/ jueves 25 de abril de 2019

Hablemos de Paz y No Violencia


Porque todos los niños son nuestros niños

Son terribles las escenas de violencia en las que se han visto involucradas niñas y niños mexicanos, bebés incluso. Me refiero por supuesto a las últimas masacres perpetradas por el crimen organizado: Minatitlán y Comalcalco, las cuales demuestran, entre otras cosas, que la infancia sigue siendo uno de los sectores de nuestra sociedad más vulnerables y que se encuentran en mayor riesgo.

La organización Save the children indica que los conflictos armados en el mundo arrebatan la infancia a más de 420 millones de niñas y niños que viven en países azotados por la violencia, que en muchos casos se convierten en objetivos de guerra y una tercera parte de ellos vive en zonas bélicas de alta intensidad. Son 30 millones más que los contabilizados en el año 2016, por lo que nunca ha habido tantas niñas y niños expuestos en el planeta a perder la vida en enfrentamientos armados. Por si fuera poco, las bajas de infantes son mayores a las que se producen entre combatientes: el saldo es de cinco niños asesinados por cada soldado muerto en combate, lo cual es una gran tragedia. Los diez países en que la infancia es más castigada son conocidos por sus conflictos armados: Afganistán, República Centroafricana, Irak, República Democrática del Congo, Mali, Nigeria, Somalia, Sudán del Sur, Siria y Yemen.

México, aunque no es país en que exista conflicto armado formal entre dos ejércitos, sí existe un enfrentamiento irregular entre el crimen organizado, las fuerzas armadas y las corporaciones de policía. Muchas niñas y niños deben enfrentar cotidianamente la violencia del crimen organizado, la corrupción, la impunidad, la migración y el desplazamiento de sus familias. Datos disponibles indican que si en el sexenio 2001-2006 hubo 871 homicidios de adolescentes entre 15 y 19 años, en el sexenio 2006-2012 este número se duplicó a 1743. Y si bien hubo una disminución entre 2012 y 2015, a partir de este último año crecieron de nueva cuenta los asesinatos a un promedio de casi 3 muertes de adolescentes por día.

Hace unos años la Organización de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) tuvo una campaña educativa y publicitaria que terminaba con la frase “porque todos los niños son nuestros niños”. Es hora de que todos hagamos nuestra esta frase para extender un manto de protección y seguridad a todas las niñas y niños de México. El Gobierno debe dejar de acusar al neoliberalismo, a los conservadores y a los “fifís” de todos los males del país y comenzar a responsabilizarse por la violencia que nos azota, empezando por los más pequeños y vulnerables, para que las terribles escenas de infantes heridos y muertos nunca se vuelvan a repetir. Ese sería su mejor regalo para el 30 de abril.

@RodrigoSanArce


Porque todos los niños son nuestros niños

Son terribles las escenas de violencia en las que se han visto involucradas niñas y niños mexicanos, bebés incluso. Me refiero por supuesto a las últimas masacres perpetradas por el crimen organizado: Minatitlán y Comalcalco, las cuales demuestran, entre otras cosas, que la infancia sigue siendo uno de los sectores de nuestra sociedad más vulnerables y que se encuentran en mayor riesgo.

La organización Save the children indica que los conflictos armados en el mundo arrebatan la infancia a más de 420 millones de niñas y niños que viven en países azotados por la violencia, que en muchos casos se convierten en objetivos de guerra y una tercera parte de ellos vive en zonas bélicas de alta intensidad. Son 30 millones más que los contabilizados en el año 2016, por lo que nunca ha habido tantas niñas y niños expuestos en el planeta a perder la vida en enfrentamientos armados. Por si fuera poco, las bajas de infantes son mayores a las que se producen entre combatientes: el saldo es de cinco niños asesinados por cada soldado muerto en combate, lo cual es una gran tragedia. Los diez países en que la infancia es más castigada son conocidos por sus conflictos armados: Afganistán, República Centroafricana, Irak, República Democrática del Congo, Mali, Nigeria, Somalia, Sudán del Sur, Siria y Yemen.

México, aunque no es país en que exista conflicto armado formal entre dos ejércitos, sí existe un enfrentamiento irregular entre el crimen organizado, las fuerzas armadas y las corporaciones de policía. Muchas niñas y niños deben enfrentar cotidianamente la violencia del crimen organizado, la corrupción, la impunidad, la migración y el desplazamiento de sus familias. Datos disponibles indican que si en el sexenio 2001-2006 hubo 871 homicidios de adolescentes entre 15 y 19 años, en el sexenio 2006-2012 este número se duplicó a 1743. Y si bien hubo una disminución entre 2012 y 2015, a partir de este último año crecieron de nueva cuenta los asesinatos a un promedio de casi 3 muertes de adolescentes por día.

Hace unos años la Organización de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) tuvo una campaña educativa y publicitaria que terminaba con la frase “porque todos los niños son nuestros niños”. Es hora de que todos hagamos nuestra esta frase para extender un manto de protección y seguridad a todas las niñas y niños de México. El Gobierno debe dejar de acusar al neoliberalismo, a los conservadores y a los “fifís” de todos los males del país y comenzar a responsabilizarse por la violencia que nos azota, empezando por los más pequeños y vulnerables, para que las terribles escenas de infantes heridos y muertos nunca se vuelvan a repetir. Ese sería su mejor regalo para el 30 de abril.

@RodrigoSanArce