/ jueves 25 de enero de 2018

Imagogenia

Lo escribí en mi proyecto de tesis doctoral, mientras el político no entienda que debe empatar lo que hace, lo que dice y lo que es nunca ganará la credibilidad y la confianza que ha perdido por parte de la ciudadanía.

Piénselo así estimado lector, de cuántas propuestas o compromisos que ha hecho algún candidato que ya se encuentre en el cargo se acuerda: dos, una… ninguna. Esto es porque la relevancia de las campañas está cimentada en momentos mediocres que actualmente caracterizan al gremio, no se ha trabajado en nada que sume el ser, el hacer y el decir, siempre hay incongruencias. Nos acordamos de los errores, los malos chistes, los buenos memes y los videos –de menos de un minuto porque me aburro y paso al siguiente-, pero cuantos discursos se han quedado clavados en nuestra mente, ninguno; no recuerdo ni uno solo como el emblemático discurso de despedida de Barack Obama –que ni es nuestro presidente- o el más reciente de Oprah Winfrey y los menciono a ellos porque en la actualidad no hay político o personaje público mexicano cuyo discurso sea digno de escuchar, leer o recordar. La realidad es que los discursos son tan largos, tan complejos y tan llenos de quejas, recelo o reclamos que muy pocos se toman el tiempo de atenderlos.

Mucho he acusado la poca autenticidad que ha mostrado en su precampaña José Antonio Meade con canciones que no lo identifican, propuestas o videos que poco hablan de él, sus intenciones o propuestas y discursos mal encausados que si somos honestos, probablemente no lo escucharíamos decir en una reunión informal; sin embargo, es de reconocérsele el reciente video que subió a sus redes sociales donde por primera vez se muestra auténticamente como es, va más allá de la ideología partidista, sus gestos y ademanes fluyen por lo que se ve calmado, su atuendo es relajado pero formal, vamos en general mantiene su esencia porque está genuinamente hablando él, es auténtico. Su discurso menciona a sus contrincantes sin desacreditarlos y habla de la unión que él representa todo en 30 segundos, por primera vez puedo decir que es un acierto.

Sin embargo, y a pesar del esfuerzo, dudo que esto le ayude a ganar las elecciones. No tiene estrategia y por mucho que su energía se ha enfocado en generar una percepción determinada para simpatizar y ganar el voto del electorado deslindándose del PRI o cualquier otro partido, las encuestas de momento indican que no va a ganar. Esto no es de extrañarse, sin embargo el PRI cree que por tener la estructura que tiene y por encontrarse actualmente en el poder lleva las de ganar. Lo pero de todo es que, si somos honestos, el único culpable de perder será Meade y cargará con el estigma que persigue a muchos personajes que buscaron un puesto de elección popular y que al perder, también perdieron toda posibilidad de continuar su carrera política –recordemos a Roberto Madrazo o a la misma Josefina Vázquez, a ambos los han mandado a la banca o les han dado un espacio que de inicio sabían que se iba a perder-.

Así, no sé con qué fin los políticos, aspirantes o cómo guste usted llamarles insisten en tomar acciones de campaña –o precampaña en este caso- que poco favorecerán a su reputación, sin que esto –desgraciadamente- signifique que pierdan o ganen las elecciones. Por ejemplo, Ricardo Anaya tocando la guitarra y cantando con Yuawi, el pequeño intérprete de la canción de Movimiento Ciudadano, en un intento “por llegar al público de dicho partido” ¿En serio? Será que su equipo de asesores o estrategas no encontraron una forma auténtica de conectarlo con su audiencia y decidieron que lo más fácil era ponerlo a lado de un personaje que tiene ángel –porque siendo honestos, el señor Anaya podrá ser un estratega que venga a romper con el sistema, pero en definitiva carece de simpatía-. O en el caso de AMLO que está cayendo en un sinfín de incongruencias no sólo en sus discursos, sino también al recibir a personajes cuyas ideologías nada tienen que ver con aquellas que el señor ha buscado vender a lo largo de sus 40 años de trayectoria política, tal vez con la idea de que todos tienen derecho a iluminarse con la verdad, con su verdad –por algo creó su propio partido, piénselo-.

A pesar de sus aciertos y desaciertos, ninguno de los tres aspirantes ha demostrado al electorado un valor agregado ese que los diferencie del resto y los posicione como la mejor opción para los mexicanos, no han generado un sentimiento de confianza y acercamiento con su audiencia y lo más importante: ninguno ha logrado erradicar o al menos minimizar la imagen de corrupción que pesa sobre el gremio político, porque al final del día se percibe a los candidatos como meros oportunistas del servicio público.

 

Twitter: @Mar_Naa

Lo escribí en mi proyecto de tesis doctoral, mientras el político no entienda que debe empatar lo que hace, lo que dice y lo que es nunca ganará la credibilidad y la confianza que ha perdido por parte de la ciudadanía.

Piénselo así estimado lector, de cuántas propuestas o compromisos que ha hecho algún candidato que ya se encuentre en el cargo se acuerda: dos, una… ninguna. Esto es porque la relevancia de las campañas está cimentada en momentos mediocres que actualmente caracterizan al gremio, no se ha trabajado en nada que sume el ser, el hacer y el decir, siempre hay incongruencias. Nos acordamos de los errores, los malos chistes, los buenos memes y los videos –de menos de un minuto porque me aburro y paso al siguiente-, pero cuantos discursos se han quedado clavados en nuestra mente, ninguno; no recuerdo ni uno solo como el emblemático discurso de despedida de Barack Obama –que ni es nuestro presidente- o el más reciente de Oprah Winfrey y los menciono a ellos porque en la actualidad no hay político o personaje público mexicano cuyo discurso sea digno de escuchar, leer o recordar. La realidad es que los discursos son tan largos, tan complejos y tan llenos de quejas, recelo o reclamos que muy pocos se toman el tiempo de atenderlos.

Mucho he acusado la poca autenticidad que ha mostrado en su precampaña José Antonio Meade con canciones que no lo identifican, propuestas o videos que poco hablan de él, sus intenciones o propuestas y discursos mal encausados que si somos honestos, probablemente no lo escucharíamos decir en una reunión informal; sin embargo, es de reconocérsele el reciente video que subió a sus redes sociales donde por primera vez se muestra auténticamente como es, va más allá de la ideología partidista, sus gestos y ademanes fluyen por lo que se ve calmado, su atuendo es relajado pero formal, vamos en general mantiene su esencia porque está genuinamente hablando él, es auténtico. Su discurso menciona a sus contrincantes sin desacreditarlos y habla de la unión que él representa todo en 30 segundos, por primera vez puedo decir que es un acierto.

Sin embargo, y a pesar del esfuerzo, dudo que esto le ayude a ganar las elecciones. No tiene estrategia y por mucho que su energía se ha enfocado en generar una percepción determinada para simpatizar y ganar el voto del electorado deslindándose del PRI o cualquier otro partido, las encuestas de momento indican que no va a ganar. Esto no es de extrañarse, sin embargo el PRI cree que por tener la estructura que tiene y por encontrarse actualmente en el poder lleva las de ganar. Lo pero de todo es que, si somos honestos, el único culpable de perder será Meade y cargará con el estigma que persigue a muchos personajes que buscaron un puesto de elección popular y que al perder, también perdieron toda posibilidad de continuar su carrera política –recordemos a Roberto Madrazo o a la misma Josefina Vázquez, a ambos los han mandado a la banca o les han dado un espacio que de inicio sabían que se iba a perder-.

Así, no sé con qué fin los políticos, aspirantes o cómo guste usted llamarles insisten en tomar acciones de campaña –o precampaña en este caso- que poco favorecerán a su reputación, sin que esto –desgraciadamente- signifique que pierdan o ganen las elecciones. Por ejemplo, Ricardo Anaya tocando la guitarra y cantando con Yuawi, el pequeño intérprete de la canción de Movimiento Ciudadano, en un intento “por llegar al público de dicho partido” ¿En serio? Será que su equipo de asesores o estrategas no encontraron una forma auténtica de conectarlo con su audiencia y decidieron que lo más fácil era ponerlo a lado de un personaje que tiene ángel –porque siendo honestos, el señor Anaya podrá ser un estratega que venga a romper con el sistema, pero en definitiva carece de simpatía-. O en el caso de AMLO que está cayendo en un sinfín de incongruencias no sólo en sus discursos, sino también al recibir a personajes cuyas ideologías nada tienen que ver con aquellas que el señor ha buscado vender a lo largo de sus 40 años de trayectoria política, tal vez con la idea de que todos tienen derecho a iluminarse con la verdad, con su verdad –por algo creó su propio partido, piénselo-.

A pesar de sus aciertos y desaciertos, ninguno de los tres aspirantes ha demostrado al electorado un valor agregado ese que los diferencie del resto y los posicione como la mejor opción para los mexicanos, no han generado un sentimiento de confianza y acercamiento con su audiencia y lo más importante: ninguno ha logrado erradicar o al menos minimizar la imagen de corrupción que pesa sobre el gremio político, porque al final del día se percibe a los candidatos como meros oportunistas del servicio público.

 

Twitter: @Mar_Naa

jueves 16 de agosto de 2018

Imagogenia

jueves 09 de agosto de 2018

Imagogenia

jueves 02 de agosto de 2018

Imagogenia

jueves 26 de julio de 2018

Imagogenia

jueves 19 de julio de 2018

Imagogenia

jueves 12 de julio de 2018

Imagogenia

jueves 05 de julio de 2018

Imagogenia

jueves 28 de junio de 2018

Imagogenia

jueves 21 de junio de 2018

Imagogenia

jueves 14 de junio de 2018

Imagogenia

Cargar Más