/ jueves 9 de mayo de 2019

Hablemos de Paz y No Violencia


La “clasista” marcha opositora

Dicen que la marcha del pasado domingo en contra del presidente López Obrador ha sido la protesta más temprana al inicio de un sexenio pues se registra a solo cinco meses de que comenzó la Cuarta Transformación (4T). Alguien puede alegar que en el sexenio del presidente Peña las protestas iniciaron desde el primer día, pero yo descartaría el argumento por el hecho de que los nuevos grupos anarquistas solo hicieron desmanes y su único propósito fue desestabilizar la toma de protesta.

Lo cierto es que la del domingo fue una manifestación de conservadores, fifís, reaccionarios o integrantes de clase media y alta. Los del bando contrario, los llamados chairos, se burlan de la marcha por que no convocó a esas grandes masas que históricamente han acompañado a los movimientos y partidos de izquierda, acostumbrados a ser grupo de presión y no a gobernar.

No obstante, con independencia del número de participantes, es un error minimizar la marcha pues, en principio, demuestra el descontento de mucha gente con la 4T a pesar de los altos niveles de popularidad que aún tiene el presidente; en segundo lugar, es una protesta de quienes nunca se habían manifestado, lo que ciertamente podría indicar que han resentido la pérdida de privilegios pero, ojo, tampoco nos engañemos: entre ellos hay voces sensatas que observan que nuestro país, especialmente en materia económica, sigue un rumbo que puede desembocar en crisis; por último, la marcha acusa problemas reales como la pérdida de empleos y escasa creación de los mismos, menor inversión interna y extranjera, incertidumbre y baja fortaleza económica.

De esta forma, como ha sucedido con otros presidentes, una cosa es lo que AMLO pregona en las “mañaneras” y otra la realidad de la calle que ya nos alcanza por lo que, si alguna vez hablamos de Foxilandia, Calderonlandia y Peñalandia, ahora debemos hablar de AMLOlandia (o algo así).

Pero la marcha levantó más ámpula y hubo críticas aún más absurdas, como esa de que todos los participantes eran de “color blanco” y, por tanto, fue una marcha “clasista”. Parecería, entonces, que una persona tendría la calidad moral para protestar sí y solo sí es de piel “morena” y de clase baja, al menos de clase media baja para abajo. Ante esta frivolidad lo único que puedo decir es que allá ellos si no quieren entender que las protestas crecerán y el apoyo a la 4T disminuirá en tanto no exista una oferta de gobierno para los clasemedieros. Desde ese punto de vista si fue una marcha clasista.

Con todo lo anterior la 4T va conformando una visión miope de lo que está ocurriendo en el país, que no alcanza a ver la efervescencia y el descontento político que se están incubando y pueden tener consecuencias insospechadas.

@RodrigoSanArce


La “clasista” marcha opositora

Dicen que la marcha del pasado domingo en contra del presidente López Obrador ha sido la protesta más temprana al inicio de un sexenio pues se registra a solo cinco meses de que comenzó la Cuarta Transformación (4T). Alguien puede alegar que en el sexenio del presidente Peña las protestas iniciaron desde el primer día, pero yo descartaría el argumento por el hecho de que los nuevos grupos anarquistas solo hicieron desmanes y su único propósito fue desestabilizar la toma de protesta.

Lo cierto es que la del domingo fue una manifestación de conservadores, fifís, reaccionarios o integrantes de clase media y alta. Los del bando contrario, los llamados chairos, se burlan de la marcha por que no convocó a esas grandes masas que históricamente han acompañado a los movimientos y partidos de izquierda, acostumbrados a ser grupo de presión y no a gobernar.

No obstante, con independencia del número de participantes, es un error minimizar la marcha pues, en principio, demuestra el descontento de mucha gente con la 4T a pesar de los altos niveles de popularidad que aún tiene el presidente; en segundo lugar, es una protesta de quienes nunca se habían manifestado, lo que ciertamente podría indicar que han resentido la pérdida de privilegios pero, ojo, tampoco nos engañemos: entre ellos hay voces sensatas que observan que nuestro país, especialmente en materia económica, sigue un rumbo que puede desembocar en crisis; por último, la marcha acusa problemas reales como la pérdida de empleos y escasa creación de los mismos, menor inversión interna y extranjera, incertidumbre y baja fortaleza económica.

De esta forma, como ha sucedido con otros presidentes, una cosa es lo que AMLO pregona en las “mañaneras” y otra la realidad de la calle que ya nos alcanza por lo que, si alguna vez hablamos de Foxilandia, Calderonlandia y Peñalandia, ahora debemos hablar de AMLOlandia (o algo así).

Pero la marcha levantó más ámpula y hubo críticas aún más absurdas, como esa de que todos los participantes eran de “color blanco” y, por tanto, fue una marcha “clasista”. Parecería, entonces, que una persona tendría la calidad moral para protestar sí y solo sí es de piel “morena” y de clase baja, al menos de clase media baja para abajo. Ante esta frivolidad lo único que puedo decir es que allá ellos si no quieren entender que las protestas crecerán y el apoyo a la 4T disminuirá en tanto no exista una oferta de gobierno para los clasemedieros. Desde ese punto de vista si fue una marcha clasista.

Con todo lo anterior la 4T va conformando una visión miope de lo que está ocurriendo en el país, que no alcanza a ver la efervescencia y el descontento político que se están incubando y pueden tener consecuencias insospechadas.

@RodrigoSanArce