/ jueves 14 de junio de 2018

Hablemos de Paz y No Violencia


Guerra y paz en los mundiales de futbol

Vladimir Putin se empeñó en colocar a Rusia de nuevo como potencia mundial. Parece que lo ha logrado después de acabar con el terrorismo checheno, anexarse territorios (Abjasia, Osetia del Sur y Crimea), ser productor importante de petróleo y gas, mantener una alianza militar con China y, como cereza en el pastel, organizar olimpiadas de invierno (Sochi 2014) y un mundial de futbol: Rusia 2018. Y por ser Rusia, inevitablemente me recuerda a esa obra cumbre de la literatura universal de uno de los grandes escritores rusos: Guerra y paz de León Tolstoi.

Hablando de mundiales, estos también han sido influidos por la guerra. Basta recordar que los de 1942 y 1946 no se celebraron por la Segunda Guerra Mundial. Pero desde el inicio tuvieron problemas pues Uruguay 1930 se realizó porque Europa aún se recuperaba de la Primera Guerra y el Comité Internacional excluyó la disciplina futbolística de las Olimpiadas Los Ángeles 1932. En 1934 se realizó en Italia por capricho del dictador fascista Mussolini y el equipo anfitrión se llevó la copa; algo similar pasó en Argentina 1978 cuando el dictador militar, Jorge Rafael Videla, organizó la copa y su equipo ganó. Francia 1938 se hizo en medio del ascenso fascista y varios países no participaron (como España que estaba en guerra civil).

La reanudación de los mundiales en Brasil 1950 fue signo de que, a pesar de la Guerra Fría, había condiciones de paz para organizar torneos deportivos; más aún, ni Estados Unidos ni la Unión Soviética (que eran potencias olímpicas, pero no futboleras) provocaron problemas. Por lo demás, Suiza 1954 demostró que Alemania, país perdedor de la Segunda Guerra, se levantó de entre las cenizas. Suecia 1958 y México 70 demostraron que el color no influye en el deporte: un niño negro, Pelé, se convirtió en referente del balompié mundial. Alemania 1974 fue el primer aviso de que las dos Germanias (la Federal capitalista y la Democrática comunista) podrían volver a unirse (lo que sucedió en 1992).

Problemas de otro tipo regresaron a partir de EEUU 1994 pues se destapó en la FIFA la cloaca del dopaje (Maradona), el favoritismo (el caso de los anfitriones en Francia 1998 y Corea/Japón 2002), la corrupción y el lavado de dinero, tanto de la FIFA como de los países anfitriones (Alemania 2006, Sudáfrica 2010, Brasil 2014 y en torneos menores).

Fuera de todo ello, esperemos que los mundiales de futbol conserven el espíritu con el que se creó este deporte en la Inglaterra (que hizo su mundial hasta 1966) del siglo XIX: dos pueblos arreglando sus disputas de forma pacífica, precisamente pateando un balón. Hoy felizmente comienza otro mundial de futbol. Veámoslo y festejémoslo en paz. Suerte a la Selección Mexicana.


Guerra y paz en los mundiales de futbol

Vladimir Putin se empeñó en colocar a Rusia de nuevo como potencia mundial. Parece que lo ha logrado después de acabar con el terrorismo checheno, anexarse territorios (Abjasia, Osetia del Sur y Crimea), ser productor importante de petróleo y gas, mantener una alianza militar con China y, como cereza en el pastel, organizar olimpiadas de invierno (Sochi 2014) y un mundial de futbol: Rusia 2018. Y por ser Rusia, inevitablemente me recuerda a esa obra cumbre de la literatura universal de uno de los grandes escritores rusos: Guerra y paz de León Tolstoi.

Hablando de mundiales, estos también han sido influidos por la guerra. Basta recordar que los de 1942 y 1946 no se celebraron por la Segunda Guerra Mundial. Pero desde el inicio tuvieron problemas pues Uruguay 1930 se realizó porque Europa aún se recuperaba de la Primera Guerra y el Comité Internacional excluyó la disciplina futbolística de las Olimpiadas Los Ángeles 1932. En 1934 se realizó en Italia por capricho del dictador fascista Mussolini y el equipo anfitrión se llevó la copa; algo similar pasó en Argentina 1978 cuando el dictador militar, Jorge Rafael Videla, organizó la copa y su equipo ganó. Francia 1938 se hizo en medio del ascenso fascista y varios países no participaron (como España que estaba en guerra civil).

La reanudación de los mundiales en Brasil 1950 fue signo de que, a pesar de la Guerra Fría, había condiciones de paz para organizar torneos deportivos; más aún, ni Estados Unidos ni la Unión Soviética (que eran potencias olímpicas, pero no futboleras) provocaron problemas. Por lo demás, Suiza 1954 demostró que Alemania, país perdedor de la Segunda Guerra, se levantó de entre las cenizas. Suecia 1958 y México 70 demostraron que el color no influye en el deporte: un niño negro, Pelé, se convirtió en referente del balompié mundial. Alemania 1974 fue el primer aviso de que las dos Germanias (la Federal capitalista y la Democrática comunista) podrían volver a unirse (lo que sucedió en 1992).

Problemas de otro tipo regresaron a partir de EEUU 1994 pues se destapó en la FIFA la cloaca del dopaje (Maradona), el favoritismo (el caso de los anfitriones en Francia 1998 y Corea/Japón 2002), la corrupción y el lavado de dinero, tanto de la FIFA como de los países anfitriones (Alemania 2006, Sudáfrica 2010, Brasil 2014 y en torneos menores).

Fuera de todo ello, esperemos que los mundiales de futbol conserven el espíritu con el que se creó este deporte en la Inglaterra (que hizo su mundial hasta 1966) del siglo XIX: dos pueblos arreglando sus disputas de forma pacífica, precisamente pateando un balón. Hoy felizmente comienza otro mundial de futbol. Veámoslo y festejémoslo en paz. Suerte a la Selección Mexicana.

jueves 14 de junio de 2018

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