/ martes 24 de noviembre de 2020

¿Quién nos cuida?

Las mexicanas realizamos el 76 por ciento de las labores domésticas y de cuidados en el hogar y a la semana destinamos 486 horas sin pago, para realizar actividades en casa, mientras un hombre invierte en promedio 89 horas semanales.

Para justificar una carga de semejante magnitud, que atenta contra el desarrollo educativo, profesional y hasta con la salud física y emocional de las mujeres, la “sabiduría popular” y patriarcal, nos reconocen con frases como aquella de que “el amor de una madre, todo lo puede”, pero nunca se pregunta a qué costo y mucho menos se nos ofrecen alternativas.

Es cierto que lo hacemos por amor, pero sobre todo por falta de políticas públicas que atiendan la realidad de un país donde uno de cada tres hogares está jefaturado por una mujer que, además de trabajar para ganar el sustento familiar, enfrenta la necesidad de brindar los cuidados y atención que requieren los menores de edad, las personas con discapacidad o los adultos mayores que están bajo su responsabilidad.

Por eso es una buena noticia que en la Cámara de Diputados hayamos aprobado la semana pasada una reforma constitucional para establecer un Sistema Nacional de Cuidados que incluye un catálogo de servicios de atención, dirigidos a adultos mayores, niñas, niños, adolescentes y personas con discapacidad.

Reconocer en nuestra Carta Magna que cuidar es un trabajo y como tal, no debe ser exclusivo para mujeres y mucho menos sin una remuneración, es dar un paso adelante para atender la necesidad de millones de personas que viven su día a día en condiciones de riesgo, desventaja e incluso de franca sobrevivencia.

Se trata de avanzar en la eliminación de la división sexual del trabajo desde su origen: el hogar y, sin duda, es un pequeño-gran paso para la “Legislatura de la paridad” que deberá traducirse en presupuestos y políticas públicas, o quedará para la historia como demagogia pura.

Porque la verdad resulta ofensivo escuchar en el discurso que “nunca como ahora se ha apoyado tanto a las mujeres”, cuando en los hechos, al lopezobradorismo le bastaron dos años para eliminar las Estancias Infantiles, las Escuelas de Tiempo Completo y para recortar un 65 por ciento los recursos del anexo presupuestal para la igualdad entre hombres y mujeres.

La reforma constitucional llega a destiempo: cuando el gobierno federal y la sumisión de su mayoría en la Cámara de Diputados, ya afectaron a las madres y padres de 3.5 millones de alumnas y alumnos que en 2018 estaban matriculados en Escuelas de Tiempo Completo, al igual que a los más de 300 mil menores de tres años que recibían educación inicial en las desaparecidas Estancias Infantiles.

Y llega de malas, porque en el último párrafo de su fracción quinta, advierte que “en la legislación secundaria deberá cuidarse que con el Sistema Nacional de Cuidados no se genere ninguna estructura orgánica nueva, ni compromisos económicos adicionales…” ¿Será entonces una reforma más “de papel” o la 4T repartirá dinero para librarse de la responsabilidad?

Como me decía Paty, mi vecina de Metepec, al pedirme legislar para tener una jornada laboral de seis horas que le permita cuidar a su hijo de 31 años que por la parálisis cerebral que padece, no puede valerse por sí mismo: “no pido dádivas, ni lástima; solo un poco de empatía, sensibilidad por lo que vivimos cada una de las madres que tenemos hijos con discapacidad o sin ella y además debemos trabajar”.


Diputada federal mexiquense.

@AnaLilia Herrera.

Las mexicanas realizamos el 76 por ciento de las labores domésticas y de cuidados en el hogar y a la semana destinamos 486 horas sin pago, para realizar actividades en casa, mientras un hombre invierte en promedio 89 horas semanales.

Para justificar una carga de semejante magnitud, que atenta contra el desarrollo educativo, profesional y hasta con la salud física y emocional de las mujeres, la “sabiduría popular” y patriarcal, nos reconocen con frases como aquella de que “el amor de una madre, todo lo puede”, pero nunca se pregunta a qué costo y mucho menos se nos ofrecen alternativas.

Es cierto que lo hacemos por amor, pero sobre todo por falta de políticas públicas que atiendan la realidad de un país donde uno de cada tres hogares está jefaturado por una mujer que, además de trabajar para ganar el sustento familiar, enfrenta la necesidad de brindar los cuidados y atención que requieren los menores de edad, las personas con discapacidad o los adultos mayores que están bajo su responsabilidad.

Por eso es una buena noticia que en la Cámara de Diputados hayamos aprobado la semana pasada una reforma constitucional para establecer un Sistema Nacional de Cuidados que incluye un catálogo de servicios de atención, dirigidos a adultos mayores, niñas, niños, adolescentes y personas con discapacidad.

Reconocer en nuestra Carta Magna que cuidar es un trabajo y como tal, no debe ser exclusivo para mujeres y mucho menos sin una remuneración, es dar un paso adelante para atender la necesidad de millones de personas que viven su día a día en condiciones de riesgo, desventaja e incluso de franca sobrevivencia.

Se trata de avanzar en la eliminación de la división sexual del trabajo desde su origen: el hogar y, sin duda, es un pequeño-gran paso para la “Legislatura de la paridad” que deberá traducirse en presupuestos y políticas públicas, o quedará para la historia como demagogia pura.

Porque la verdad resulta ofensivo escuchar en el discurso que “nunca como ahora se ha apoyado tanto a las mujeres”, cuando en los hechos, al lopezobradorismo le bastaron dos años para eliminar las Estancias Infantiles, las Escuelas de Tiempo Completo y para recortar un 65 por ciento los recursos del anexo presupuestal para la igualdad entre hombres y mujeres.

La reforma constitucional llega a destiempo: cuando el gobierno federal y la sumisión de su mayoría en la Cámara de Diputados, ya afectaron a las madres y padres de 3.5 millones de alumnas y alumnos que en 2018 estaban matriculados en Escuelas de Tiempo Completo, al igual que a los más de 300 mil menores de tres años que recibían educación inicial en las desaparecidas Estancias Infantiles.

Y llega de malas, porque en el último párrafo de su fracción quinta, advierte que “en la legislación secundaria deberá cuidarse que con el Sistema Nacional de Cuidados no se genere ninguna estructura orgánica nueva, ni compromisos económicos adicionales…” ¿Será entonces una reforma más “de papel” o la 4T repartirá dinero para librarse de la responsabilidad?

Como me decía Paty, mi vecina de Metepec, al pedirme legislar para tener una jornada laboral de seis horas que le permita cuidar a su hijo de 31 años que por la parálisis cerebral que padece, no puede valerse por sí mismo: “no pido dádivas, ni lástima; solo un poco de empatía, sensibilidad por lo que vivimos cada una de las madres que tenemos hijos con discapacidad o sin ella y además debemos trabajar”.


Diputada federal mexiquense.

@AnaLilia Herrera.

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