/ lunes 18 de mayo de 2020

Reflexiones y alucinaciones | "El Nahual" en tiempos del coronavirus (VII)

Si la verdad nos hace libres, la ignorancia nos hace esclavos. La primera afirmación está relacionada con el Evangelio de San Juan (Jn.8.32) y la segunda, es una deducción de quien esto escribe.

La falsedad, por lo tanto, nos hace víctimas del engaño, del error y la mentira, y hasta en tanto no salga la luz de la verdad, por dura que ésta sea, las decisiones que se tomen serán erróneas y totalmente equivocadas. De ahí la importancia de distinguir lo verdadero y de lo falso.

Cualquiera de mis lectores me podría preguntar: ¿y ahora por qué tan socrático, licenciado?

¡Ah! Lo que pasa es que, en estos tiempos de coronavirus y de reclusiones forzadas, suceden cosas tan irracionales, que cuando uno se entera de ellas, la inteligencia se resiste admitir que haya personas, incluso sectores de la población, que las acepten como ciertas. -Sea más explícito, licenciado, pues sigo sin entender.

-¡Cierto! Trataré de ser preciso: Hace unos días, se coló a mi celular un mensaje inquietante: una persona de todas las confianzas de quien me lo enviaba, le decía a ésta: “durante los próximos tres días, una avioneta esparcirá en las
poblaciones del Valle de Toluca, a partir de las ocho de la noche, un gas para sembrar el coronavirus entre la población. El gobierno necesita muchas muertes por coronavirus, porque tiene que llegar a una meta”. Terminaba el mensaje advirtiendo: “por favor, retrasmítelo y no salgas de tu casa después de las ocho”.

Cuando mi esposa lo vio, me preguntó: “¿y tú qué piensas?” -La persona que me lo envía, es confiable, le contesté, pero el contenido del mensaje, es falso. “¿Por qué crees que es falso?” Me insistió. -Porque es absurdo. Sin embargo, este mensaje podría causar mucho daño entre la gente que no piensa, le dije. Y dicho y hecho: no pasaron tres días, cuando los medios informativos daban cuenta de que en Otzolotepec, Almoloya de Juárez, San Felipe del Progreso, entre otros, y un día después en Zitácuaro, Michoacán, grupos de pobladores habían agredido a la policía y quemado su patrullas, porque éstas –según ellos- estaban esparciendo un gas para contagiar a las personas de coronavirus.

¿Te acuerdas del chupacabras –le pregunté a mi esposa-, aquella bestia infernal que por las noches chupaba la sangre a los corderos y cabras, dejándolos sin gota alguna? Bueno, pues hubo muchas personas que aseguraban haber visto al chupacabras, incluso lo describían; la gente lo creyó, como un hecho cierto e irrefutable. Creer en que el gobierno está sembrando el coronavirus –le insistí-es tanto como creer en el famoso chupacabras o en la llorona de los tiempos del Virreinato, o en el Nahual de los tiempos de los aztecas.

Por cierto –le dije-, a tiempo pasado, te quiero comentar una anécdota: un día, cumpliendo las funciones que tenía en gobierno, recibí a un importante grupo de personas de San Martín de las Pirámides, quienes a gritos exigían que no se llevaran las Pirámides de Teotihuacán. ¿Cómo es eso? –les pregunté. Como lo oye, licenciado: el gobierno ha firmado un convenio para que dejen de ser de México; ¡no vamos a dejar que se las lleven! Haciendo acopio de mi memoria –que no es mucha- recordé que las Pirámides de Teotihuacán habían sido reconocidas por la UNESCO, hacía poco, como patrimonio de la humanidad. ¡Ah! Ya caigo, les dije…Cuando supieron la verdad y la trascendencia de tal reconocimiento, y de que sería, por el contrario, para proteger ese patrimonio, se fueron tranquilos.


Misael Romero Andrade / romeromisael68@gmail.com

Si la verdad nos hace libres, la ignorancia nos hace esclavos. La primera afirmación está relacionada con el Evangelio de San Juan (Jn.8.32) y la segunda, es una deducción de quien esto escribe.

La falsedad, por lo tanto, nos hace víctimas del engaño, del error y la mentira, y hasta en tanto no salga la luz de la verdad, por dura que ésta sea, las decisiones que se tomen serán erróneas y totalmente equivocadas. De ahí la importancia de distinguir lo verdadero y de lo falso.

Cualquiera de mis lectores me podría preguntar: ¿y ahora por qué tan socrático, licenciado?

¡Ah! Lo que pasa es que, en estos tiempos de coronavirus y de reclusiones forzadas, suceden cosas tan irracionales, que cuando uno se entera de ellas, la inteligencia se resiste admitir que haya personas, incluso sectores de la población, que las acepten como ciertas. -Sea más explícito, licenciado, pues sigo sin entender.

-¡Cierto! Trataré de ser preciso: Hace unos días, se coló a mi celular un mensaje inquietante: una persona de todas las confianzas de quien me lo enviaba, le decía a ésta: “durante los próximos tres días, una avioneta esparcirá en las
poblaciones del Valle de Toluca, a partir de las ocho de la noche, un gas para sembrar el coronavirus entre la población. El gobierno necesita muchas muertes por coronavirus, porque tiene que llegar a una meta”. Terminaba el mensaje advirtiendo: “por favor, retrasmítelo y no salgas de tu casa después de las ocho”.

Cuando mi esposa lo vio, me preguntó: “¿y tú qué piensas?” -La persona que me lo envía, es confiable, le contesté, pero el contenido del mensaje, es falso. “¿Por qué crees que es falso?” Me insistió. -Porque es absurdo. Sin embargo, este mensaje podría causar mucho daño entre la gente que no piensa, le dije. Y dicho y hecho: no pasaron tres días, cuando los medios informativos daban cuenta de que en Otzolotepec, Almoloya de Juárez, San Felipe del Progreso, entre otros, y un día después en Zitácuaro, Michoacán, grupos de pobladores habían agredido a la policía y quemado su patrullas, porque éstas –según ellos- estaban esparciendo un gas para contagiar a las personas de coronavirus.

¿Te acuerdas del chupacabras –le pregunté a mi esposa-, aquella bestia infernal que por las noches chupaba la sangre a los corderos y cabras, dejándolos sin gota alguna? Bueno, pues hubo muchas personas que aseguraban haber visto al chupacabras, incluso lo describían; la gente lo creyó, como un hecho cierto e irrefutable. Creer en que el gobierno está sembrando el coronavirus –le insistí-es tanto como creer en el famoso chupacabras o en la llorona de los tiempos del Virreinato, o en el Nahual de los tiempos de los aztecas.

Por cierto –le dije-, a tiempo pasado, te quiero comentar una anécdota: un día, cumpliendo las funciones que tenía en gobierno, recibí a un importante grupo de personas de San Martín de las Pirámides, quienes a gritos exigían que no se llevaran las Pirámides de Teotihuacán. ¿Cómo es eso? –les pregunté. Como lo oye, licenciado: el gobierno ha firmado un convenio para que dejen de ser de México; ¡no vamos a dejar que se las lleven! Haciendo acopio de mi memoria –que no es mucha- recordé que las Pirámides de Teotihuacán habían sido reconocidas por la UNESCO, hacía poco, como patrimonio de la humanidad. ¡Ah! Ya caigo, les dije…Cuando supieron la verdad y la trascendencia de tal reconocimiento, y de que sería, por el contrario, para proteger ese patrimonio, se fueron tranquilos.


Misael Romero Andrade / romeromisael68@gmail.com