/ sábado 9 de octubre de 2021

Reflexiones en textos cortos | La BONDAD les pertenece a los pobres


Recientemente terminé de ver la serie “El juego del calamar”, contra todo pronóstico de la increíble tendencia en redes sociales, los memes, quienes me recomendaron ver la serie y que anteriormente sus sugerencias no habían resultado de mi agrado y quien me sugirió que iba a perder mi tiempo, la serie coreana me terminó gustando mucho.

Las metáforas en los juegos al estilo de vida del capitalismo y la obediencia me resultaron escandalosas, por ejemplo, el juego inicial donde una muñeca dispara a quienes percibe que se mueven cuando voltea; estar quietos es requisito indispensable cuando a uno lo están observando. La vigilancia, la obediencia y la pasividad de los trabajadores son fundamentales en el sistema social y político que ejerce control en quienes son piezas fundamentales en la producción. En psicología se le conoce como Efecto Hawthorne, el término adjudicado por Elton Mayo hace alusión a un experimento realizado en donde los sujetos modifican aspectos de su conducta cuando se saben observados o estudiados por alguien más.

Eso es sólo una parte de lo que me llamó la atención de la serie, mi fijación se centró directamente en el personaje principal, pobre y con una hija que es motor principal de la mayor parte de sus preocupaciones. A lo largo del juego constantemente se enfrenta a dilemas morales sobre lo que es correcto y lo que deja de ser correcto, sus decisiones constantemente son atravesadas por cuestionarse si está haciendo bien o no a pesar de las circunstancias que pueden orillarlo a ser eliminado, literalmente del juego.

Recordé el sentido de la moralidad que el filósofo Friedrich Nietzsche adjudica a las clases sociales, de acuerdo con el pensador alemán, el sentido de moralidad se trata de engendrar en las clases sociales inferiores para que su constante cuestionamiento sobre lo que está bien y lo que está mal los vuelva discapacitados en la toma de decisiones que permita arrancar el poder a las clases superiores. Las clases sociales superiores no tienen el dilema moral que tienes los pobres. Pues para la acumulación de la riqueza es condición indispensable que alguien tenga menos; la plusvalía es el valor económico que forma parte del esfuerzo del trabajador que va a parar a las manos del burgués.

Las acciones del personaje del Juego del Calamar, me hicieron recordar hace unos meses, en un semáforo de la ciudad de Toluca, un anciano vendía unos mazapanes, mi compañera de viaje decidió comprarle uno, lo tomó de la caja que le estaba siendo ofrecida y depositó diez pesos, el anciano solicitó que se tomara otro pues cada mazapán costaba 10 pesos. Bien podría no hacer la aclaración y permitir que los diez pesos fueran aceptados sin reclamo. Pero su sentido de moralidad le permitió aclarar cuánto costaba cada uno.

La acumulación de riqueza de alguna forma suprime la posibilidad de moralidad; si no, cuestionen si la persona adinerada constantemente se pregunta sobre sus propias decisiones. El Juego del Calamar nos deja mucho por pensar.


Recientemente terminé de ver la serie “El juego del calamar”, contra todo pronóstico de la increíble tendencia en redes sociales, los memes, quienes me recomendaron ver la serie y que anteriormente sus sugerencias no habían resultado de mi agrado y quien me sugirió que iba a perder mi tiempo, la serie coreana me terminó gustando mucho.

Las metáforas en los juegos al estilo de vida del capitalismo y la obediencia me resultaron escandalosas, por ejemplo, el juego inicial donde una muñeca dispara a quienes percibe que se mueven cuando voltea; estar quietos es requisito indispensable cuando a uno lo están observando. La vigilancia, la obediencia y la pasividad de los trabajadores son fundamentales en el sistema social y político que ejerce control en quienes son piezas fundamentales en la producción. En psicología se le conoce como Efecto Hawthorne, el término adjudicado por Elton Mayo hace alusión a un experimento realizado en donde los sujetos modifican aspectos de su conducta cuando se saben observados o estudiados por alguien más.

Eso es sólo una parte de lo que me llamó la atención de la serie, mi fijación se centró directamente en el personaje principal, pobre y con una hija que es motor principal de la mayor parte de sus preocupaciones. A lo largo del juego constantemente se enfrenta a dilemas morales sobre lo que es correcto y lo que deja de ser correcto, sus decisiones constantemente son atravesadas por cuestionarse si está haciendo bien o no a pesar de las circunstancias que pueden orillarlo a ser eliminado, literalmente del juego.

Recordé el sentido de la moralidad que el filósofo Friedrich Nietzsche adjudica a las clases sociales, de acuerdo con el pensador alemán, el sentido de moralidad se trata de engendrar en las clases sociales inferiores para que su constante cuestionamiento sobre lo que está bien y lo que está mal los vuelva discapacitados en la toma de decisiones que permita arrancar el poder a las clases superiores. Las clases sociales superiores no tienen el dilema moral que tienes los pobres. Pues para la acumulación de la riqueza es condición indispensable que alguien tenga menos; la plusvalía es el valor económico que forma parte del esfuerzo del trabajador que va a parar a las manos del burgués.

Las acciones del personaje del Juego del Calamar, me hicieron recordar hace unos meses, en un semáforo de la ciudad de Toluca, un anciano vendía unos mazapanes, mi compañera de viaje decidió comprarle uno, lo tomó de la caja que le estaba siendo ofrecida y depositó diez pesos, el anciano solicitó que se tomara otro pues cada mazapán costaba 10 pesos. Bien podría no hacer la aclaración y permitir que los diez pesos fueran aceptados sin reclamo. Pero su sentido de moralidad le permitió aclarar cuánto costaba cada uno.

La acumulación de riqueza de alguna forma suprime la posibilidad de moralidad; si no, cuestionen si la persona adinerada constantemente se pregunta sobre sus propias decisiones. El Juego del Calamar nos deja mucho por pensar.

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