/ viernes 24 de mayo de 2019

Hablemos de paz de y no violencia

Lecciones chinas contra la contaminación

Lo que cuento enseguida es serio, no un cuento chino. Hace un lustro ciudades como Shanghái y Zhengzou se parecían al Londres del siglo pasado por los tremendos bancos de esmog que las cubrían. Las organizaciones civiles protestaban colocando tapabocas a las estatuas y repartiendo bocanadas de aire limpio mediante mascarillas. Incluso el artista escénico “Brother Nut” hizo un experimento en Pekín para llamar la atención sobre la contaminación: durante 100 días caminó con una aspiradora recolectando polvo y partículas con los que creó un ladrillo.

Sin embargo, China ha dejado de priorizar el crecimiento económico sobre la salud del medio ambiente. Ha disminuido un tercio el promedio de partículas finas adoptando medidas drásticas, además de que prevé reducir emisiones de dióxido de carbono en 60% y utilizar combustibles no fósiles como fuente primaria de energías limpias de aquí a 2030. ¿Cómo lo ha logrado?

El gobierno estableció un plan nacional de calidad del aire que obligó a las ciudades a reducir al menos 10% la concentración de partículas finas (Pekín lo hizo en 25%). Prohibió la construcción de nuevas centrales eléctricas que funcionaran con carbón y las ya existentes debieron reducir emisiones o funcionar con gas natural. Ciudades como Cantón, Shanghái y Pekín restringieron la cantidad de autos en las calles. En todo el país se redujo la capacidad de producción de hierro y acero. Además, cerró minas de carbón y eliminó casas e industrias calentadores de este tipo de combustible.

Como cereza en el pastel, China ha cerrado su “mercado de basura”, es decir ha dejado de comprar los residuos del mundo, a los cuales daba tratamiento especial para alimentar su creciente capacidad productiva, lo cual ha puesto en jaque al sistema mundial de reciclaje (México le vende a China poco más de 210 mil toneladas de basura y si China deja de comprar el 10%, ¿cómo gestionaremos 21 mil toneladas más en nuestros basureros?) pues, por ejemplo, se estima que en el mundo, cuando mucho, se recicla una quinta parte del plástico que tiran todos los países. Es una calamidad.

China aún se considera el país más contaminante del mundo al aportar entre el 28 y el 30% de emisiones. No obstante ha avanzado en reducir la contaminación en sólo un lustro. México podría aprender mucho del gigante asiático en materia de control de polvo y partículas por medio de regulaciones basadas en los mercados. Por supuesto existen grandes diferencias que nos separan, pero sí un país con una población diez veces mayor a la nuestra lo ha podido hacer, ¿por qué México ha sido incapaz de hacerlo siendo que tenemos tres décadas luchando contra la contaminación?

Lecciones chinas contra la contaminación

Lo que cuento enseguida es serio, no un cuento chino. Hace un lustro ciudades como Shanghái y Zhengzou se parecían al Londres del siglo pasado por los tremendos bancos de esmog que las cubrían. Las organizaciones civiles protestaban colocando tapabocas a las estatuas y repartiendo bocanadas de aire limpio mediante mascarillas. Incluso el artista escénico “Brother Nut” hizo un experimento en Pekín para llamar la atención sobre la contaminación: durante 100 días caminó con una aspiradora recolectando polvo y partículas con los que creó un ladrillo.

Sin embargo, China ha dejado de priorizar el crecimiento económico sobre la salud del medio ambiente. Ha disminuido un tercio el promedio de partículas finas adoptando medidas drásticas, además de que prevé reducir emisiones de dióxido de carbono en 60% y utilizar combustibles no fósiles como fuente primaria de energías limpias de aquí a 2030. ¿Cómo lo ha logrado?

El gobierno estableció un plan nacional de calidad del aire que obligó a las ciudades a reducir al menos 10% la concentración de partículas finas (Pekín lo hizo en 25%). Prohibió la construcción de nuevas centrales eléctricas que funcionaran con carbón y las ya existentes debieron reducir emisiones o funcionar con gas natural. Ciudades como Cantón, Shanghái y Pekín restringieron la cantidad de autos en las calles. En todo el país se redujo la capacidad de producción de hierro y acero. Además, cerró minas de carbón y eliminó casas e industrias calentadores de este tipo de combustible.

Como cereza en el pastel, China ha cerrado su “mercado de basura”, es decir ha dejado de comprar los residuos del mundo, a los cuales daba tratamiento especial para alimentar su creciente capacidad productiva, lo cual ha puesto en jaque al sistema mundial de reciclaje (México le vende a China poco más de 210 mil toneladas de basura y si China deja de comprar el 10%, ¿cómo gestionaremos 21 mil toneladas más en nuestros basureros?) pues, por ejemplo, se estima que en el mundo, cuando mucho, se recicla una quinta parte del plástico que tiran todos los países. Es una calamidad.

China aún se considera el país más contaminante del mundo al aportar entre el 28 y el 30% de emisiones. No obstante ha avanzado en reducir la contaminación en sólo un lustro. México podría aprender mucho del gigante asiático en materia de control de polvo y partículas por medio de regulaciones basadas en los mercados. Por supuesto existen grandes diferencias que nos separan, pero sí un país con una población diez veces mayor a la nuestra lo ha podido hacer, ¿por qué México ha sido incapaz de hacerlo siendo que tenemos tres décadas luchando contra la contaminación?