/ jueves 19 de septiembre de 2019

Hablemos de Paz y No Violencia / Resonancias del "grito"


Ya estamos viendo que este será un sexenio “histórico”. No me refiero al papel que la posteridad le asignará, sino al hecho de que la historia será un elemento fundamental en la estrategia del gobierno. Ahora la 4T puede acusar al régimen anterior de olvidarse de la historia y contar su propia versión a través de aquellos historiadores militantes que le son fieles y que anteriormente se sentían relegados (Pedro Salmerón, Paco Taibo II, Lorenzo Meyer). La ceremonia del Grito de Independencia es un buen ejemplo.

La 4T anunció que el festejo se realizaría “como nunca antes” y en cierta forma lo fue. No pienso en aquellos simpatizantes que esgrimen el argumento de que por primera vez en la historia el pueblo asistió al zócalo feliz, libre y consciente. Ello es absurdo. Insisto: los mexicanos llevamos 207 años festejando el grito, independientemente de quién se encuentre gobernando.

Pienso más bien en que esta ocasión fue diferente porque hubo eventos oficiales previos cargados de ideología, como el Festival de las Culturas en el Zócalo con la participación de delegaciones artísticas de las 32 entidades; o los programas transmitidos en medios públicos como la “Historia del grito”, que exalta hasta la saciedad el apoyo de las masas explotadas e indígenas a la insurgencia y resalta el rompimiento de estructuras que significó la independencia. Con todo ello la 4T intenta mostrar que su movimiento es inclusivo y de alcance nacional al dar cabida a los estados en el grito, así como justificar bajo su propia visión que, al igual que el movimiento de Independencia, el suyo es un movimiento rupturista del pasado y apoyado en las masas populares.

Pero todo eso era previsible y no debe sorprender, será la tónica del sexenio. La verdadera sorpresa la dio el propio presidente con el grito. Cuando todos pensábamos que sería un grito completamente ideologizado y sectario, no lo fue. Resultó un grito a la altura de un Jefe de Estado, el más incluyente por los símbolos que manejó en 20 “vivas”: la equidad de género (mexicanas, mexicanos; Leona Vicario; madres y padres de nuestra patria), lo popular reivindicado (héroes anónimos, heroico pueblo, comunidades indígenas, grandeza cultural) y los valores que todos apreciamos (libertad, justicia, paz, soberanía, democracia). Lo más polémico fue eso de “Viva la fraternidad universal” que, más que sonar a tercer elemento del lema de la revolución francesa o algo científico, sonó como algo religioso o esotérico.

El problema es que luego de ese grito que parecía apelar a la reconciliación y a la unidad, al otro día volvimos a la triste realidad y a la ficción de la historia reducida a un enfrentamiento entre el “pueblo bueno” y sus opositores moralmente derrotados.

rodrigo.pynv@hotmail.com; Facebook: Rodrigo Sánchez; Twitter: @RodrigoSanArce


Ya estamos viendo que este será un sexenio “histórico”. No me refiero al papel que la posteridad le asignará, sino al hecho de que la historia será un elemento fundamental en la estrategia del gobierno. Ahora la 4T puede acusar al régimen anterior de olvidarse de la historia y contar su propia versión a través de aquellos historiadores militantes que le son fieles y que anteriormente se sentían relegados (Pedro Salmerón, Paco Taibo II, Lorenzo Meyer). La ceremonia del Grito de Independencia es un buen ejemplo.

La 4T anunció que el festejo se realizaría “como nunca antes” y en cierta forma lo fue. No pienso en aquellos simpatizantes que esgrimen el argumento de que por primera vez en la historia el pueblo asistió al zócalo feliz, libre y consciente. Ello es absurdo. Insisto: los mexicanos llevamos 207 años festejando el grito, independientemente de quién se encuentre gobernando.

Pienso más bien en que esta ocasión fue diferente porque hubo eventos oficiales previos cargados de ideología, como el Festival de las Culturas en el Zócalo con la participación de delegaciones artísticas de las 32 entidades; o los programas transmitidos en medios públicos como la “Historia del grito”, que exalta hasta la saciedad el apoyo de las masas explotadas e indígenas a la insurgencia y resalta el rompimiento de estructuras que significó la independencia. Con todo ello la 4T intenta mostrar que su movimiento es inclusivo y de alcance nacional al dar cabida a los estados en el grito, así como justificar bajo su propia visión que, al igual que el movimiento de Independencia, el suyo es un movimiento rupturista del pasado y apoyado en las masas populares.

Pero todo eso era previsible y no debe sorprender, será la tónica del sexenio. La verdadera sorpresa la dio el propio presidente con el grito. Cuando todos pensábamos que sería un grito completamente ideologizado y sectario, no lo fue. Resultó un grito a la altura de un Jefe de Estado, el más incluyente por los símbolos que manejó en 20 “vivas”: la equidad de género (mexicanas, mexicanos; Leona Vicario; madres y padres de nuestra patria), lo popular reivindicado (héroes anónimos, heroico pueblo, comunidades indígenas, grandeza cultural) y los valores que todos apreciamos (libertad, justicia, paz, soberanía, democracia). Lo más polémico fue eso de “Viva la fraternidad universal” que, más que sonar a tercer elemento del lema de la revolución francesa o algo científico, sonó como algo religioso o esotérico.

El problema es que luego de ese grito que parecía apelar a la reconciliación y a la unidad, al otro día volvimos a la triste realidad y a la ficción de la historia reducida a un enfrentamiento entre el “pueblo bueno” y sus opositores moralmente derrotados.

rodrigo.pynv@hotmail.com; Facebook: Rodrigo Sánchez; Twitter: @RodrigoSanArce