/ sábado 20 de noviembre de 2021

Reflexiones en textos cortos | El cambio irritante de regresar a clases presenciales


Levantándose temprano, pero no tanto, la computadora está en el escritorio cerca de la cama, te despiertas quince minutos antes de que inicie tu clase y muchas veces no es ni necesario encender la cámara, así que puedes estar con los parpados hinchados y aún en pijama. ¡Qué difícil es quitársela cuando hace frio!

Las clases presenciales cada vez se están re activando de forma gradual y con ello los viejos hábitos que involucran estar listo antes de llegar al aula. Levantarse más temprano es sólo una parte de lo que cambiará, también la dinámica en las aulas obligará a los demás a socializar frente a frente.

Los universitarios llevarán casi dos años de no pisar una facultad, un aula de nivel superior, no han interactuado presencialmente con sus compañeros todos los días. El valor de escribir por chat se verá obstruido por la presencia de poder decir las cosas de frente.

Los maestros ya no serán ese sujeto vulnerable de las sesiones en línea donde cualquiera podía ser expuesto al estar siendo grabado; que incluso el mismo docente tiene el control de su propia grabación; sin embargo, será su audiencia quien lo pueda descontextualizar; seleccionar una parte de su exposición y subirlo a redes sociales para provocar la desaprobación y el desenlace de vergüenza que puede sentir. El docente ha generado control sobre lo que dice y calla, un maestro controlado por una clase en línea es un profesor que no está siendo auténtico; tiene miedo a decir lo que piensa porque de ser evidenciado puede ser despedido.

Las cuatro paredes que forman un salón de clases se vuelven el espacio de confidencialidad y de exclusividad a los alumnos que han tenido el privilegio de estar en ese lugar. Nadie más tiene acceso a una clase que se contiene en los límites de los muros que la conforman.

En las clases en línea eso no ocurre, pues cuando el estudiante no usa audífonos, todos los miembros de su familia que rodean el monitor de su dispositivo electrónico pueden escuchar lo que el maestro está diciendo; lo que se vuelve una constante presencia de intervención. Los padres ahora intervienen en las formas en las que su hijo universitario está siendo instruido, a muchos maestros nos han dicho que cuidemos lo que decimos; pues la clase no está dirigida a los jóvenes también a sus padres.

Es cierto, hay una comodidad en el trabajo a distancia, pero también una pérdida de la separación entre escuela y hogar. Y también una tergiversación del espacio y el tiempo; tomar clases en casa es como dormir acostado o ver la televisión en la escuela. La pérdida del espacio exclusivo para desempeñar ciertas actividades se va difuminando y quizá tenga implicaciones particulares que aún no hemos visto. Las cosas cambiarán en las clases presenciales, aunque más bien regresarán a ser normales. Bueno, eso espero.


Levantándose temprano, pero no tanto, la computadora está en el escritorio cerca de la cama, te despiertas quince minutos antes de que inicie tu clase y muchas veces no es ni necesario encender la cámara, así que puedes estar con los parpados hinchados y aún en pijama. ¡Qué difícil es quitársela cuando hace frio!

Las clases presenciales cada vez se están re activando de forma gradual y con ello los viejos hábitos que involucran estar listo antes de llegar al aula. Levantarse más temprano es sólo una parte de lo que cambiará, también la dinámica en las aulas obligará a los demás a socializar frente a frente.

Los universitarios llevarán casi dos años de no pisar una facultad, un aula de nivel superior, no han interactuado presencialmente con sus compañeros todos los días. El valor de escribir por chat se verá obstruido por la presencia de poder decir las cosas de frente.

Los maestros ya no serán ese sujeto vulnerable de las sesiones en línea donde cualquiera podía ser expuesto al estar siendo grabado; que incluso el mismo docente tiene el control de su propia grabación; sin embargo, será su audiencia quien lo pueda descontextualizar; seleccionar una parte de su exposición y subirlo a redes sociales para provocar la desaprobación y el desenlace de vergüenza que puede sentir. El docente ha generado control sobre lo que dice y calla, un maestro controlado por una clase en línea es un profesor que no está siendo auténtico; tiene miedo a decir lo que piensa porque de ser evidenciado puede ser despedido.

Las cuatro paredes que forman un salón de clases se vuelven el espacio de confidencialidad y de exclusividad a los alumnos que han tenido el privilegio de estar en ese lugar. Nadie más tiene acceso a una clase que se contiene en los límites de los muros que la conforman.

En las clases en línea eso no ocurre, pues cuando el estudiante no usa audífonos, todos los miembros de su familia que rodean el monitor de su dispositivo electrónico pueden escuchar lo que el maestro está diciendo; lo que se vuelve una constante presencia de intervención. Los padres ahora intervienen en las formas en las que su hijo universitario está siendo instruido, a muchos maestros nos han dicho que cuidemos lo que decimos; pues la clase no está dirigida a los jóvenes también a sus padres.

Es cierto, hay una comodidad en el trabajo a distancia, pero también una pérdida de la separación entre escuela y hogar. Y también una tergiversación del espacio y el tiempo; tomar clases en casa es como dormir acostado o ver la televisión en la escuela. La pérdida del espacio exclusivo para desempeñar ciertas actividades se va difuminando y quizá tenga implicaciones particulares que aún no hemos visto. Las cosas cambiarán en las clases presenciales, aunque más bien regresarán a ser normales. Bueno, eso espero.

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