/ sábado 31 de julio de 2021

Reflexiones en textos cortos | No quiero hablar con los demás. Con Waze se llega a Roma


Hace dos años fui a Cadereyta, Querétaro; estaba buscando cómo llegar a la isla Tzibanza, mi celular no tenía batería, no podía buscar la ruta en el Maps o Waze; así que decidí llegar ahí como se ha hecho a lo largo de la historia, preguntando a los oriundos. Preguntando se llega a Roma.

Vi a una chica caminar, decidí preguntarle, pero al advertir un auto aproximarse a ella en altas horas de la noche, comenzó a apresurar el paso. Le pregunté, me dio indicaciones muy breves y siguió caminando aprisa. La noche en algunos lugares en México interfieren en las relaciones humanas, aunque sea para dar indicaciones de cómo llegar a un lugar.

Soy de esa generación transitoria que creció sin la tecnología del GPS, tuvo que preguntar para llegar a los lugares, era enredos absolutos en muchas ocasiones; sin embargo, siempre me resultaba interesante ver la reacción de la gente cuando le pedías indicaciones sobre cómo llegar a una dirección determinada. Si estaban sentados, se ponían de pie o se aproximaban hacia ti mirando a ambos lados de la calle, curiosamente me daba la impresión que se modificaba su postura, se veían más erguidos, como orgullosos.

Dar indicaciones para llegar a una dirección tiene un significado interesante cuando eres del lugar en donde el foráneo se encuentra y está de visita. Darle indicaciones te coloca en la posición de privilegio, tú sabes algo que el otro ignora, darle instrucciones de cómo llegar es mostrarle un lugar donde has crecido y del que probablemente te sientas orgullosos. Si te preguntan, es porque necesitan de ti. Qué adicción tan hermosa es sentirse necesitado.

Pero el constante aislamiento social, y más en épocas de Covid; la inseguridad, y sin duda la tecnología, está provocando que el ritual social de dar indicaciones esté desapareciendo, si algo nos podía vincular con los demás podía ser a través de la búsqueda, de solicitar información. Ahora toda esa información está al alcance del dispositivo móvil.

Eso no significa que las relaciones humanas desaparezcan, pero con la llegada de estas plataformas digitales que involucran el Sistema de Posicionamiento Global (GPS, por sus siglas en inglés) están modificando esos acontecimientos humanos.

Sería interesante observar cómo el oriundo le presenta su lugar al foráneo, como demuestra que es suyo, que lo conoce y que seguramente sabe algo que desconoce el Waze y el Maps, por ejemplo atajos y descripciones de los lugares; pues aún estas aplicaciones para el dispositivo móvil no están cargadas de descripciones precisas del entorno, que sin duda son importantes para situarse en algún lugar, vendedores ambulantes, monumentos, jardines, paredes que contienen personas dentro de estructuras, calles que establecen límites entre lo seguro y lo peligroso de los pueblos o ciudades; y dinámicas determinadas por la propia configuración de la ciudad como diría el psicólogo mexicano Pablo Fernández Christlieb.

Ahora con el Waze se llega Roma


Hace dos años fui a Cadereyta, Querétaro; estaba buscando cómo llegar a la isla Tzibanza, mi celular no tenía batería, no podía buscar la ruta en el Maps o Waze; así que decidí llegar ahí como se ha hecho a lo largo de la historia, preguntando a los oriundos. Preguntando se llega a Roma.

Vi a una chica caminar, decidí preguntarle, pero al advertir un auto aproximarse a ella en altas horas de la noche, comenzó a apresurar el paso. Le pregunté, me dio indicaciones muy breves y siguió caminando aprisa. La noche en algunos lugares en México interfieren en las relaciones humanas, aunque sea para dar indicaciones de cómo llegar a un lugar.

Soy de esa generación transitoria que creció sin la tecnología del GPS, tuvo que preguntar para llegar a los lugares, era enredos absolutos en muchas ocasiones; sin embargo, siempre me resultaba interesante ver la reacción de la gente cuando le pedías indicaciones sobre cómo llegar a una dirección determinada. Si estaban sentados, se ponían de pie o se aproximaban hacia ti mirando a ambos lados de la calle, curiosamente me daba la impresión que se modificaba su postura, se veían más erguidos, como orgullosos.

Dar indicaciones para llegar a una dirección tiene un significado interesante cuando eres del lugar en donde el foráneo se encuentra y está de visita. Darle indicaciones te coloca en la posición de privilegio, tú sabes algo que el otro ignora, darle instrucciones de cómo llegar es mostrarle un lugar donde has crecido y del que probablemente te sientas orgullosos. Si te preguntan, es porque necesitan de ti. Qué adicción tan hermosa es sentirse necesitado.

Pero el constante aislamiento social, y más en épocas de Covid; la inseguridad, y sin duda la tecnología, está provocando que el ritual social de dar indicaciones esté desapareciendo, si algo nos podía vincular con los demás podía ser a través de la búsqueda, de solicitar información. Ahora toda esa información está al alcance del dispositivo móvil.

Eso no significa que las relaciones humanas desaparezcan, pero con la llegada de estas plataformas digitales que involucran el Sistema de Posicionamiento Global (GPS, por sus siglas en inglés) están modificando esos acontecimientos humanos.

Sería interesante observar cómo el oriundo le presenta su lugar al foráneo, como demuestra que es suyo, que lo conoce y que seguramente sabe algo que desconoce el Waze y el Maps, por ejemplo atajos y descripciones de los lugares; pues aún estas aplicaciones para el dispositivo móvil no están cargadas de descripciones precisas del entorno, que sin duda son importantes para situarse en algún lugar, vendedores ambulantes, monumentos, jardines, paredes que contienen personas dentro de estructuras, calles que establecen límites entre lo seguro y lo peligroso de los pueblos o ciudades; y dinámicas determinadas por la propia configuración de la ciudad como diría el psicólogo mexicano Pablo Fernández Christlieb.

Ahora con el Waze se llega Roma

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