/ miércoles 16 de mayo de 2018

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La oferta se está generalizando…

Todos los partidos políticos –agrupados en coaliciones− ofrecen estímulos económicos, es decir, dinero a los ciudadanos que voten por sus candidatos en la jornada electoral del primero de julio.

El monto de las dádivas es variable, pero en todos los casos conlleva un pago mensual o bimestral. Se ofrecen diversas sumas a mujeres, jefas de familia, personas de la tercera edad y hasta a jóvenes y niños, en forma –para estos últimos− de becas, tabletas y útiles escolares.

Los partidos y sus candidatos entienden que ésta es la forma más directa de conquistar simpatía y adhesión entre el electorado, habida cuenta de que en el campo de la economía es donde realmente aprieta el zapato.

Se trata, además, de un reconocimiento tácito y directo de la aguda crisis que vive actualmente la sociedad mexicana, puesto que si se aceptan unos cuantos pesos a cambio de votar por un proyecto político, es debido a que, para muchas personas, ningún dinero está de sobra, ya que puede satisfacer algunas necesidades urgentes, como el comer.

Por otra parte, no son tarjetas ni regalos que se reciban una sola vez como parte de una campaña de propaganda, sino que se trata de un ingreso fijo, mensual, en el que sólo hay que esperar a que el partido ganador, tras de asumir el poder, conserve intacta la memoria.

Sin embargo, la gente pobre, que en México es mayoría, no tiene por qué mortificarse por la filantropía electoral, porque, a fin de cuentas, el dinero es público, es decir, del gobierno, y si van a dar a personas con múltiples necesidades, quedarán en buenas manos.

De esta manera, es de esperarse que el presupuesto próximo, gane quien gane, lucirá robusto en la partida de los “programas sociales”, que así suele llamárseles, eufemismo aparte, a los renglones más nobles y generosos del tesoro público.

Como todos los partidos incluyen en sus programas este tipo de apoyos, es posible que el voto de los humildes se reparta entre ellos, ya que, viéndolo bien, como todos participan, no existe, en realidad, carta aborrecida.

Desde luego que sería preferible capacitar a la gente para que participe de proyectos productivos que la saquen a flote sin necesidad de recibir obsequios, pero eso, por desgracia, lleva más tiempo.

Ya habrá tiempo de cosechar frutos de los esfuerzos que en ese sentido se realizan ya, pero no cabe duda de que, por lo pronto, que los partidos políticos se vean generosos frente a los más necesitados, es una intención que se agradece.


La oferta se está generalizando…

Todos los partidos políticos –agrupados en coaliciones− ofrecen estímulos económicos, es decir, dinero a los ciudadanos que voten por sus candidatos en la jornada electoral del primero de julio.

El monto de las dádivas es variable, pero en todos los casos conlleva un pago mensual o bimestral. Se ofrecen diversas sumas a mujeres, jefas de familia, personas de la tercera edad y hasta a jóvenes y niños, en forma –para estos últimos− de becas, tabletas y útiles escolares.

Los partidos y sus candidatos entienden que ésta es la forma más directa de conquistar simpatía y adhesión entre el electorado, habida cuenta de que en el campo de la economía es donde realmente aprieta el zapato.

Se trata, además, de un reconocimiento tácito y directo de la aguda crisis que vive actualmente la sociedad mexicana, puesto que si se aceptan unos cuantos pesos a cambio de votar por un proyecto político, es debido a que, para muchas personas, ningún dinero está de sobra, ya que puede satisfacer algunas necesidades urgentes, como el comer.

Por otra parte, no son tarjetas ni regalos que se reciban una sola vez como parte de una campaña de propaganda, sino que se trata de un ingreso fijo, mensual, en el que sólo hay que esperar a que el partido ganador, tras de asumir el poder, conserve intacta la memoria.

Sin embargo, la gente pobre, que en México es mayoría, no tiene por qué mortificarse por la filantropía electoral, porque, a fin de cuentas, el dinero es público, es decir, del gobierno, y si van a dar a personas con múltiples necesidades, quedarán en buenas manos.

De esta manera, es de esperarse que el presupuesto próximo, gane quien gane, lucirá robusto en la partida de los “programas sociales”, que así suele llamárseles, eufemismo aparte, a los renglones más nobles y generosos del tesoro público.

Como todos los partidos incluyen en sus programas este tipo de apoyos, es posible que el voto de los humildes se reparta entre ellos, ya que, viéndolo bien, como todos participan, no existe, en realidad, carta aborrecida.

Desde luego que sería preferible capacitar a la gente para que participe de proyectos productivos que la saquen a flote sin necesidad de recibir obsequios, pero eso, por desgracia, lleva más tiempo.

Ya habrá tiempo de cosechar frutos de los esfuerzos que en ese sentido se realizan ya, pero no cabe duda de que, por lo pronto, que los partidos políticos se vean generosos frente a los más necesitados, es una intención que se agradece.

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