/ viernes 24 de julio de 2020

Pensamiento Universitario | Irresponsables 

A más de cuatro meses de iniciadas las medidas de contención y mitigación para enfrentar la epidemia del Covid–19, los efectos se acentúan en la cantidad de fallecidos, infectados y pérdidas enormes en la economía. Imposible ocultar los errores del gobierno y de tanta gente irracional, mucho menos cuando se miden en términos de la tragedia de miles de familias.

De ninguna manera vamos bien, y las evidencias están no solo en las estadísticas, sino en la versión de los propios médicos y enfermeras, al afirmar que la administración federal, además de no proporcionar los recursos necesarios, carece de un análisis científico acerca del avance de la crisis, pues ellos, desde la primera línea de atención a los enfermos, advierten un desfase entre los datos oficiales y las cifras locales. De ahí la muy justificada duda de si la estrategia a nivel nacional está funcionando, o si la información se oculta y se sujeta a mañosas comparaciones, sobre todo con las versiones del servil y vanidoso subsecretario de salud.

Sin embargo, los criterios políticos y la necesidad de retomar las actividades productivas se imponen, de modo que en varios lugares de la República se ha entrado al color naranja en el semáforo epidemiológico, y eso significa la reapertura de centros de trabajo y sitios públicos, aunque también el aumento en el número de contagios y muertes. El estado de México, con el último reporte publicado de 47,989 casos positivos y 5,899 defunciones, se encuentra ahora en esta situación, y con eso la movilidad urbana se ha reactivado, destacando la alta afluencia de gente en las calles y lugares de servicio, muchas veces sin tomar en cuenta las recomendaciones de protección.

Por desgracia, estas muestras de irresponsabilidad son otro virus letal, producto de la ignorancia, la falta de entendimiento y hasta la actitud machista de quienes ni siquiera en una emergencia como ésta se muestran lúcidos y evitan poner en riesgo la salud propia y la de las personas cercanas. Sin duda, estos individuos están influenciados por el pésimo comportamiento del mismo presidente de la República, al desestimar las medidas de control básicas, cuya adopción entre la fanaticada y el pueblo bueno y sabio seguramente pudo alterar las consecuencias de la pandemia.

Según las opiniones de los expertos, se desconocen varias cosas acerca del Covid–19; no saben si la inmunidad es algo seguro, si la reinfección es posible o si el virus puede continuar viviendo en el paciente y en el futuro causar daños al organismo. Por eso son ineludibles las disposiciones de prevención, con acciones contundentes de cero benevolencias y nada de apelar a la buena conciencia de los peligrosos trogloditas, a fin de evitar las reuniones en grupo, mantener la distancia adecuada entre personas y hacer obligatorio el uso correcto de cubrebocas, debido a su efectividad comprobada para evitar contagios.

Ante la ineptitud de las autoridades al no destinar los presupuestos suficientes ni imponer una política de auxilio clara y firme, el componente social es imperativo, y ello implica reforzar al máximo las estrategias de alerta. Controlar el problema es tarea de todos, si deseamos realmente transitar hacia una nueva normalidad y no hacia una nueva mortalidad.


A más de cuatro meses de iniciadas las medidas de contención y mitigación para enfrentar la epidemia del Covid–19, los efectos se acentúan en la cantidad de fallecidos, infectados y pérdidas enormes en la economía. Imposible ocultar los errores del gobierno y de tanta gente irracional, mucho menos cuando se miden en términos de la tragedia de miles de familias.

De ninguna manera vamos bien, y las evidencias están no solo en las estadísticas, sino en la versión de los propios médicos y enfermeras, al afirmar que la administración federal, además de no proporcionar los recursos necesarios, carece de un análisis científico acerca del avance de la crisis, pues ellos, desde la primera línea de atención a los enfermos, advierten un desfase entre los datos oficiales y las cifras locales. De ahí la muy justificada duda de si la estrategia a nivel nacional está funcionando, o si la información se oculta y se sujeta a mañosas comparaciones, sobre todo con las versiones del servil y vanidoso subsecretario de salud.

Sin embargo, los criterios políticos y la necesidad de retomar las actividades productivas se imponen, de modo que en varios lugares de la República se ha entrado al color naranja en el semáforo epidemiológico, y eso significa la reapertura de centros de trabajo y sitios públicos, aunque también el aumento en el número de contagios y muertes. El estado de México, con el último reporte publicado de 47,989 casos positivos y 5,899 defunciones, se encuentra ahora en esta situación, y con eso la movilidad urbana se ha reactivado, destacando la alta afluencia de gente en las calles y lugares de servicio, muchas veces sin tomar en cuenta las recomendaciones de protección.

Por desgracia, estas muestras de irresponsabilidad son otro virus letal, producto de la ignorancia, la falta de entendimiento y hasta la actitud machista de quienes ni siquiera en una emergencia como ésta se muestran lúcidos y evitan poner en riesgo la salud propia y la de las personas cercanas. Sin duda, estos individuos están influenciados por el pésimo comportamiento del mismo presidente de la República, al desestimar las medidas de control básicas, cuya adopción entre la fanaticada y el pueblo bueno y sabio seguramente pudo alterar las consecuencias de la pandemia.

Según las opiniones de los expertos, se desconocen varias cosas acerca del Covid–19; no saben si la inmunidad es algo seguro, si la reinfección es posible o si el virus puede continuar viviendo en el paciente y en el futuro causar daños al organismo. Por eso son ineludibles las disposiciones de prevención, con acciones contundentes de cero benevolencias y nada de apelar a la buena conciencia de los peligrosos trogloditas, a fin de evitar las reuniones en grupo, mantener la distancia adecuada entre personas y hacer obligatorio el uso correcto de cubrebocas, debido a su efectividad comprobada para evitar contagios.

Ante la ineptitud de las autoridades al no destinar los presupuestos suficientes ni imponer una política de auxilio clara y firme, el componente social es imperativo, y ello implica reforzar al máximo las estrategias de alerta. Controlar el problema es tarea de todos, si deseamos realmente transitar hacia una nueva normalidad y no hacia una nueva mortalidad.


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