su capacidad máxima es de ocho− y parecía que el gran despegue por fin se estaba realizando, pero un cambio de administración provocó que esa prosperidad se viniera abajo y el aforo bajara a 691 mil pasajeros al cierre de 2018.

Uno de los secretos mejor guardados del aeropuerto consiste en que la mayoría de las acciones pertenece a la constructora española OHL, de tan ilustre memoria entre nosotros, pero que ahora será adquirida por el gobierno federal para emprender sobre bases firmes el proyecto de ampliación.

El plan consiste en atraer primero a un buen número de líneas aéreas comerciales –lo cual ya se intentó en el pasado y no prendió− y después, cuando ya esté muy concurrido, realizar la millonaria inversión.

Ya se anuncia para el 3 de noviembre la reanudación del vuelo diario Toluca-Ixtapa Zihuatanejo con la idea de hacer buenos negocios e impulsar el turismo hacia el estado de Guerrero. Viene después una intensa campaña de promoción para que las aerolíneas inicien el “Regreso a Toluca” con el propósito, ahora sí, de dar el estirón definitivo.

Lo primero que hay que hacer es desmentir aquella versión que rondó al Aeropuerto de Toluca desde su inauguración según la cual la zona en que se encuentra ofrece condiciones atmosféricas y climáticas que dificultan las operaciones de aterrizaje y despegue de los aviones de pasajeros de gran envergadura, razón por la cual las empresas aéreas no permanecen aquí por mucho tiempo.

Si se logra conjurar este maleficio –que bien podría ser una leyenda urbana− con pruebas científicas irrefutables, se da por seguro que el proyecto AIT será todo un éxito.


CRONISTA UNIVERSITARIO / cronista@uaemex.mx

El aeropuerto


De nueva cuenta, el Aeropuerto Internacional de Toluca “Adolfo López Mateos” se convierte en tema de ambicioso proyecto económico y turístico auspiciado por el gobierno federal, con la participación del gobierno estatal.

Las obras de ampliación, que incluyen una segunda pista de aterrizaje, la conclusión de la autopista Toluca-Naucalpan y diversos trabajos de infraestructura en la carretera México-Toluca tendrán un costo de 2 mil 200 millones de pesos y contemplan la adquisición de nuevos terrenos en el entorno de San Pedro Totoltepec, municipio de Toluca.

El AIT –como ya se le conoce− es parte del plan aeroportuario del gobierno federal para descongestionar la terminal aérea de la Ciudad de México, que aún está en condiciones de prestar excelentes servicios si se le baja la presión del sobrecupo. El tercer destino es el aeropuerto de Santa Lucía, en el Valle de México, si es que finalmente se lleva a cabo.

Hasta hoy, la evolución del aeródromo toluqueño ha sido una historia de altibajos. En la primera década de este siglo llegó a mover hasta 4.5 millones de pasajeros por año –su capacidad máxima es de ocho− y parecía que el gran despegue por fin se estaba realizando, pero un cambio de administración provocó que esa prosperidad se viniera abajo y el aforo bajara a 691 mil pasajeros al cierre de 2018.

Uno de los secretos mejor guardados del aeropuerto consiste en que la mayoría de las acciones pertenece a la constructora española OHL, de tan ilustre memoria entre nosotros, pero que ahora será adquirida por el gobierno federal para emprender sobre bases firmes el proyecto de ampliación.

El plan consiste en atraer primero a un buen número de líneas aéreas comerciales –lo cual ya se intentó en el pasado y no prendió− y después, cuando ya esté muy concurrido, realizar la millonaria inversión.

Ya se anuncia para el 3 de noviembre la reanudación del vuelo diario Toluca-Ixtapa Zihuatanejo con la idea de hacer buenos negocios e impulsar el turismo hacia el estado de Guerrero. Viene después una intensa campaña de promoción para que las aerolíneas inicien el “Regreso a Toluca” con el propósito, ahora sí, de dar el estirón definitivo.

Lo primero que hay que hacer es desmentir aquella versión que rondó al Aeropuerto de Toluca desde su inauguración según la cual la zona en que se encuentra ofrece condiciones atmosféricas y climáticas que dificultan las operaciones de aterrizaje y despegue de los aviones de pasajeros de gran envergadura, razón por la cual las empresas aéreas no permanecen aquí por mucho tiempo.

Si se logra conjurar este maleficio –que bien podría ser una leyenda urbana− con pruebas científicas irrefutables, se da por seguro que el proyecto AIT será todo un éxito.


CRONISTA UNIVERSITARIO / cronista@uaemex.mx

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