/ jueves 7 de noviembre de 2019

Hablemos de Paz y No Violencia / Éramos felices…


Y no lo sabíamos. Había cosas malas pero no estábamos tan mal. O como dice el dicho: “estábamos mejor cuando estábamos peor”. Ese es el sentimiento que todos los días percibo en redes sociales y en las calles. No es que quienes nos gobernaron antes fueran mejores, pero a pesar de ellos el país había alcanzado un grado importante de profesionalización e institucionalización.

En 1910 México se levantó en armas al grito “Sufragio efectivo, no reelección”. Luego de la revolución un presidente electo fue asesinado por reelegirse (Obregón) y algunos mandatarios (Alemán, Echeverría, Salinas) lo intentaron pero al final no se atrevieron. ¿Por qué invocar al México bronco, luego de un siglo que la reelección ha sido tabú, con algo tan absurdo como la revocación de mandato que trastoca la estabilidad del sistema electoral?

Hace 99 años que México no escuchaba hablar de golpe de Estado. La última vez fue cuando los revolucionarios sonorenses proclamaron el Plan de Aguaprieta en 1920 que culminó con el asesinato del presidente Carranza. Probablemente no queden mexicanos nacidos a principios del siglo XX que de manera clara y consciente recuerden esos hechos sangrientos. ¿Por qué resucitar con el petate del muerto la posibilidad de que haya golpes? ¿Por qué quienes disienten o son esbirros del imperio o necesariamente son golpistas?

Las benditas redes sociales han trasmutado y sofisticado aquel viejo dicho de “que roben pero que hagan cosas”, en el “antes eran corruptos pero al menos alcanzaba para estancias infantiles, medicinas, vacunas, tratamientos para cáncer, refugios para mujeres violentadas, insecticidas, presupuesto para cultura, ciencia, tecnología, educación a distancia, deporte”.

Cuando mis alumnos dicen que quieren analizar las “cortinas de humo”, mi respuesta es que ese término es difícil de definir y comprobar. Hoy me doy cuenta de mi equivocación: en todas las mañaneras se lanzan cortinas de humo para desviar la atención de los problemas que importan: recesión económica, imparable inseguridad, corrupción persistente, vulneración del estado de derecho, destrucción institucional, debilidad gubernamental e incompetencia administrativa. De todos los males, por cierto, tiene la culpa un expresidente que dejó de gobernar hace siete años. Ningún servidor público actual asume responsabilidad alguna y todos culpan al pasado.

Antes todos nos burlábamos de los presidentes y reíamos mucho. Hoy no se puede hacer burla del presidente sin riesgo de que te linchen mediáticamente. Hoy es más peligroso ser periodista y ejercer la libertad de expresión que violar las leyes y cometer delitos. Hoy la fe del gobernante ha sustituido a la razón de Estado. Hoy estamos viviendo realmente en un México muy triste.

rodrigo.pynv@hotmail.com; Facebook: Rodrigo Sánchez; Twitter: @RodrigoSanArce


Y no lo sabíamos. Había cosas malas pero no estábamos tan mal. O como dice el dicho: “estábamos mejor cuando estábamos peor”. Ese es el sentimiento que todos los días percibo en redes sociales y en las calles. No es que quienes nos gobernaron antes fueran mejores, pero a pesar de ellos el país había alcanzado un grado importante de profesionalización e institucionalización.

En 1910 México se levantó en armas al grito “Sufragio efectivo, no reelección”. Luego de la revolución un presidente electo fue asesinado por reelegirse (Obregón) y algunos mandatarios (Alemán, Echeverría, Salinas) lo intentaron pero al final no se atrevieron. ¿Por qué invocar al México bronco, luego de un siglo que la reelección ha sido tabú, con algo tan absurdo como la revocación de mandato que trastoca la estabilidad del sistema electoral?

Hace 99 años que México no escuchaba hablar de golpe de Estado. La última vez fue cuando los revolucionarios sonorenses proclamaron el Plan de Aguaprieta en 1920 que culminó con el asesinato del presidente Carranza. Probablemente no queden mexicanos nacidos a principios del siglo XX que de manera clara y consciente recuerden esos hechos sangrientos. ¿Por qué resucitar con el petate del muerto la posibilidad de que haya golpes? ¿Por qué quienes disienten o son esbirros del imperio o necesariamente son golpistas?

Las benditas redes sociales han trasmutado y sofisticado aquel viejo dicho de “que roben pero que hagan cosas”, en el “antes eran corruptos pero al menos alcanzaba para estancias infantiles, medicinas, vacunas, tratamientos para cáncer, refugios para mujeres violentadas, insecticidas, presupuesto para cultura, ciencia, tecnología, educación a distancia, deporte”.

Cuando mis alumnos dicen que quieren analizar las “cortinas de humo”, mi respuesta es que ese término es difícil de definir y comprobar. Hoy me doy cuenta de mi equivocación: en todas las mañaneras se lanzan cortinas de humo para desviar la atención de los problemas que importan: recesión económica, imparable inseguridad, corrupción persistente, vulneración del estado de derecho, destrucción institucional, debilidad gubernamental e incompetencia administrativa. De todos los males, por cierto, tiene la culpa un expresidente que dejó de gobernar hace siete años. Ningún servidor público actual asume responsabilidad alguna y todos culpan al pasado.

Antes todos nos burlábamos de los presidentes y reíamos mucho. Hoy no se puede hacer burla del presidente sin riesgo de que te linchen mediáticamente. Hoy es más peligroso ser periodista y ejercer la libertad de expresión que violar las leyes y cometer delitos. Hoy la fe del gobernante ha sustituido a la razón de Estado. Hoy estamos viviendo realmente en un México muy triste.

rodrigo.pynv@hotmail.com; Facebook: Rodrigo Sánchez; Twitter: @RodrigoSanArce