/ jueves 31 de enero de 2019

Hablemos de Paz y No Violencia


¿Por qué nos debe importar Venezuela?

El 8 de octubre de 2012, en ocasión de la tercera reelección de Hugo Chávez como presidente de Venezuela, publiqué en Facebook su foto con el texto “Esos venezolanos van por buen camino, no hay nada como un buen dictador que defienda la democracia”. Por la ironía me llovieron críticas de “amigos”. Luego volví a hablar del tema en este espacio (17/05/2017, 21/06/2017 y 24/01/2019). Aclaro lo anterior porque mi postura crítica hacia la Revolución Bolivariana no es nueva. La situación del pueblo venezolano es insoportable desde hace años y empeoró con la llegada de Maduro al poder.

Muchos no lo quieren ver, pero mi tesis central es que la Bolivariana usó la democracia para destruir a la propia democracia venezolana. Chávez limitó la división de poderes al ejercer control sobre el legislativo y el judicial, así como las libertades al cerrar medios de comunicación y hostigar a opositores. El indicador más claro del detrimento democrático es el control que el régimen ejerce sobre las instituciones electorales, que han permitido tres reelecciones de Chávez (sólo dejó la presidencia porque murió en 2013) y, hasta ahora, una de Maduro. El colmo vino cuando en 2016 una Asamblea Nacional democráticamente electa por el pueblo fue disuelta por Maduro y además cuando éste se reeligió en 2018 de manera fraudulenta.

Hubo un tiempo en que la bonanza petrolera permitió a Chávez beneficiar al pueblo, pero eso acabó en esta década con la baja del precio del barril, por lo que el régimen y el país entraron en crisis generalizada. Es imposible reseñar en este espacio todos los problemas, pero la gente vive en incertidumbre, come mal y no tiene empleo; los niños mueren de desnutrición y enfermedades prevenibles; la pobreza alcanza al 80%; más de 3 millones han emigrado del país y el que se atreve a protestar es reprimido.

El problema, como se ve, va más allá de falsos dilemas: intervención externa o soberanía nacional; Maduro o Guaidó; legitimidad o legalidad; invasión (que no habrá por parte de los EEUU) o acuerdo; imperialismo estadounidense vs. imperialismo ruso. El problema es la permanencia de Maduro. Debe irse y dar paso a elecciones democráticas pues lo que está en juego es el bienestar y los derechos humanos de los venezolanos. No será cosa fácil pero tal vez se logre forzándolo a negociar (es lo último que quiere y por ello se apoya en su ejército) con mayor presión internacional. La postura neutral del gobierno mexicano es irrelevante y anacrónica (cosa rara en un régimen cuya supuesta razón de ser es “el pueblo”) y por ello los mexicanos de a pie debemos defender la democracia venezolana y no a su tirano pues, al hacerlo, aseguramos la defensa futura de nuestra propia democracia.

@RodrigoSanArce


¿Por qué nos debe importar Venezuela?

El 8 de octubre de 2012, en ocasión de la tercera reelección de Hugo Chávez como presidente de Venezuela, publiqué en Facebook su foto con el texto “Esos venezolanos van por buen camino, no hay nada como un buen dictador que defienda la democracia”. Por la ironía me llovieron críticas de “amigos”. Luego volví a hablar del tema en este espacio (17/05/2017, 21/06/2017 y 24/01/2019). Aclaro lo anterior porque mi postura crítica hacia la Revolución Bolivariana no es nueva. La situación del pueblo venezolano es insoportable desde hace años y empeoró con la llegada de Maduro al poder.

Muchos no lo quieren ver, pero mi tesis central es que la Bolivariana usó la democracia para destruir a la propia democracia venezolana. Chávez limitó la división de poderes al ejercer control sobre el legislativo y el judicial, así como las libertades al cerrar medios de comunicación y hostigar a opositores. El indicador más claro del detrimento democrático es el control que el régimen ejerce sobre las instituciones electorales, que han permitido tres reelecciones de Chávez (sólo dejó la presidencia porque murió en 2013) y, hasta ahora, una de Maduro. El colmo vino cuando en 2016 una Asamblea Nacional democráticamente electa por el pueblo fue disuelta por Maduro y además cuando éste se reeligió en 2018 de manera fraudulenta.

Hubo un tiempo en que la bonanza petrolera permitió a Chávez beneficiar al pueblo, pero eso acabó en esta década con la baja del precio del barril, por lo que el régimen y el país entraron en crisis generalizada. Es imposible reseñar en este espacio todos los problemas, pero la gente vive en incertidumbre, come mal y no tiene empleo; los niños mueren de desnutrición y enfermedades prevenibles; la pobreza alcanza al 80%; más de 3 millones han emigrado del país y el que se atreve a protestar es reprimido.

El problema, como se ve, va más allá de falsos dilemas: intervención externa o soberanía nacional; Maduro o Guaidó; legitimidad o legalidad; invasión (que no habrá por parte de los EEUU) o acuerdo; imperialismo estadounidense vs. imperialismo ruso. El problema es la permanencia de Maduro. Debe irse y dar paso a elecciones democráticas pues lo que está en juego es el bienestar y los derechos humanos de los venezolanos. No será cosa fácil pero tal vez se logre forzándolo a negociar (es lo último que quiere y por ello se apoya en su ejército) con mayor presión internacional. La postura neutral del gobierno mexicano es irrelevante y anacrónica (cosa rara en un régimen cuya supuesta razón de ser es “el pueblo”) y por ello los mexicanos de a pie debemos defender la democracia venezolana y no a su tirano pues, al hacerlo, aseguramos la defensa futura de nuestra propia democracia.

@RodrigoSanArce