/ jueves 18 de julio de 2019

Hablemos de Paz y No Violencia | Extraña resurrección juarista


Benito Juárez está más vivo que nunca. Hoy se conmemoran 147 años de su muerte. Luego de este acontecimiento todos los gobernantes le han rendido algún tipo de culto. Porfirio Díaz develó su estatua dentro de Palacio Nacional en 1890 y en 1910 inauguró el Hemiciclo en la Alameda Central. En1941, en Toluca se inauguró otro Hemiciclo en el Jardín Reforma. En1972 hubo homenaje nacional por el centenario de su muerte. A partir de allí los presidentes, en mayor o menor medida siguieron homenajéandolo, aunque también fueron perdiendo el fervor juarista, hasta que en 2006, Vicente Fox prácticamente ignoró el bicentenario de su natalicio.

Hoy, con la Cuarta Transformación (4T)resurge con fuerza el juarismo, pero de forma extraña. He dicho que quién sabe qué pensaría el Benemérito sobre el acercamiento que el gobierno tiene con los evangélicos, a los que incluso les pide colaboración. Ciertamente las Leyes de Reforma y la Constitución del 57 no pretendieron suprimir los cultos, como si lo intentaron los revolucionarios que hicieron la Constitución de 1917. La del 57 y las leyes juaristas separaron los asuntos terrenales de los celestiales, es decir al Estado y las iglesias.

Juárez tiene todos los merecimientos para tener el sitio principal en el panteón de héroes nacionales, para considerarle el mejor presidente de la historia. Pero definitivamente no fue transformacionista ni demócrata. No tuvo como fin hacer una transformación, dado que cuando inició su mandato, el país estaba en guerra y de hecho lo estuvo durante diez de los 14años que gobernó. En todo caso intentó reconstruir el país y comenzar a forjar una cultura de respeto a la ley. De democracia, ni hablar: en 1861 se reeligió y en 1865 extendió su mandato por el estado de guerra, a pesar de los reclamos de antiguos adeptos liberales. En 1867 se reeligió. Hasta ahí todo bien, pero hizo lo mismo en 1871 y en esta última reelección provocó una revolución:la de La Noria porfirista. Sólo la muerte el 18 de julio de 1872 le impidió seguir reeligiéndose, por ello hay que corregir la letra del vals: “Porque si Juárez no hubiera muerto… ¡Seguiría siendo presidente!”

Ya una vez el régimen posrevolucionario priista se apropió de la figura de Juárez para amoldarla a su interés y la historia que surgió fue la que muchos aprendimos. Hace décadas se comenzó a revisar su biografía desde un punto de vista más objetivo. Hoy la 4T intenta hacer lo mismo que el viejo régimen priista: apropiarse de Juárez desde la historia de bronce. Por fortuna tenemos estudios hechos por historiadores serios sin la pasión del nacionalismo revolucionario. Leámoslos y conozcamos al Juárez de carne y hueso, no al de bronce. Y leámoslos antes de que los quemen.


Benito Juárez está más vivo que nunca. Hoy se conmemoran 147 años de su muerte. Luego de este acontecimiento todos los gobernantes le han rendido algún tipo de culto. Porfirio Díaz develó su estatua dentro de Palacio Nacional en 1890 y en 1910 inauguró el Hemiciclo en la Alameda Central. En1941, en Toluca se inauguró otro Hemiciclo en el Jardín Reforma. En1972 hubo homenaje nacional por el centenario de su muerte. A partir de allí los presidentes, en mayor o menor medida siguieron homenajéandolo, aunque también fueron perdiendo el fervor juarista, hasta que en 2006, Vicente Fox prácticamente ignoró el bicentenario de su natalicio.

Hoy, con la Cuarta Transformación (4T)resurge con fuerza el juarismo, pero de forma extraña. He dicho que quién sabe qué pensaría el Benemérito sobre el acercamiento que el gobierno tiene con los evangélicos, a los que incluso les pide colaboración. Ciertamente las Leyes de Reforma y la Constitución del 57 no pretendieron suprimir los cultos, como si lo intentaron los revolucionarios que hicieron la Constitución de 1917. La del 57 y las leyes juaristas separaron los asuntos terrenales de los celestiales, es decir al Estado y las iglesias.

Juárez tiene todos los merecimientos para tener el sitio principal en el panteón de héroes nacionales, para considerarle el mejor presidente de la historia. Pero definitivamente no fue transformacionista ni demócrata. No tuvo como fin hacer una transformación, dado que cuando inició su mandato, el país estaba en guerra y de hecho lo estuvo durante diez de los 14años que gobernó. En todo caso intentó reconstruir el país y comenzar a forjar una cultura de respeto a la ley. De democracia, ni hablar: en 1861 se reeligió y en 1865 extendió su mandato por el estado de guerra, a pesar de los reclamos de antiguos adeptos liberales. En 1867 se reeligió. Hasta ahí todo bien, pero hizo lo mismo en 1871 y en esta última reelección provocó una revolución:la de La Noria porfirista. Sólo la muerte el 18 de julio de 1872 le impidió seguir reeligiéndose, por ello hay que corregir la letra del vals: “Porque si Juárez no hubiera muerto… ¡Seguiría siendo presidente!”

Ya una vez el régimen posrevolucionario priista se apropió de la figura de Juárez para amoldarla a su interés y la historia que surgió fue la que muchos aprendimos. Hace décadas se comenzó a revisar su biografía desde un punto de vista más objetivo. Hoy la 4T intenta hacer lo mismo que el viejo régimen priista: apropiarse de Juárez desde la historia de bronce. Por fortuna tenemos estudios hechos por historiadores serios sin la pasión del nacionalismo revolucionario. Leámoslos y conozcamos al Juárez de carne y hueso, no al de bronce. Y leámoslos antes de que los quemen.