/ jueves 2 de enero de 2020

Hablemos de Paz y No Violencia | 2019: Año vertiginoso

No tuvimos descanso en 2019, los acontecimientos sucedieron sin tregua. La intensidad de la discusión política se dio como no la habíamos visto en años. Recuerdo la dinámica política anterior y puedo decir que hubo tiempos, semanas, incluso meses, en que pude haber prescindido por completo de internet y los medios de comunicación y no hubiera pasado nada. Hoy es diferente: para registrar los cambios políticos que suceden en el país no puede uno despegarse de los medios.

Tal vez 1994 es el año más parecido a 2019 por los hechos que rompieron la parsimonia del sistema político mexicano. Comenzó el 1º de enero con la irrupción del EZLN, el mismo día de la entrada en vigor del TLCAN; continuó con la campaña de Colosio y su asesinato; la inseguridad fue más visible, tanto que se habló de la “colombianización” del país; luego de las elecciones, el asesinato de Ruiz Massieu y la crisis económica por el “error de diciembre” convulsionaron al país.

Se necesita tiempo para procesar y asimilar los eventos ocurridos en 2019: desabasto y precios altos de combustibles; tragedia de Tlahuelilpan; masacres de Minatitlán, Aguililla y de la familia Le Baron; fallido operativo de Culiacán, aprehensión y liberación de Ovidio Guzmán; el mayor número de homicidios dolosos de los últimos tiempos; actividad económica estancada y en peligro de recesión, en medio de subidas de impuestos y nuevas contribuciones, políticas de terrorismo fiscal, inversión e industria a la baja; combate a la corrupción que excluye amigos del régimen; acoso a opositores, distorsión de cifras, violación de reglas democráticas (revocación y extensión de mandato en Baja California, consultas ilegales y sometimiento de poderes e instituciones autónomas); austeridad, apoyo a programas sociales clientelares y recorte con machete a programas que funcionan; sistemas de salud colapsados; intentos de ajustar la historia a la ideología del régimen; la onerosa inmovilización del avión presidencial; política exterior errática que va de la ayuda a Centroamérica, al sometimiento a Trump, al apoyo a integrantes del Foro de Sao Paulo, incluso las últimas horas del año escaló el pleito diplomático con Bolivia por el asilo a Evo Morales.

Encima, sentimientos encontrados causados por el premio Oscar a Roma y la muerte de nuestro “Príncipe de la Canción”, José José.

Es así como 2019 parece habernos provocado vértigo, sobre todo por la presencia de un nuevo régimen de gobierno que, si bien fue electo para acabar con la corrupción, usa su legitimidad para destruir las instituciones democráticas que limitaron al viejo régimen y de las cuales se benefició. Un nuevo régimen más vertical, autoritario y polarizador. Ya veremos hacia donde nos conduce el 2020.

rodrigo.pynv@hotmail.com; Facebook: Rodrigo Sánchez; Twitter: RodrigoSanArce

No tuvimos descanso en 2019, los acontecimientos sucedieron sin tregua. La intensidad de la discusión política se dio como no la habíamos visto en años. Recuerdo la dinámica política anterior y puedo decir que hubo tiempos, semanas, incluso meses, en que pude haber prescindido por completo de internet y los medios de comunicación y no hubiera pasado nada. Hoy es diferente: para registrar los cambios políticos que suceden en el país no puede uno despegarse de los medios.

Tal vez 1994 es el año más parecido a 2019 por los hechos que rompieron la parsimonia del sistema político mexicano. Comenzó el 1º de enero con la irrupción del EZLN, el mismo día de la entrada en vigor del TLCAN; continuó con la campaña de Colosio y su asesinato; la inseguridad fue más visible, tanto que se habló de la “colombianización” del país; luego de las elecciones, el asesinato de Ruiz Massieu y la crisis económica por el “error de diciembre” convulsionaron al país.

Se necesita tiempo para procesar y asimilar los eventos ocurridos en 2019: desabasto y precios altos de combustibles; tragedia de Tlahuelilpan; masacres de Minatitlán, Aguililla y de la familia Le Baron; fallido operativo de Culiacán, aprehensión y liberación de Ovidio Guzmán; el mayor número de homicidios dolosos de los últimos tiempos; actividad económica estancada y en peligro de recesión, en medio de subidas de impuestos y nuevas contribuciones, políticas de terrorismo fiscal, inversión e industria a la baja; combate a la corrupción que excluye amigos del régimen; acoso a opositores, distorsión de cifras, violación de reglas democráticas (revocación y extensión de mandato en Baja California, consultas ilegales y sometimiento de poderes e instituciones autónomas); austeridad, apoyo a programas sociales clientelares y recorte con machete a programas que funcionan; sistemas de salud colapsados; intentos de ajustar la historia a la ideología del régimen; la onerosa inmovilización del avión presidencial; política exterior errática que va de la ayuda a Centroamérica, al sometimiento a Trump, al apoyo a integrantes del Foro de Sao Paulo, incluso las últimas horas del año escaló el pleito diplomático con Bolivia por el asilo a Evo Morales.

Encima, sentimientos encontrados causados por el premio Oscar a Roma y la muerte de nuestro “Príncipe de la Canción”, José José.

Es así como 2019 parece habernos provocado vértigo, sobre todo por la presencia de un nuevo régimen de gobierno que, si bien fue electo para acabar con la corrupción, usa su legitimidad para destruir las instituciones democráticas que limitaron al viejo régimen y de las cuales se benefició. Un nuevo régimen más vertical, autoritario y polarizador. Ya veremos hacia donde nos conduce el 2020.

rodrigo.pynv@hotmail.com; Facebook: Rodrigo Sánchez; Twitter: RodrigoSanArce