/ viernes 25 de febrero de 2022

Pensamiento Universitario | Informe y besamanos

Si se tuviera conciencia de la triste realidad de nuestro país, en el sector oficial sería obligado esperar las respectivas muestras de congruencia, tendientes a ratificar en los hechos un comportamiento responsable, acorde con los tiempos de austeridad impuestos por la eterna crisis. Es decir, las actuales condiciones de vida de millones de mexicanos le demandan al aparato burocrático evitar el despilfarro y las conductas de tipo casi monárquico, para dar paso a un uso honesto y racional del dinero del pueblo.

Dentro de los cambios necesarios, sin duda destaca lo relacionado con los fastuosos rituales presididos por la clase gobernante, con la supuesta finalidad de rendir cuentas a la ciudadanía sobre el trabajo realizado. Aunque el riesgo de enfrentar protestas y cuestionamientos en plena ceremonia motivaron la modificación del formato, y ahora solamente se le entrega a la instancia correspondiente un informe escrito, emitiendo después un mensaje ante un grupo de acarreados especiales, el dispendio en publicidad, propaganda y escenografías continúa, e incluso se ha incrementado en los tiempos recientes, buscando resaltar logros ficticios y enaltecer figuras realmente patéticas.

Sin embargo, en otros lugares permanece la costumbre de recurrir a los foros de lucimiento, y como ejemplo está la Universidad Autónoma del Estado de México, con la ceremonia del informe del rector a realizarse muy posiblemente de manera presencial el próximo 3 de marzo, y cuyos gastos, obviamente absurdos y ofensivos, no muestran la disposición de actuar con sentido ético y sensibilidad hacia una población fuertemente afectada por la pandemia y el pésimo manejo de la economía. El mínimo sentido común indica lo mucho que podría ahorrarse si se evitara el derroche en un acontecimiento en el cual, además de someter a la concurrencia a un aburrido monólogo, no existe la menor autocrítica, abundan las posturas triunfalistas y las estadísticas alegres, y en general sólo sirve de defensa al modo ineficaz de entender y practicar el poder.

Para colmo, después de ese acto se lleva a cabo uno de los ritos más antiguos y vergonzosos, consistente en el famoso besamanos.

Concluido el informe, los asistentes deben incorporarse a una larga fila y, bien formaditos, esperan la oportunidad de estar frente al alto funcionario, quien por su parte se ubica en un amplio recinto, rodeado de sus cercanos colaboradores, satisfecho de recibir el saludo, quién sabe si ahora de mano o de puño, algún abrazo, halagos y felicitaciones de una multitud bastante bien adiestrada. Contra lo que pudiera pensarse, la situación no parece incomodar ni desagradar al numeroso grupo de fieles académicos, investigadores, alumnos y personal administrativo, siempre dispuestos a llegar hasta el final del recorrido, ante la ocasión soñada de ser vistos y poder reverenciar a la autoridad suprema.

Por indiscutibles razones, es obligado poner límites muy severos a estos excesos, al dispendio de los recursos públicos, pues resulta hasta inmoral suspender actividades, erogar en tanta propaganda inútil y en las costosas atenciones a los selectos invitados. Sin duda, la comunidad pensante de la UAEM está cansada de tanta simulación y retórica hueca, y en cambio demanda una administración de mucho mayor calidad, capaz de hacer efectiva la rendición cuentas, donde los datos sean verídicos y permitan constatar no sólo la superación de las funciones sustantivas, sino un ejercicio cabal de la autonomía y el pleno respeto a los principios y normatividad vigentes.

Si se tuviera conciencia de la triste realidad de nuestro país, en el sector oficial sería obligado esperar las respectivas muestras de congruencia, tendientes a ratificar en los hechos un comportamiento responsable, acorde con los tiempos de austeridad impuestos por la eterna crisis. Es decir, las actuales condiciones de vida de millones de mexicanos le demandan al aparato burocrático evitar el despilfarro y las conductas de tipo casi monárquico, para dar paso a un uso honesto y racional del dinero del pueblo.

Dentro de los cambios necesarios, sin duda destaca lo relacionado con los fastuosos rituales presididos por la clase gobernante, con la supuesta finalidad de rendir cuentas a la ciudadanía sobre el trabajo realizado. Aunque el riesgo de enfrentar protestas y cuestionamientos en plena ceremonia motivaron la modificación del formato, y ahora solamente se le entrega a la instancia correspondiente un informe escrito, emitiendo después un mensaje ante un grupo de acarreados especiales, el dispendio en publicidad, propaganda y escenografías continúa, e incluso se ha incrementado en los tiempos recientes, buscando resaltar logros ficticios y enaltecer figuras realmente patéticas.

Sin embargo, en otros lugares permanece la costumbre de recurrir a los foros de lucimiento, y como ejemplo está la Universidad Autónoma del Estado de México, con la ceremonia del informe del rector a realizarse muy posiblemente de manera presencial el próximo 3 de marzo, y cuyos gastos, obviamente absurdos y ofensivos, no muestran la disposición de actuar con sentido ético y sensibilidad hacia una población fuertemente afectada por la pandemia y el pésimo manejo de la economía. El mínimo sentido común indica lo mucho que podría ahorrarse si se evitara el derroche en un acontecimiento en el cual, además de someter a la concurrencia a un aburrido monólogo, no existe la menor autocrítica, abundan las posturas triunfalistas y las estadísticas alegres, y en general sólo sirve de defensa al modo ineficaz de entender y practicar el poder.

Para colmo, después de ese acto se lleva a cabo uno de los ritos más antiguos y vergonzosos, consistente en el famoso besamanos.

Concluido el informe, los asistentes deben incorporarse a una larga fila y, bien formaditos, esperan la oportunidad de estar frente al alto funcionario, quien por su parte se ubica en un amplio recinto, rodeado de sus cercanos colaboradores, satisfecho de recibir el saludo, quién sabe si ahora de mano o de puño, algún abrazo, halagos y felicitaciones de una multitud bastante bien adiestrada. Contra lo que pudiera pensarse, la situación no parece incomodar ni desagradar al numeroso grupo de fieles académicos, investigadores, alumnos y personal administrativo, siempre dispuestos a llegar hasta el final del recorrido, ante la ocasión soñada de ser vistos y poder reverenciar a la autoridad suprema.

Por indiscutibles razones, es obligado poner límites muy severos a estos excesos, al dispendio de los recursos públicos, pues resulta hasta inmoral suspender actividades, erogar en tanta propaganda inútil y en las costosas atenciones a los selectos invitados. Sin duda, la comunidad pensante de la UAEM está cansada de tanta simulación y retórica hueca, y en cambio demanda una administración de mucho mayor calidad, capaz de hacer efectiva la rendición cuentas, donde los datos sean verídicos y permitan constatar no sólo la superación de las funciones sustantivas, sino un ejercicio cabal de la autonomía y el pleno respeto a los principios y normatividad vigentes.