/ miércoles 14 de marzo de 2018

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Aflojando el paso

En el último tramo de una gestión de tres años que debería mostrar un ritmo consistente de trabajo, el gobierno municipal de Toluca está aflojando el paso posiblemente en espera de que el alcalde Fernando Zamora Morales solicite licencia para separarse del cargo y se lance a la campaña en busca de la reelección. El PRI decidió apoyarlo en el intento de ser el primer alcalde local de la época contemporánea que ocupe el cargo en dos trienios consecutivos.

Esto no es ilegal, ya fue aprobado por el Congreso de la Unión, pero no hay duda de que afecta el cumplimiento de un plan de trabajo trienal que estaba arrojando buenos resultados en algunos aspectos aunque en otros no estuviera exento de fallas y equivocaciones.

Desde que asumió el cargo, Zamora puso en claro que no iba a construir ninguna obra extraordinaria, pero en cambio iba a procurar que los servicios públicos municipales se mantuvieran en ben nivel.

No lo ha tenido éxito en todo, tal vez por falta de recursos o por no haber tomado las mejores decisiones.

Varios ejemplos elegidos al azar pueden ilustrar esta afirmación:

La repavimentación de calles ha permitido corregir un rezago que se fue formando en administraciones pasadas, pero a final de cuentas los recursos disponibles se han dedicado a renovar algunas arterias mientras que en otras han vuelto a aparecer cientos o quizás miles de baches como los que había antes de que comenzara el programa, lo cual significa que la repavimentación desplazó al bacheo en lugar de atacarlos como acciones simultáneas. Por otra parte, hay banquetas destrozadas que representan grave riesgo para los peatones, quienes merecen igual o mayor atención que camioneros y automovilistas.

El servicio de tránsito es prácticamente inexistente, a no ser por grupos fantasmales de patrulleras que aparecen de repente y se dedican a levantar infracciones para hinchar las arcas municipales, mientras que la falta de verdadera vigilancia ha convertido la ciudad en un gran estacionamiento con vehículos parados en ambas aceras o pasándose las luces rojas y circulando en sentido contrario. La circulación es compleja debido a que camioneros, taxistas, ciclistas y motociclistas hacen lo que quieren en ausencia –y en presencia− de la autoridad. La comuna no tiene medios para prestar el servicio, pero lo conserva sólo con fines recaudatorios.

En cuanto al suministro de agua potable, una sequía esporádica o permanente sigue afectando a colonias populares y conjuntos de vivienda construidos a extramuros de la ciudad.

De la seguridad pública, ni hablar: es caso perdido.

Por lo tanto, el estado de los servicios no refleja el interés de lograr la reelección. ¡Vaya paradoja!


Aflojando el paso

En el último tramo de una gestión de tres años que debería mostrar un ritmo consistente de trabajo, el gobierno municipal de Toluca está aflojando el paso posiblemente en espera de que el alcalde Fernando Zamora Morales solicite licencia para separarse del cargo y se lance a la campaña en busca de la reelección. El PRI decidió apoyarlo en el intento de ser el primer alcalde local de la época contemporánea que ocupe el cargo en dos trienios consecutivos.

Esto no es ilegal, ya fue aprobado por el Congreso de la Unión, pero no hay duda de que afecta el cumplimiento de un plan de trabajo trienal que estaba arrojando buenos resultados en algunos aspectos aunque en otros no estuviera exento de fallas y equivocaciones.

Desde que asumió el cargo, Zamora puso en claro que no iba a construir ninguna obra extraordinaria, pero en cambio iba a procurar que los servicios públicos municipales se mantuvieran en ben nivel.

No lo ha tenido éxito en todo, tal vez por falta de recursos o por no haber tomado las mejores decisiones.

Varios ejemplos elegidos al azar pueden ilustrar esta afirmación:

La repavimentación de calles ha permitido corregir un rezago que se fue formando en administraciones pasadas, pero a final de cuentas los recursos disponibles se han dedicado a renovar algunas arterias mientras que en otras han vuelto a aparecer cientos o quizás miles de baches como los que había antes de que comenzara el programa, lo cual significa que la repavimentación desplazó al bacheo en lugar de atacarlos como acciones simultáneas. Por otra parte, hay banquetas destrozadas que representan grave riesgo para los peatones, quienes merecen igual o mayor atención que camioneros y automovilistas.

El servicio de tránsito es prácticamente inexistente, a no ser por grupos fantasmales de patrulleras que aparecen de repente y se dedican a levantar infracciones para hinchar las arcas municipales, mientras que la falta de verdadera vigilancia ha convertido la ciudad en un gran estacionamiento con vehículos parados en ambas aceras o pasándose las luces rojas y circulando en sentido contrario. La circulación es compleja debido a que camioneros, taxistas, ciclistas y motociclistas hacen lo que quieren en ausencia –y en presencia− de la autoridad. La comuna no tiene medios para prestar el servicio, pero lo conserva sólo con fines recaudatorios.

En cuanto al suministro de agua potable, una sequía esporádica o permanente sigue afectando a colonias populares y conjuntos de vivienda construidos a extramuros de la ciudad.

De la seguridad pública, ni hablar: es caso perdido.

Por lo tanto, el estado de los servicios no refleja el interés de lograr la reelección. ¡Vaya paradoja!

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