/ jueves 26 de septiembre de 2019

Hablemos de Paz y No Violencia / Cumbre Yucatán por la Paz


Este fin de semana se reunió en Mérida, Yucatán, la XVII Cumbre Mundial de Premios Nobel de la Paz, la cual rompió récord de asistencia pues estuvieron presentes una treintena de laureados, entre ellos Juan Manuel Santos, Shirin Ebadi, Jody Williams, Frederik de Klerk, Rigoberta Menchú y Lech Walesa; representantes de instituciones como la Cruz Roja, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y Amnistía Internacional, coordinados por la presidenta de la Cumbre, la activista Ekaterina Zegladina.

Los asistentes hicieron la declaratoria “Yucatán Estado de Paz”, primera otorgada a una entidad y no a una ciudad o país. No se equivocaron. Datos institucionales y de encuestas reflejan que en 2018 la tasa de homicidios en la Península fue de 3 por cada 100 mil habitantes (casi diez veces menos que la tasa nacional); dos terceras partes de los yucatecos se sienten seguros en su estado (48 puntos por encima del promedio nacional); y ha habido “cero impunidad” al registrarse más sentencias condenatorias que víctimas.

Por lo demás, los premios Nobel pusieron el dedo en la llaga de los problemas mundiales al hacer un diagnóstico puntual de temas como el calentamiento global y el deterioro ambiental (tema coincidente con las manifestaciones de jóvenes en todo el mundo encabezadas por la activista adolescente sueca Greta Thunberg); el lucro en la venta de armas, la persistencia de conflictos armados (sobre todo en Medio Oriente y Norte de África), la imparable carrera nuclear y el retiro de las potencias (Estados Unidos, Rusia, China) de los tratados de eliminación de armas; el deterioro de la democracia por el autoritarismo de gobernantes que se eternizan en el poder (Venezuela, Nicaragua); el auge de los nacionalismos perniciosos (Europa, Brexit, Trump); el desplazamiento de 71 millones de personas de sus casas y las migraciones forzadas; un mayor número de muertes por homicidios dolosos que por guerras (464 mil víctimas); y, de manera particular, la guerra mexicana contra el narco y sus muertos, que hace del nuestro uno de los países más violentos del mundo.

De todo ello surgió la Declaración de Mérida que pone el acento en la defensa de los derechos humanos, la responsabilidad personal con el medio ambiente, una mejor convivencia humana, la defensa de las libertades, la garantía de los derechos de las minorías, educación y justicia para todos, el desarme nuclear, y el respeto e igualdad para las diversas identidades sexuales, temas que por mucho tiempo han formado parte de las agendas de paz y no terminan de solucionarse, sobre todo por un escollo que señalaron los participantes: la nula voluntad de muchos gobiernos nacionales por comprometerse con estas causas.

rodrigo.pynv@hotmail.com; Facebook: Rodrigo Sánchez; @RodrigoSanArce


Este fin de semana se reunió en Mérida, Yucatán, la XVII Cumbre Mundial de Premios Nobel de la Paz, la cual rompió récord de asistencia pues estuvieron presentes una treintena de laureados, entre ellos Juan Manuel Santos, Shirin Ebadi, Jody Williams, Frederik de Klerk, Rigoberta Menchú y Lech Walesa; representantes de instituciones como la Cruz Roja, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y Amnistía Internacional, coordinados por la presidenta de la Cumbre, la activista Ekaterina Zegladina.

Los asistentes hicieron la declaratoria “Yucatán Estado de Paz”, primera otorgada a una entidad y no a una ciudad o país. No se equivocaron. Datos institucionales y de encuestas reflejan que en 2018 la tasa de homicidios en la Península fue de 3 por cada 100 mil habitantes (casi diez veces menos que la tasa nacional); dos terceras partes de los yucatecos se sienten seguros en su estado (48 puntos por encima del promedio nacional); y ha habido “cero impunidad” al registrarse más sentencias condenatorias que víctimas.

Por lo demás, los premios Nobel pusieron el dedo en la llaga de los problemas mundiales al hacer un diagnóstico puntual de temas como el calentamiento global y el deterioro ambiental (tema coincidente con las manifestaciones de jóvenes en todo el mundo encabezadas por la activista adolescente sueca Greta Thunberg); el lucro en la venta de armas, la persistencia de conflictos armados (sobre todo en Medio Oriente y Norte de África), la imparable carrera nuclear y el retiro de las potencias (Estados Unidos, Rusia, China) de los tratados de eliminación de armas; el deterioro de la democracia por el autoritarismo de gobernantes que se eternizan en el poder (Venezuela, Nicaragua); el auge de los nacionalismos perniciosos (Europa, Brexit, Trump); el desplazamiento de 71 millones de personas de sus casas y las migraciones forzadas; un mayor número de muertes por homicidios dolosos que por guerras (464 mil víctimas); y, de manera particular, la guerra mexicana contra el narco y sus muertos, que hace del nuestro uno de los países más violentos del mundo.

De todo ello surgió la Declaración de Mérida que pone el acento en la defensa de los derechos humanos, la responsabilidad personal con el medio ambiente, una mejor convivencia humana, la defensa de las libertades, la garantía de los derechos de las minorías, educación y justicia para todos, el desarme nuclear, y el respeto e igualdad para las diversas identidades sexuales, temas que por mucho tiempo han formado parte de las agendas de paz y no terminan de solucionarse, sobre todo por un escollo que señalaron los participantes: la nula voluntad de muchos gobiernos nacionales por comprometerse con estas causas.

rodrigo.pynv@hotmail.com; Facebook: Rodrigo Sánchez; @RodrigoSanArce