/ miércoles 22 de enero de 2020

Portaleando | Las ferias


Sin duda existen infantes que no han sido atrapados totalmente por el celular y por la tableta electrónica y que todavía encuentran divertido subirse a los caballitos, manejar un carro chocador o girar en el espacio de las sillas voladoras. Y existen otros juegos mecánicos como el pulpo, el látigo y la ola que hacen subir la adrenalina de los chicos inquietos. Otros artefactos, como el avión del amor y el martillo están desapareciendo inexorablemente porque más bien eran propios de adolescentes y de adultos, sobre todo de esos que jamás dejan de ser niños.

Las ferias populares mantienen viva la tradición de amenizar el culto a los santos aunque desde hace tiempo son más profanas que religiosas, pero hacen buenos donativos al templo que los recibe en su territorio cuando llega la fiesta del santo patrono de un barrio o poblado.

Sin embargo, desde hace años los empresarios de los juegos mecánicos entran en choque con los conductores de vehículos, sobre todo del transporte público, debido a que provocan tapones de tráfico en las calles donde plantan sus reales. Y ninguna autoridad hace esfuerzos por reglamentarlos porque también lleva un interés en el asunto: los impuestos.

Además, la gente sencilla acude a los sitios donde se instalan para agasajar a los chicos y buscar distracción.

La manera en que se instaló este año la feria de San Sebastián es francamente increíble.

En una calle amplia y despejada como es la de Instituto Literario cuando se acerca al cruce con 5 de Mayo y Josefa Ortiz de Domínguez dispusieron los juegos de tal manera que ocuparon la mayor parte de la superficie para la circulación y como en la acera contraria se siguen estacionando autos junto a la acera, en una zona que tiene varios puntos críticos de –una escuela primaria de doble turno, oficinas de la Comisión Federal de Electricidad, autobuses urbanos que cubren rutas por ese rumbo y otros puntos de “alto impacto”− quedó un solo carril para que todos luchen por él.

La onda fría que sufre la ciudad desalienta a posibles asistentes, pero quedan muchos que, aunque sea pasada, se detienen a comer buñuelos con dulce de piloncillo, hogaza de pan de feria, antojitos mexicanos y otras delicias que no todo el tiempo hay.

Hoy que el ayuntamiento está interesado en agilizar la circulación vial con indecibles esfuerzos de cadetes que mueven los brazos como aspas de molino y cambios de circulación cuyos beneficios están por evaluarse, resulta contradictorio que en pleno corazón de la ciudad no se tomen medidas para ordenar las ferias. ¿Qué pasará cuando llegue la feria de El Carmen y la zona en que tradicionalmente se instala se encuentre en obras?

\u0009

CRONISTA UNIVERSITARIO / cronista@uaemex.mx


Sin duda existen infantes que no han sido atrapados totalmente por el celular y por la tableta electrónica y que todavía encuentran divertido subirse a los caballitos, manejar un carro chocador o girar en el espacio de las sillas voladoras. Y existen otros juegos mecánicos como el pulpo, el látigo y la ola que hacen subir la adrenalina de los chicos inquietos. Otros artefactos, como el avión del amor y el martillo están desapareciendo inexorablemente porque más bien eran propios de adolescentes y de adultos, sobre todo de esos que jamás dejan de ser niños.

Las ferias populares mantienen viva la tradición de amenizar el culto a los santos aunque desde hace tiempo son más profanas que religiosas, pero hacen buenos donativos al templo que los recibe en su territorio cuando llega la fiesta del santo patrono de un barrio o poblado.

Sin embargo, desde hace años los empresarios de los juegos mecánicos entran en choque con los conductores de vehículos, sobre todo del transporte público, debido a que provocan tapones de tráfico en las calles donde plantan sus reales. Y ninguna autoridad hace esfuerzos por reglamentarlos porque también lleva un interés en el asunto: los impuestos.

Además, la gente sencilla acude a los sitios donde se instalan para agasajar a los chicos y buscar distracción.

La manera en que se instaló este año la feria de San Sebastián es francamente increíble.

En una calle amplia y despejada como es la de Instituto Literario cuando se acerca al cruce con 5 de Mayo y Josefa Ortiz de Domínguez dispusieron los juegos de tal manera que ocuparon la mayor parte de la superficie para la circulación y como en la acera contraria se siguen estacionando autos junto a la acera, en una zona que tiene varios puntos críticos de –una escuela primaria de doble turno, oficinas de la Comisión Federal de Electricidad, autobuses urbanos que cubren rutas por ese rumbo y otros puntos de “alto impacto”− quedó un solo carril para que todos luchen por él.

La onda fría que sufre la ciudad desalienta a posibles asistentes, pero quedan muchos que, aunque sea pasada, se detienen a comer buñuelos con dulce de piloncillo, hogaza de pan de feria, antojitos mexicanos y otras delicias que no todo el tiempo hay.

Hoy que el ayuntamiento está interesado en agilizar la circulación vial con indecibles esfuerzos de cadetes que mueven los brazos como aspas de molino y cambios de circulación cuyos beneficios están por evaluarse, resulta contradictorio que en pleno corazón de la ciudad no se tomen medidas para ordenar las ferias. ¿Qué pasará cuando llegue la feria de El Carmen y la zona en que tradicionalmente se instala se encuentre en obras?

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CRONISTA UNIVERSITARIO / cronista@uaemex.mx

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