/ jueves 15 de agosto de 2019

Hablemos de Paz y No Violencia / Un embajador emérito toluqueño


Ahora que las antiguas y nuevas potencias nucleares (Estados Unidos, Rusia, China) están abandonando las iniciativas de desarme nuclear y freno a la expansión militar firmadas hace décadas, vale la pena recordar que en 1982 un mexicano, Alfonso García Robles, ganó el Premio Nobel de la Paz por sus esfuerzos encaminados a la creación de un acuerdo para la proscripción de armas nucleares en América Latina y el Caribe, primera zona habitada del mundo que tuvo dicho instrumento en 1967 y que fue llamado Tratado de Tlatelolco.

Detrás de las negociaciones del tratado y apoyando de manera incansable el esfuerzo de García Robles estuvo un diplomático oriundo de la capital mexiquense, el hoy embajador emérito Sergio González Gálvez. Nació el 11 de julio de 1934 en Toluca, ingresó al Servicio Exterior Mexicano en 1960. En 1975 fue nombrado embajador, en 1987 embajador eminente y en 1998 emérito. Dentro de la Secretaría de Relaciones Exteriores ha ocupado varios cargos y se ha desempeñado como embajador en Japón, la República de Corea y Vietnam. También ha sido profesor en distintas universidades, entre ellas nuestra alma máter, y en 2013 fue nombrado titular de la Unidad de Asuntos Internacionales y Ciudades Hermanas del Ayuntamiento de Toluca.

De acuerdo al Artículo 25 de la Ley del Servicio Exterior, el presidente de México puede reconocer la dignidad de “embajador emérito” como culminación de una destacada actuación en política exterior. Los candidatos deben cubrir requisitos como ser embajadores y haberse dedicado a la diplomacia por 25 años. En ningún caso puede haber más de cinco eméritos, actualmente lo son Patricia Espinosa, Sandra Fuentes-Berain, Carlos Alberto de Icaza, Bernardo Sepúlveda Amor y el más antiguo de todos, González Gálvez desde 1998.

En días pasados se presentó en el aula magna de la universidad un libro de su autoría: Diplomacia e interés nacional. Una experiencia personal (Porrúa, 2018) con prólogo del exgobernador Ignacio Pichardo Pagaza, en el que lleva a cabo una profunda reflexión sobre las experiencias familiares y profesionales que influyeron en su formación diplomática, de igual forma plasma su visión sobre el contexto de la política exterior mexicana, el derecho internacional, el desarme y la soberanía nacional. Dicho evento contó con comentaristas de lujo como la senadora Beatriz Paredes (exembajadora en Brasil), el embajador Luis Ortiz Monasterio (exembajador en Irán y el Medio Oriente) y el notario Isidro Muñoz Rivera.

Fue un evento importante porque a partir de él diversos actores políticos de Toluca reconocen en el embajador a un hombre destacado de la ciudad y, lo más importante, podemos conocer su obra que ha contribuido a la paz mundial.

@RodrigoSanArce


Ahora que las antiguas y nuevas potencias nucleares (Estados Unidos, Rusia, China) están abandonando las iniciativas de desarme nuclear y freno a la expansión militar firmadas hace décadas, vale la pena recordar que en 1982 un mexicano, Alfonso García Robles, ganó el Premio Nobel de la Paz por sus esfuerzos encaminados a la creación de un acuerdo para la proscripción de armas nucleares en América Latina y el Caribe, primera zona habitada del mundo que tuvo dicho instrumento en 1967 y que fue llamado Tratado de Tlatelolco.

Detrás de las negociaciones del tratado y apoyando de manera incansable el esfuerzo de García Robles estuvo un diplomático oriundo de la capital mexiquense, el hoy embajador emérito Sergio González Gálvez. Nació el 11 de julio de 1934 en Toluca, ingresó al Servicio Exterior Mexicano en 1960. En 1975 fue nombrado embajador, en 1987 embajador eminente y en 1998 emérito. Dentro de la Secretaría de Relaciones Exteriores ha ocupado varios cargos y se ha desempeñado como embajador en Japón, la República de Corea y Vietnam. También ha sido profesor en distintas universidades, entre ellas nuestra alma máter, y en 2013 fue nombrado titular de la Unidad de Asuntos Internacionales y Ciudades Hermanas del Ayuntamiento de Toluca.

De acuerdo al Artículo 25 de la Ley del Servicio Exterior, el presidente de México puede reconocer la dignidad de “embajador emérito” como culminación de una destacada actuación en política exterior. Los candidatos deben cubrir requisitos como ser embajadores y haberse dedicado a la diplomacia por 25 años. En ningún caso puede haber más de cinco eméritos, actualmente lo son Patricia Espinosa, Sandra Fuentes-Berain, Carlos Alberto de Icaza, Bernardo Sepúlveda Amor y el más antiguo de todos, González Gálvez desde 1998.

En días pasados se presentó en el aula magna de la universidad un libro de su autoría: Diplomacia e interés nacional. Una experiencia personal (Porrúa, 2018) con prólogo del exgobernador Ignacio Pichardo Pagaza, en el que lleva a cabo una profunda reflexión sobre las experiencias familiares y profesionales que influyeron en su formación diplomática, de igual forma plasma su visión sobre el contexto de la política exterior mexicana, el derecho internacional, el desarme y la soberanía nacional. Dicho evento contó con comentaristas de lujo como la senadora Beatriz Paredes (exembajadora en Brasil), el embajador Luis Ortiz Monasterio (exembajador en Irán y el Medio Oriente) y el notario Isidro Muñoz Rivera.

Fue un evento importante porque a partir de él diversos actores políticos de Toluca reconocen en el embajador a un hombre destacado de la ciudad y, lo más importante, podemos conocer su obra que ha contribuido a la paz mundial.

@RodrigoSanArce