/ miércoles 13 de abril de 2022

Política y Negocios | Elecciones de queso, pan y vino en Francia

El pasado domingo 10 de abril se realizó la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Francia. Un voto tan diverso como el queso, ya que había tal variedad de candidatos, en total 12, que el voto se fragmentó y se sabía de antemano, que era prácticamente imposible que hubiera una mayoría absoluta para alguno(a). Al final, la historia se repite al tener de candidatos en la segunda vuelta a Marine Le Pene y Emmanuel Macron. Digo se repite porque en las elecciones del 2017, también ellos dos quedaron en la segunda vuelta. Pareciera un dèja vu (“algo ya visto” en español) político pero ante un escenario muy distinto al de ahora. Macron ha sobrevivido a la explosividad de las manifestaciones de los chalecos amarillos por su intento fallido de subir el precio de combustibles, la pandemia, la imposición del certificado sanitario COVID-19 y ahora, una guerra en Ucrania donde ha intentado utilizar su diplomacia para abonar a la despresurización de dicho conflicto.

Cabe destacar que los dos factores que hoy los franceses valoran más al momento de emitir su voto son la seguridad social y el poder adquisitivo. El primero se da a luz de la crítica crisis sanitaria y la segunda es por el impacto de las sanciones impuestas a Rusia. Ambos elementos han sido aprovechados por Le Pen en su plataforma electoral al basarla en bajar los impuestos a los productos de la canasta básica, eliminar el impuesto sobre la renta a los menores de 30 años y disminuir los costos de algunos energéticos. Sin embargo, esto es una utopía ya que sería insostenible para las finanzas públicas. Es decir, para lograrlo, tendría que aumentar la deuda pública y no lograría sostenerlo durante mucho tiempo.


Un voto con sabor a pan, ya que en la segunda vuelta (a realizar el 24 de abril) ambos candidatos intentarán ser más mesurados en atacarse pero estarán enfocados en sus propuestas para lograr vencer al oponente. De allí que el candidato Jean Luc Mélenchon (el que quedó en tercer lugar), ha invitado a su base electoral a que no vote por Le Pen. Si consideramos que obtuvo más del 21% de los votos en esta primera vuelta y si ese porcentaje lo lograra sumar Emmanuel Macron, le garantizaría la victoria. Dicha victoria ha sido otorgada a Macron por un modelo estadístico de proyección electoral tanto por The Economist como por Ipsos Francia.


En junio habrá un voto con olor a vino ya que habrá elecciones legislativas. Se renuevan 577 diputados en la Asamblea Nacional y de lograr la mayoría necesaria, 289 escaños, Macron podrá tener el soporte legislativo para avanzar en sus propuestas y reformas necesarias para tener gobernabilidad durante su segundo mandato. A pesar de las críticas que Macron ha tenido como haber sido etiquetado como “el presidente de los ricos”, es un mandatario que ha demostrado mantener una deuda pública en un nivel bajo, alta tasa de empleo, y no ha prometido lo que sabe que no se puede cumplir respecto a la inestabilidad de la economía global. Por lo que tal vez veamos que brinde con un buen vino francés acompañado de queso sobre una buena rebanada de baguette.


El pasado domingo 10 de abril se realizó la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Francia. Un voto tan diverso como el queso, ya que había tal variedad de candidatos, en total 12, que el voto se fragmentó y se sabía de antemano, que era prácticamente imposible que hubiera una mayoría absoluta para alguno(a). Al final, la historia se repite al tener de candidatos en la segunda vuelta a Marine Le Pene y Emmanuel Macron. Digo se repite porque en las elecciones del 2017, también ellos dos quedaron en la segunda vuelta. Pareciera un dèja vu (“algo ya visto” en español) político pero ante un escenario muy distinto al de ahora. Macron ha sobrevivido a la explosividad de las manifestaciones de los chalecos amarillos por su intento fallido de subir el precio de combustibles, la pandemia, la imposición del certificado sanitario COVID-19 y ahora, una guerra en Ucrania donde ha intentado utilizar su diplomacia para abonar a la despresurización de dicho conflicto.

Cabe destacar que los dos factores que hoy los franceses valoran más al momento de emitir su voto son la seguridad social y el poder adquisitivo. El primero se da a luz de la crítica crisis sanitaria y la segunda es por el impacto de las sanciones impuestas a Rusia. Ambos elementos han sido aprovechados por Le Pen en su plataforma electoral al basarla en bajar los impuestos a los productos de la canasta básica, eliminar el impuesto sobre la renta a los menores de 30 años y disminuir los costos de algunos energéticos. Sin embargo, esto es una utopía ya que sería insostenible para las finanzas públicas. Es decir, para lograrlo, tendría que aumentar la deuda pública y no lograría sostenerlo durante mucho tiempo.


Un voto con sabor a pan, ya que en la segunda vuelta (a realizar el 24 de abril) ambos candidatos intentarán ser más mesurados en atacarse pero estarán enfocados en sus propuestas para lograr vencer al oponente. De allí que el candidato Jean Luc Mélenchon (el que quedó en tercer lugar), ha invitado a su base electoral a que no vote por Le Pen. Si consideramos que obtuvo más del 21% de los votos en esta primera vuelta y si ese porcentaje lo lograra sumar Emmanuel Macron, le garantizaría la victoria. Dicha victoria ha sido otorgada a Macron por un modelo estadístico de proyección electoral tanto por The Economist como por Ipsos Francia.


En junio habrá un voto con olor a vino ya que habrá elecciones legislativas. Se renuevan 577 diputados en la Asamblea Nacional y de lograr la mayoría necesaria, 289 escaños, Macron podrá tener el soporte legislativo para avanzar en sus propuestas y reformas necesarias para tener gobernabilidad durante su segundo mandato. A pesar de las críticas que Macron ha tenido como haber sido etiquetado como “el presidente de los ricos”, es un mandatario que ha demostrado mantener una deuda pública en un nivel bajo, alta tasa de empleo, y no ha prometido lo que sabe que no se puede cumplir respecto a la inestabilidad de la economía global. Por lo que tal vez veamos que brinde con un buen vino francés acompañado de queso sobre una buena rebanada de baguette.