/ jueves 31 de octubre de 2019

Hablemos de Paz y No Violencia | Latinoamérica convulsa

Muchos no lo ven y quieren creer que las convulsiones en América Latina se tratan de un eterno enfrentamiento entre capitalismo y socialismo, entre burgueses y proletarios, como en la Guerra Fría, pero se equivocan: el denominador común de las manifestaciones observadas en nuestro continente es la vulneración de derechos humanos por parte de los gobiernos, sean de izquierda o derecha, populistas o demócratas, neoliberales o socialistas, republicanos o dictatoriales.

Sin embargo, la Guerra Fría sirve aún como asidero ideológico que nubla la razón e impide llevar a cabo análisis objetivos. Se equipara de manera simplista a Bolsonaro (Brasil), Piñera (Chile), Duque (Colombia), Moreno (Ecuador) y Macri (Argentina) con militares golpistas de los 70 y se les tacha de “neoliberales”, y cada vez que Morales (Bolivia), Maduro (Venezuela) y Ortega (Nicaragua) tienen manifestaciones en sus países, acusan al imperialismo norteamericano de golpista y de pretender desestabilizar la región, mientras que sus detractores simplemente los llaman tiranos y dictadores.

Y sin embargo, en esos países, a los que debemos sumar Haití, Puerto Rico y Cuba, hay un denominador común que es la represión a las manifestaciones, acompañada de una criminalización de las protestas; lo peor es que hay una tendencia a la militarización de las democracias y autocracias del continente.

Un término que caracteriza bien la situación en Latinoamérica es el de “doble moral”. Por ejemplo, el brasileño Bolsonaro dice que el triunfo de Fernández convertirá a Argentina en la nueva Venezuela, mientras que en su país violenta derechos de minorías como el colectivo LGBT; el nicaragüense Ortega lideró en su país una revolución popular, pero cuando su pueblo le exige derechos lo reprime; y demasiados opinantes, incluyendo mexicanos, son capaces de ver las atrocidades recientes del chileno Piñera, pero incapaces de mirar las atrocidades cometidas por Maduro en Venezuela o por Evo en Bolivia.

Si la gente se le manifiesta a Evo a pesar de que a muchos los sacó de pobres, es porque se ha convertido en dictador y reprime sus libertades políticas; si la gente se le manifiesta a Piñera, a pesar de que Chile ha tenido gran crecimiento económico, es porque imperan las desigualdades y la falta de oportunidades para los jóvenes (esto último, por cierto, sucede en todo el mundo).

América Latina requiere una nueva vía, más parecida a la socialdemocracia que a lo que existe ahora, para dejar atrás esos neopopulismos que en unos casos reducen las desigualdades a costa de destruir las economías nacionales, en otros priorizan las ganancias de las clases ricas y se olvidan de los pobres, y en todos los casos coartan derechos y libertades de las personas.

rodrigo.pynv@hotmail.com; Facebook: Rodrigo Sánchez; Twitter: RodrigoSanArce

Muchos no lo ven y quieren creer que las convulsiones en América Latina se tratan de un eterno enfrentamiento entre capitalismo y socialismo, entre burgueses y proletarios, como en la Guerra Fría, pero se equivocan: el denominador común de las manifestaciones observadas en nuestro continente es la vulneración de derechos humanos por parte de los gobiernos, sean de izquierda o derecha, populistas o demócratas, neoliberales o socialistas, republicanos o dictatoriales.

Sin embargo, la Guerra Fría sirve aún como asidero ideológico que nubla la razón e impide llevar a cabo análisis objetivos. Se equipara de manera simplista a Bolsonaro (Brasil), Piñera (Chile), Duque (Colombia), Moreno (Ecuador) y Macri (Argentina) con militares golpistas de los 70 y se les tacha de “neoliberales”, y cada vez que Morales (Bolivia), Maduro (Venezuela) y Ortega (Nicaragua) tienen manifestaciones en sus países, acusan al imperialismo norteamericano de golpista y de pretender desestabilizar la región, mientras que sus detractores simplemente los llaman tiranos y dictadores.

Y sin embargo, en esos países, a los que debemos sumar Haití, Puerto Rico y Cuba, hay un denominador común que es la represión a las manifestaciones, acompañada de una criminalización de las protestas; lo peor es que hay una tendencia a la militarización de las democracias y autocracias del continente.

Un término que caracteriza bien la situación en Latinoamérica es el de “doble moral”. Por ejemplo, el brasileño Bolsonaro dice que el triunfo de Fernández convertirá a Argentina en la nueva Venezuela, mientras que en su país violenta derechos de minorías como el colectivo LGBT; el nicaragüense Ortega lideró en su país una revolución popular, pero cuando su pueblo le exige derechos lo reprime; y demasiados opinantes, incluyendo mexicanos, son capaces de ver las atrocidades recientes del chileno Piñera, pero incapaces de mirar las atrocidades cometidas por Maduro en Venezuela o por Evo en Bolivia.

Si la gente se le manifiesta a Evo a pesar de que a muchos los sacó de pobres, es porque se ha convertido en dictador y reprime sus libertades políticas; si la gente se le manifiesta a Piñera, a pesar de que Chile ha tenido gran crecimiento económico, es porque imperan las desigualdades y la falta de oportunidades para los jóvenes (esto último, por cierto, sucede en todo el mundo).

América Latina requiere una nueva vía, más parecida a la socialdemocracia que a lo que existe ahora, para dejar atrás esos neopopulismos que en unos casos reducen las desigualdades a costa de destruir las economías nacionales, en otros priorizan las ganancias de las clases ricas y se olvidan de los pobres, y en todos los casos coartan derechos y libertades de las personas.

rodrigo.pynv@hotmail.com; Facebook: Rodrigo Sánchez; Twitter: RodrigoSanArce