/ jueves 14 de diciembre de 2017

Imagogenia

Finalmente tenemos un panorama mucho más claro de cómo estarán las próximas elecciones y aunque los candidatos siguen siendo muchos, todo parece indicar que algunos no llegarán a la recta final. Mientras tanto, los que parecen ser las fichas seguras de sus partidos son: José Antonio Meade, que va con la coalición PRI, PVEM y Nueva Alianza; con Morena va AMLO, quien al parecer se la rifará por tercera ocasión; y finalmente Ricardo Anaya como candidato con la coalición PAN, PRD y Movimiento Ciudadano llamada Por México al Frente (antes Frente Ciudadano).

Empecemos por Meade, que representa a ese candidato sin partido que bien podría ser independiente pero que no lo es –vamos, cuenta con la mega estructura del PRI-, se le percibe como una fuerza que unifica al PAN y al PRI –porque trabajó institucionalmente con ambos, aunque sólo es cuestión de percepción no significa que sea una realidad-; es un personaje que sus estudios hablan por sí solos –aunque esto no sea sinónimo de estrategia y capacidad, mínimo dan la esperanza de un cambio al panorama actual-, y todo parece indicar que podría ser “la cara” que necesita el PRI para no perder el poder de la presidencia. Claro está, don Meade aún tiene muchas pruebas que superar, golpes a su imagen y todo un proceso electoral que podrían poner en entre dicho la capacidad del personaje de actuar estratégicamente bajo presión.

Ricardo Anaya cuenta con una gran estructura política también, pues no es poco decir que tiene el respaldo de dos partidos –aunque un poco golpeados en los últimos años y con varias crisis de imagen sin resolver- de los cuales uno ya estuvo 12 años en el poder; y aunque uno sea de derecha y otro de izquierda, la realidad es que se están presentando como una opción de centro para el electorado, ambos midiendo y mediando sus ideologías. Queda claro que en este caso el electorado no votaría por un candidato sino por un conjunto de partidos que representan una imagen diferente a la que estamos viviendo actualmente, digamos que sería un voto de castigo. Por su parte, Anaya tiene mucho que trabajar en su espectro perceptual, se le percibe como un junior más de la política –de esos que están de moda en el Estado de México y bueno, en otras entidades también- y poco se habla de su trayectoria y sus estudios que siendo honestos son muy vastos para sus escasos 38 años; éste debería de presentar una imagen mucho más sencilla con un discurso mucho menos elevado y agresivo, y buscar vender sus atributos de estratega político.

Del tercero en discordia, nada nuevo que decir. Andrés Manuel puede ser un representante digno de la izquierda, pero no de esa izquierda que buscan los nuevos votantes, AMLO es su imagen desgastada. Sin embargo, con imagen en crisis o no, el eterno candidato de momento lleva las de ganar y es el personaje a vencer por parte del PRI ¿Cómo lo ha logrado después de tantos años? La realidad es que de una u otra manera, AMLO siempre ha estado presente, cuando tiene algo que decir todos los medios lo replican –sí, esos medios que deben de ser aliados de cualquier candidato, político o institución porque al final del día son el intermediario del mensaje a la ciudadanía-; habla en un lenguaje peculiar pero que todos entienden, no complica sus discursos aunque estos sean muy largos y siempre hace mención de aquello con lo que su audiencia puede identificarse. A diferencia de muchos políticos mexicanos, AMLO es un estratega populista.

Al final del día hay que recordar algo muy importante, no importa quien tenga la mejor imagen, el mejor discurso, las mejores propuestas, quien juegue limpio o quien se ensucie las manos; como un buen amigo me dijo “las elecciones como el fútbol, gana el que mete más goles no el que juega mejor” y creo que no existe mejor analogía que esa para entender que a pesar de la crisis de imagen de los partidos y de sus políticos, de los resultados de las encuestas previas y de las muchas especulaciones la última palabra la tiene usted en las urnas, porque ahí es donde se ganan las elecciones.

 

Twitter: @Mar_Naa

Finalmente tenemos un panorama mucho más claro de cómo estarán las próximas elecciones y aunque los candidatos siguen siendo muchos, todo parece indicar que algunos no llegarán a la recta final. Mientras tanto, los que parecen ser las fichas seguras de sus partidos son: José Antonio Meade, que va con la coalición PRI, PVEM y Nueva Alianza; con Morena va AMLO, quien al parecer se la rifará por tercera ocasión; y finalmente Ricardo Anaya como candidato con la coalición PAN, PRD y Movimiento Ciudadano llamada Por México al Frente (antes Frente Ciudadano).

Empecemos por Meade, que representa a ese candidato sin partido que bien podría ser independiente pero que no lo es –vamos, cuenta con la mega estructura del PRI-, se le percibe como una fuerza que unifica al PAN y al PRI –porque trabajó institucionalmente con ambos, aunque sólo es cuestión de percepción no significa que sea una realidad-; es un personaje que sus estudios hablan por sí solos –aunque esto no sea sinónimo de estrategia y capacidad, mínimo dan la esperanza de un cambio al panorama actual-, y todo parece indicar que podría ser “la cara” que necesita el PRI para no perder el poder de la presidencia. Claro está, don Meade aún tiene muchas pruebas que superar, golpes a su imagen y todo un proceso electoral que podrían poner en entre dicho la capacidad del personaje de actuar estratégicamente bajo presión.

Ricardo Anaya cuenta con una gran estructura política también, pues no es poco decir que tiene el respaldo de dos partidos –aunque un poco golpeados en los últimos años y con varias crisis de imagen sin resolver- de los cuales uno ya estuvo 12 años en el poder; y aunque uno sea de derecha y otro de izquierda, la realidad es que se están presentando como una opción de centro para el electorado, ambos midiendo y mediando sus ideologías. Queda claro que en este caso el electorado no votaría por un candidato sino por un conjunto de partidos que representan una imagen diferente a la que estamos viviendo actualmente, digamos que sería un voto de castigo. Por su parte, Anaya tiene mucho que trabajar en su espectro perceptual, se le percibe como un junior más de la política –de esos que están de moda en el Estado de México y bueno, en otras entidades también- y poco se habla de su trayectoria y sus estudios que siendo honestos son muy vastos para sus escasos 38 años; éste debería de presentar una imagen mucho más sencilla con un discurso mucho menos elevado y agresivo, y buscar vender sus atributos de estratega político.

Del tercero en discordia, nada nuevo que decir. Andrés Manuel puede ser un representante digno de la izquierda, pero no de esa izquierda que buscan los nuevos votantes, AMLO es su imagen desgastada. Sin embargo, con imagen en crisis o no, el eterno candidato de momento lleva las de ganar y es el personaje a vencer por parte del PRI ¿Cómo lo ha logrado después de tantos años? La realidad es que de una u otra manera, AMLO siempre ha estado presente, cuando tiene algo que decir todos los medios lo replican –sí, esos medios que deben de ser aliados de cualquier candidato, político o institución porque al final del día son el intermediario del mensaje a la ciudadanía-; habla en un lenguaje peculiar pero que todos entienden, no complica sus discursos aunque estos sean muy largos y siempre hace mención de aquello con lo que su audiencia puede identificarse. A diferencia de muchos políticos mexicanos, AMLO es un estratega populista.

Al final del día hay que recordar algo muy importante, no importa quien tenga la mejor imagen, el mejor discurso, las mejores propuestas, quien juegue limpio o quien se ensucie las manos; como un buen amigo me dijo “las elecciones como el fútbol, gana el que mete más goles no el que juega mejor” y creo que no existe mejor analogía que esa para entender que a pesar de la crisis de imagen de los partidos y de sus políticos, de los resultados de las encuestas previas y de las muchas especulaciones la última palabra la tiene usted en las urnas, porque ahí es donde se ganan las elecciones.

 

Twitter: @Mar_Naa

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