/ jueves 7 de diciembre de 2017

Imagogenia

 

Cómo lo mencioné en alguna otra ocasión, el transporte público tiene una imagen deplorable, es muy inseguro y está en total desorden, lo que se suma a la percepción de que éste opera bajo intereses políticos y no sociales, como debería ser. Sin embargo, había un poco de esperanza para la movilidad con la puesta en marcha del Tren Interurbano México-Toluca, sobre todo por las muchas cualidades que presentaba para todos aquellos que se trasladan diariamente a la Ciudad de México y de regreso, por algo será el más rápido de América Latina y el primero en el continente en usar tecnología europea y que además se supone cuenta con cualidades como rapidez, eficiencia y seguridad.

Y aquí es donde entra la parte preocupante, la seguridad que de momento no han logrado satisfacer y qué mejor ejemplo que el acto de vandalismo suscitado el día lunes, pues uno de los vagones del tren que se mantienen en resguardo en la estación de Zinacantepec amaneció grafiteado por ambos lados.

Se entiende que no podemos culpar del todo al gobierno o a la constructora del Tramo 4 -el Consorcio Ferrocarril Interurbano S.A. de C.V.- por la falta de elementos para vigilar los vagones, que si bien cargan con su culpa al no contar con los elementos necesarios en las estaciones para vigilar las condiciones de toda la estructura –porque en efecto hay columnas y ballenas grafiteadas, además del vagón- también como sociedad tenemos responsabilidad sobre este incidente, que además en materia de movilidad no es algo nuevo; cuántas unidades de transporte no hemos visto con grafitis por fuera, tapices rajados con cúter o ventanas rayadas con marcador permanente y que siendo honestos no es culpa del chofer, del líder transportista o de la Secretaría de Movilidad.

Así, tras estos actos de vandalismo, la empresa constructora levantará una denuncia ante la Agencia del Ministerio Público y aunque según ésta, las afectaciones materiales hayan sido superficiales, el daño en cuanto a la percepción que se tiene del Tren –recordemos que ya hubo otros incidentes en el proceso como la caída de dos estructuras de concreto o el castillo de varillas que se dobló- y la responsabilidad de la empresa sobre el “producto” final que entregarán a la Secretaría de Comunicaciones y Transportes sigue perdiendo valor, y es que ¿Quién desearía hacer uso de un transporte que, ante el ojo crítico social, no se percibe seguro tanto en el sentido de delincuencia y como en el de estructura?

Con este incidente, la labor del gobierno federal se multiplica para promover el uso del Tren Interurbano con sus cualidades más allá de las fallas que pueda presentar antes de la entrega, porque además ésta es una de las obras más importantes para la administración del presidente Enrique Peña Nieto –con la cual pretende “apuntalar” su ya desgastada imagen- cuyo avance era del 50% hasta el primer semestre de este año y que se supone debe concluirse para el primer semestre del 2018, por algo ha aumentado su costo en más del 40%.

Sin embargo, de momento las acciones emprendidas por el gobierno federal sólo consideran el reforzamiento de las labores de vigilancia y la solicitud de apoyo de las autoridades municipales para salvaguardar los trenes, claro ésta es una acción temporal hasta la entrega, por lo que la pregunta es ¿Qué pasará después? ¿El usuario estará seguro? ¿Qué sistema de vigilancia implementarán para salvaguardar al usuario y las instalaciones del tren en general? ¿Existe algún plan de seguridad para el tren? Recordemos que la imagen de inseguridad podría tirar la buena obra de cualquier administración sin importar el tipo o el nivel.

 

Twitter: @Mar_Naa

 

Cómo lo mencioné en alguna otra ocasión, el transporte público tiene una imagen deplorable, es muy inseguro y está en total desorden, lo que se suma a la percepción de que éste opera bajo intereses políticos y no sociales, como debería ser. Sin embargo, había un poco de esperanza para la movilidad con la puesta en marcha del Tren Interurbano México-Toluca, sobre todo por las muchas cualidades que presentaba para todos aquellos que se trasladan diariamente a la Ciudad de México y de regreso, por algo será el más rápido de América Latina y el primero en el continente en usar tecnología europea y que además se supone cuenta con cualidades como rapidez, eficiencia y seguridad.

Y aquí es donde entra la parte preocupante, la seguridad que de momento no han logrado satisfacer y qué mejor ejemplo que el acto de vandalismo suscitado el día lunes, pues uno de los vagones del tren que se mantienen en resguardo en la estación de Zinacantepec amaneció grafiteado por ambos lados.

Se entiende que no podemos culpar del todo al gobierno o a la constructora del Tramo 4 -el Consorcio Ferrocarril Interurbano S.A. de C.V.- por la falta de elementos para vigilar los vagones, que si bien cargan con su culpa al no contar con los elementos necesarios en las estaciones para vigilar las condiciones de toda la estructura –porque en efecto hay columnas y ballenas grafiteadas, además del vagón- también como sociedad tenemos responsabilidad sobre este incidente, que además en materia de movilidad no es algo nuevo; cuántas unidades de transporte no hemos visto con grafitis por fuera, tapices rajados con cúter o ventanas rayadas con marcador permanente y que siendo honestos no es culpa del chofer, del líder transportista o de la Secretaría de Movilidad.

Así, tras estos actos de vandalismo, la empresa constructora levantará una denuncia ante la Agencia del Ministerio Público y aunque según ésta, las afectaciones materiales hayan sido superficiales, el daño en cuanto a la percepción que se tiene del Tren –recordemos que ya hubo otros incidentes en el proceso como la caída de dos estructuras de concreto o el castillo de varillas que se dobló- y la responsabilidad de la empresa sobre el “producto” final que entregarán a la Secretaría de Comunicaciones y Transportes sigue perdiendo valor, y es que ¿Quién desearía hacer uso de un transporte que, ante el ojo crítico social, no se percibe seguro tanto en el sentido de delincuencia y como en el de estructura?

Con este incidente, la labor del gobierno federal se multiplica para promover el uso del Tren Interurbano con sus cualidades más allá de las fallas que pueda presentar antes de la entrega, porque además ésta es una de las obras más importantes para la administración del presidente Enrique Peña Nieto –con la cual pretende “apuntalar” su ya desgastada imagen- cuyo avance era del 50% hasta el primer semestre de este año y que se supone debe concluirse para el primer semestre del 2018, por algo ha aumentado su costo en más del 40%.

Sin embargo, de momento las acciones emprendidas por el gobierno federal sólo consideran el reforzamiento de las labores de vigilancia y la solicitud de apoyo de las autoridades municipales para salvaguardar los trenes, claro ésta es una acción temporal hasta la entrega, por lo que la pregunta es ¿Qué pasará después? ¿El usuario estará seguro? ¿Qué sistema de vigilancia implementarán para salvaguardar al usuario y las instalaciones del tren en general? ¿Existe algún plan de seguridad para el tren? Recordemos que la imagen de inseguridad podría tirar la buena obra de cualquier administración sin importar el tipo o el nivel.

 

Twitter: @Mar_Naa

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