/ martes 21 de abril de 2020

¿Llegó la hora?

El brote del Covid-19 y sus innumerables implicaciones en la vida pública, es una oportunidad para que la humanidad vuelva a lo esencial y un desafío para los gobiernos, que en plena emergencia deberán replantear o acelerar medidas públicas responsables, incluyentes y de largo aliento.

La necesidad de aislamiento que impone la pandemia, deja a la vista las desigualdades de nuestra sociedad y las profundiza. En el ámbito escolar, por ejemplo, el regreso a clases es diametralmente opuesto entre menores que tienen tecnología y alguna presencia parental y aquellos –los más— que no cuentan con estas herramientas y cuyos padres no pueden respetar el confinamiento porque deben salir a ganar el sustento diario.

Y son los más pobres a quienes les resulta imposible seguir la recomendación de quedarse en casa y deben viajar en el transporte público de siempre, pero ahora con un riesgo adicional: la propagación del virus, al ser sitios que concentran numerosos grupos de personas con ventilación limitada y sin las medidas de limpieza adecuadas.

Ante esta realidad y la notoria ausencia de Susana Distancia en las diferentes modalidades de transporte público, ONU Hábitat recomendó en días pasados a los gobiernos del mundo promover el ciclismo y los desplazamientos a pie, como una alternativa para reducir riesgos de contagio.

La agencia internacional sugirió incluso priorizar a peatones y ciclistas en ciertas carreteras haciéndolas más seguras, lo cual traería implicaciones positivas en la salud de una sociedad tan sedentaria como la nuestra.

Frente a la necesidad de tocar superficies comunes como máquinas expendedoras de boletos y pasamanos, se planteó la coordinación entre gobiernos y operadores de transporte público (formal e informal) para monitorear y garantizar altos estándares de limpieza.

Serían necesarios además, protocolos de revisión en las terminales para asegurarse de que, tanto conductores como tripulantes, no tengan síntomas del Covid-19 antes de iniciar sus recorridos, así como dotaciones suficientes de desinfectante para manos, la exigencia del uso de cubre bocas a bordo (aunque sean caseros), y el establecimiento de reglas de distancia entre pasajeros.

En el sector informal, como bicitaxis, motocicletas y minibuses que han perdido sus ingresos y carecen de equipo de seguridad, ONU Hábitat propone que los gobiernos consideren apoyarlos.

Aunque hoy vemos menos vehículos en las calles y el gobierno federal informa que la movilidad en México se ha reducido, vale advertir que es una medición “fifí”, pues se basa en el uso de teléfonos inteligentes, cuando datos del INEGI revelan que apenas 64 por ciento de la población en México tiene un móvil de este tipo y solo el 93 por ciento accede a internet a través de él.

Es tiempo de volver a lo esencial y la pandemia nos lo está recordando: la insuficiencia y mala calidad del transporte público en México es resultado del mundo al revés: ocho de cada 10 pesos de presupuesto destinados a dos de cada 10 personas que tienen auto(s), mientras el grueso de la población ha tenido que conformarse con las sobras, que muchas veces no alcanzan ni para banquetas decentes. Veamos en la crisis la oportunidad de un país más igualitario. Es tiempo de ciudades más humanas.

*Diputada federal mexiquense.

El brote del Covid-19 y sus innumerables implicaciones en la vida pública, es una oportunidad para que la humanidad vuelva a lo esencial y un desafío para los gobiernos, que en plena emergencia deberán replantear o acelerar medidas públicas responsables, incluyentes y de largo aliento.

La necesidad de aislamiento que impone la pandemia, deja a la vista las desigualdades de nuestra sociedad y las profundiza. En el ámbito escolar, por ejemplo, el regreso a clases es diametralmente opuesto entre menores que tienen tecnología y alguna presencia parental y aquellos –los más— que no cuentan con estas herramientas y cuyos padres no pueden respetar el confinamiento porque deben salir a ganar el sustento diario.

Y son los más pobres a quienes les resulta imposible seguir la recomendación de quedarse en casa y deben viajar en el transporte público de siempre, pero ahora con un riesgo adicional: la propagación del virus, al ser sitios que concentran numerosos grupos de personas con ventilación limitada y sin las medidas de limpieza adecuadas.

Ante esta realidad y la notoria ausencia de Susana Distancia en las diferentes modalidades de transporte público, ONU Hábitat recomendó en días pasados a los gobiernos del mundo promover el ciclismo y los desplazamientos a pie, como una alternativa para reducir riesgos de contagio.

La agencia internacional sugirió incluso priorizar a peatones y ciclistas en ciertas carreteras haciéndolas más seguras, lo cual traería implicaciones positivas en la salud de una sociedad tan sedentaria como la nuestra.

Frente a la necesidad de tocar superficies comunes como máquinas expendedoras de boletos y pasamanos, se planteó la coordinación entre gobiernos y operadores de transporte público (formal e informal) para monitorear y garantizar altos estándares de limpieza.

Serían necesarios además, protocolos de revisión en las terminales para asegurarse de que, tanto conductores como tripulantes, no tengan síntomas del Covid-19 antes de iniciar sus recorridos, así como dotaciones suficientes de desinfectante para manos, la exigencia del uso de cubre bocas a bordo (aunque sean caseros), y el establecimiento de reglas de distancia entre pasajeros.

En el sector informal, como bicitaxis, motocicletas y minibuses que han perdido sus ingresos y carecen de equipo de seguridad, ONU Hábitat propone que los gobiernos consideren apoyarlos.

Aunque hoy vemos menos vehículos en las calles y el gobierno federal informa que la movilidad en México se ha reducido, vale advertir que es una medición “fifí”, pues se basa en el uso de teléfonos inteligentes, cuando datos del INEGI revelan que apenas 64 por ciento de la población en México tiene un móvil de este tipo y solo el 93 por ciento accede a internet a través de él.

Es tiempo de volver a lo esencial y la pandemia nos lo está recordando: la insuficiencia y mala calidad del transporte público en México es resultado del mundo al revés: ocho de cada 10 pesos de presupuesto destinados a dos de cada 10 personas que tienen auto(s), mientras el grueso de la población ha tenido que conformarse con las sobras, que muchas veces no alcanzan ni para banquetas decentes. Veamos en la crisis la oportunidad de un país más igualitario. Es tiempo de ciudades más humanas.

*Diputada federal mexiquense.

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