/ martes 8 de octubre de 2019

Nuestro México / Etiquetado frontal


En México, en los últimos 30 años la obesidad y el sobrepeso se han convertido en un problema que afecta a 1 de cada 3 adolescentes y niños, y a 7 de cada 10 adultos. Es uno de los principales problemas de salud pública que aquejan al país, pues el sobrepeso y la obesidad provocan diabetes, hipertensión y otros problemas cardiovasculares. La obesidad disminuye la calidad de vida de las personas y obliga al sector salud a gastar millones de pesos en su atención.

Combatir y prevenir esta enfermedad es una de las prioridades del gobierno, pero como problema público es muy complejo porque tiene que ver con factores económicos, políticos y sociales que obligan a echar mano de diversas visiones científicas y participación de todos los actores políticos para proponer acciones que lo mitiguen.

El gobierno ha diseñado, aunque de forma muy tardía, políticas públicas para disminuir el problema, sin embargo las medidas han sido insuficientes. Uno de los problemas a los que se han enfrentado estas políticas es la oposición de actores con intereses económicos contrarios a la alimentación menos obesigénica.

Un caso para ilustrar lo anterior es el del etiquetado de los alimentos. Esta acción permite tener información inmediata y de advertencia de los productos. Hasta ahora sólo aparece en la parte trasera de los envases con letras muy pequeñas y con medidas poco entendibles, al no entender, las personas no estamos informadas. Colocar estas etiquetas ha sido una batalla de asociaciones civiles defensoras de los consumidores y presiones por parte de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Pero ese etiquetado ha sido notoriamente insuficiente. Es por ello que desde hace más de diez años distintas organizaciones se han dado a la tarea de impulsar el etiquetado en la parte frontal de los envases y hacerlo de forma más sencilla para el consumidor utilizando, por ejemplo, cuadros exagonales que señalan el exceso de contenido de azúcares o grasas, o con colores como un semáforo en el que el rojo sería el alimento más cargado en calorías. Esto ha representado una batalla porque algunos empresarios se han opuesto a la medida alegando que eso disminuirá sus ventas.

La propuesta, sin embargo, tiene también como propósito que la industria alimentaria cambie sus prácticas y ofrezcan alimentos con composiciones más saludables y menos riesgosos para la salud. En algunos países del mundo se ha realizado esta práctica (Chile, Perú, Ecuador) dando buenos resultados.

La economía es un factor importante para el desarrollo del país, pero si la industria (en este caso alimentaria) está contribuyendo a enfermar a la población causando severos problemas de salud y obligando a utilizar el dinero de los contribuyente al cuidado de esas enfermedades, el Estado debe intervenir con toda rigurosidad para aminorar el problema al tiempo de convencer al mercado alimentario de comprometerse cambiando la elaboración de sus productos.

Profesora-Investigadora de El Colegio Mexiquense, A.C.


En México, en los últimos 30 años la obesidad y el sobrepeso se han convertido en un problema que afecta a 1 de cada 3 adolescentes y niños, y a 7 de cada 10 adultos. Es uno de los principales problemas de salud pública que aquejan al país, pues el sobrepeso y la obesidad provocan diabetes, hipertensión y otros problemas cardiovasculares. La obesidad disminuye la calidad de vida de las personas y obliga al sector salud a gastar millones de pesos en su atención.

Combatir y prevenir esta enfermedad es una de las prioridades del gobierno, pero como problema público es muy complejo porque tiene que ver con factores económicos, políticos y sociales que obligan a echar mano de diversas visiones científicas y participación de todos los actores políticos para proponer acciones que lo mitiguen.

El gobierno ha diseñado, aunque de forma muy tardía, políticas públicas para disminuir el problema, sin embargo las medidas han sido insuficientes. Uno de los problemas a los que se han enfrentado estas políticas es la oposición de actores con intereses económicos contrarios a la alimentación menos obesigénica.

Un caso para ilustrar lo anterior es el del etiquetado de los alimentos. Esta acción permite tener información inmediata y de advertencia de los productos. Hasta ahora sólo aparece en la parte trasera de los envases con letras muy pequeñas y con medidas poco entendibles, al no entender, las personas no estamos informadas. Colocar estas etiquetas ha sido una batalla de asociaciones civiles defensoras de los consumidores y presiones por parte de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Pero ese etiquetado ha sido notoriamente insuficiente. Es por ello que desde hace más de diez años distintas organizaciones se han dado a la tarea de impulsar el etiquetado en la parte frontal de los envases y hacerlo de forma más sencilla para el consumidor utilizando, por ejemplo, cuadros exagonales que señalan el exceso de contenido de azúcares o grasas, o con colores como un semáforo en el que el rojo sería el alimento más cargado en calorías. Esto ha representado una batalla porque algunos empresarios se han opuesto a la medida alegando que eso disminuirá sus ventas.

La propuesta, sin embargo, tiene también como propósito que la industria alimentaria cambie sus prácticas y ofrezcan alimentos con composiciones más saludables y menos riesgosos para la salud. En algunos países del mundo se ha realizado esta práctica (Chile, Perú, Ecuador) dando buenos resultados.

La economía es un factor importante para el desarrollo del país, pero si la industria (en este caso alimentaria) está contribuyendo a enfermar a la población causando severos problemas de salud y obligando a utilizar el dinero de los contribuyente al cuidado de esas enfermedades, el Estado debe intervenir con toda rigurosidad para aminorar el problema al tiempo de convencer al mercado alimentario de comprometerse cambiando la elaboración de sus productos.

Profesora-Investigadora de El Colegio Mexiquense, A.C.