/ sábado 28 de agosto de 2021

Reflexiones en textos cortos | Lo que significa ser tu “Compañere”


Vi un video que se había viralizado; una sesión en zoom, una clase académica de alguna institución. “No soy tu compañera, soy tu compañere” aparecía una chica en ese video pronunciando entre lágrimas la frase, posteriormente apagaba su cámara y el micrófono. Se dirigía a un compañero de la sesión que estaba exponiendo algo, después del reclamo, el joven le pedió una disculpa al mismo tiempo que corregía y decía “compañere”.

El video se volvió relevante en las redes sociales, la mayor parte de la opinión pública digital se volcaba en reclamos en contra de la mujer que exigía que le dijeran “compañere” en lugar de “compañera”.

La burla ante un pensamiento fuera de norma, minoritario y demasiado específico; cosa que esté fuera de la norma social, de lo que supuestamente “debe ser” es susceptible al rechazo. El loco está fuera de la norma, y al loco se le debe corregir, curarle.

Busqué en Google un poco más sobre el hecho viralizado, algunos testimonios de la clase apuntaban que la autora del reclamo ya había cuestionado insistentemente la falta de lenguaje inclusivo para dirigirse a ella, de tal forma que cualquier explicación o exposición generada era interrumpida.

Mi inquietud no está en la exacerbación del hecho de usar o no un lenguaje inclusivo, con el que particularmente no estoy de acuerdo; más bien me preocupa el hecho de que se burle y se señale al distinto a los demás.

Para la psicología tradicional, es importante corregir al desviante; como le llama Serge Moscovici a todo aquel que está fuera de la normalidad por sus acciones ejercidas; y de acuerdo con Moscovici frente al desviante se han desplegado una serie de estrategias psicológicas y conocimientos instrumentalizados para corregirlo, el loco tiene que volverse “normal”.

La propuesta de la psicología social contemporánea no está en corregir al desviante, sino de aprender de él como una forma única que contribuya a modificar lo normal, la mayoría. El desviante puede ofrecer una propuesta para transformar, sólo de él proviene la alternativa.

Enjuiciar los casos como la persona que exigió que le dijeran: “Compañere”, es negarse a la posibilidad de una transformación posible. En lugar de sentenciar, condenar y apuntar. Quien exige que se le diga de cierta forma por la defensa de un lenguaje inclusivo, debe sustentar como a través del lenguaje no sólo el simpatizante de ese lenguaje se ve beneficiado, si no también toda la mayoría. La influencia se genera a partir de la aproximación al pensamiento de los otros, entre más distanciados estén las personas de sus pensamientos o ideas más difícil será poder ser influenciados entre sí. La “compañere” merece tener voz, pero también estructurar bien su argumento para poder convencer a los demás. Pero debe ser escuchada y no enjuiciada.

No hay que descuidar la necesidad por defender hasta las lágrimas algo así, como si no hubiera otra cosa por la cual valga la pena defender hasta las lágrimas, cada quién sabe qué cosa considera importante.


Vi un video que se había viralizado; una sesión en zoom, una clase académica de alguna institución. “No soy tu compañera, soy tu compañere” aparecía una chica en ese video pronunciando entre lágrimas la frase, posteriormente apagaba su cámara y el micrófono. Se dirigía a un compañero de la sesión que estaba exponiendo algo, después del reclamo, el joven le pedió una disculpa al mismo tiempo que corregía y decía “compañere”.

El video se volvió relevante en las redes sociales, la mayor parte de la opinión pública digital se volcaba en reclamos en contra de la mujer que exigía que le dijeran “compañere” en lugar de “compañera”.

La burla ante un pensamiento fuera de norma, minoritario y demasiado específico; cosa que esté fuera de la norma social, de lo que supuestamente “debe ser” es susceptible al rechazo. El loco está fuera de la norma, y al loco se le debe corregir, curarle.

Busqué en Google un poco más sobre el hecho viralizado, algunos testimonios de la clase apuntaban que la autora del reclamo ya había cuestionado insistentemente la falta de lenguaje inclusivo para dirigirse a ella, de tal forma que cualquier explicación o exposición generada era interrumpida.

Mi inquietud no está en la exacerbación del hecho de usar o no un lenguaje inclusivo, con el que particularmente no estoy de acuerdo; más bien me preocupa el hecho de que se burle y se señale al distinto a los demás.

Para la psicología tradicional, es importante corregir al desviante; como le llama Serge Moscovici a todo aquel que está fuera de la normalidad por sus acciones ejercidas; y de acuerdo con Moscovici frente al desviante se han desplegado una serie de estrategias psicológicas y conocimientos instrumentalizados para corregirlo, el loco tiene que volverse “normal”.

La propuesta de la psicología social contemporánea no está en corregir al desviante, sino de aprender de él como una forma única que contribuya a modificar lo normal, la mayoría. El desviante puede ofrecer una propuesta para transformar, sólo de él proviene la alternativa.

Enjuiciar los casos como la persona que exigió que le dijeran: “Compañere”, es negarse a la posibilidad de una transformación posible. En lugar de sentenciar, condenar y apuntar. Quien exige que se le diga de cierta forma por la defensa de un lenguaje inclusivo, debe sustentar como a través del lenguaje no sólo el simpatizante de ese lenguaje se ve beneficiado, si no también toda la mayoría. La influencia se genera a partir de la aproximación al pensamiento de los otros, entre más distanciados estén las personas de sus pensamientos o ideas más difícil será poder ser influenciados entre sí. La “compañere” merece tener voz, pero también estructurar bien su argumento para poder convencer a los demás. Pero debe ser escuchada y no enjuiciada.

No hay que descuidar la necesidad por defender hasta las lágrimas algo así, como si no hubiera otra cosa por la cual valga la pena defender hasta las lágrimas, cada quién sabe qué cosa considera importante.

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