/ viernes 22 de mayo de 2020

Regreso a clases

La pandemia por Covid-19 y el obligado confinamiento al que nos somete, desnudó las carencias del sistema educativo mexicano y profundiza cada día las desigualdades de una realidad donde muy pocos tienen a su alcance un espacio de armonía, acompañamiento y tecnología que les permita acceder a este derecho fundamental y transformador.

Se preserva la vida de una generación que a cambio pierde un espacio inmejorable para aprendizajes de tipo académico, socioemocionales y la guía de quienes tienen el tiempo, la aptitud y los conocimientos necesarios, a diferencia de los padres de familia que hoy fungimos como mediadores de esa labor irremplazable que es la docencia.

Ingresar al mundo de las nuevas tecnologías y la educación en línea, lamentablemente es una realidad para unos cuantos, pues hoy en los hogares mexicanos hay más personas que dispositivos a través de los cuales pueda enviarse o recibirse información; los recursos para garantizar conectividad a internet no existen o han desaparecido por el desempleo; los alumnos que viven con alguna discapacidad vuelven a quedar marginados de cualquier posibilidad escolar, aunado a que el encierro y las carencias económicas han generado condiciones adicionales de estrés y violencia entre las familias.

En casa, las familias y especialmente las mujeres sometidas a las triples jornadas de trabajo de siempre, pero ahora simultáneas, esperamos con ansias el regreso a la normalidad, aunque la realidad de una pandemia activa y la carencia de vacunas, nos exigirán mucha paciencia.

De acuerdo con un análisis de México Evalúa, realizado por Laura Herrera y Marco Fernández, reabrir las escuelas demasiado pronto implicaría poner en riesgo la salud de los estudiantes, profesores y de la población en general.

¿Las razones? De higiene y sana distancia, pues asegurar el lavado de manos es un reto para el 20% de los planteles de educación básica que no tienen agua potable; el 32% de las escuelas tienen disponible el vital líquido un par días a la semana, y un 23%, donde el agua se almacena en tambos u otro tipo de contenedor, con los riesgos sanitarios que conlleva, aunado a la falta de disponibilidad de jabón o gel antibacterial y la carencia del personal necesario para limpiar y desinfectar los 265,277 planteles del país.

Además, explican, garantizar una sana distancia de 1.6 metros entre alumnos implicaría clases con aulas sólo para 10 o 15 alumnos, la necesidad de disminuir contenidos de clases; intercalar días de asistencia; flexibilizar horarios de entrada y salida; mantener estrategias a distancia, evitando la aglomeración de pasillos y patios escolares y acondicionando espacios para retener a quienes presenten síntomas.

Herrera y Fernández advierten también sobre el riesgo de que un porcentaje de docentes deban ausentarse para preservar su salud si contraen coronavirus, las restricciones presupuestales para contratar personal interino y ni qué decir del acondicionamiento que requerirían las escuelas para cumplir protocolos de salud y atender las necesidades de personal docente, directivo y/o de salud, para el regreso a la escuela de 36 millones de estudiantes.

El camino de regreso a la escuela no será sencillo; requerimos un análisis riguroso del presupuesto educativo en diciembre próximo, para evitar ocurrencias sin sustento. El derecho a la vida, la salud y la educación, exigen a las autoridades definir qué hacer, pero también cómo y con qué.

*Diputada federal mexiquense.

@AnaLiliaHerrera

La pandemia por Covid-19 y el obligado confinamiento al que nos somete, desnudó las carencias del sistema educativo mexicano y profundiza cada día las desigualdades de una realidad donde muy pocos tienen a su alcance un espacio de armonía, acompañamiento y tecnología que les permita acceder a este derecho fundamental y transformador.

Se preserva la vida de una generación que a cambio pierde un espacio inmejorable para aprendizajes de tipo académico, socioemocionales y la guía de quienes tienen el tiempo, la aptitud y los conocimientos necesarios, a diferencia de los padres de familia que hoy fungimos como mediadores de esa labor irremplazable que es la docencia.

Ingresar al mundo de las nuevas tecnologías y la educación en línea, lamentablemente es una realidad para unos cuantos, pues hoy en los hogares mexicanos hay más personas que dispositivos a través de los cuales pueda enviarse o recibirse información; los recursos para garantizar conectividad a internet no existen o han desaparecido por el desempleo; los alumnos que viven con alguna discapacidad vuelven a quedar marginados de cualquier posibilidad escolar, aunado a que el encierro y las carencias económicas han generado condiciones adicionales de estrés y violencia entre las familias.

En casa, las familias y especialmente las mujeres sometidas a las triples jornadas de trabajo de siempre, pero ahora simultáneas, esperamos con ansias el regreso a la normalidad, aunque la realidad de una pandemia activa y la carencia de vacunas, nos exigirán mucha paciencia.

De acuerdo con un análisis de México Evalúa, realizado por Laura Herrera y Marco Fernández, reabrir las escuelas demasiado pronto implicaría poner en riesgo la salud de los estudiantes, profesores y de la población en general.

¿Las razones? De higiene y sana distancia, pues asegurar el lavado de manos es un reto para el 20% de los planteles de educación básica que no tienen agua potable; el 32% de las escuelas tienen disponible el vital líquido un par días a la semana, y un 23%, donde el agua se almacena en tambos u otro tipo de contenedor, con los riesgos sanitarios que conlleva, aunado a la falta de disponibilidad de jabón o gel antibacterial y la carencia del personal necesario para limpiar y desinfectar los 265,277 planteles del país.

Además, explican, garantizar una sana distancia de 1.6 metros entre alumnos implicaría clases con aulas sólo para 10 o 15 alumnos, la necesidad de disminuir contenidos de clases; intercalar días de asistencia; flexibilizar horarios de entrada y salida; mantener estrategias a distancia, evitando la aglomeración de pasillos y patios escolares y acondicionando espacios para retener a quienes presenten síntomas.

Herrera y Fernández advierten también sobre el riesgo de que un porcentaje de docentes deban ausentarse para preservar su salud si contraen coronavirus, las restricciones presupuestales para contratar personal interino y ni qué decir del acondicionamiento que requerirían las escuelas para cumplir protocolos de salud y atender las necesidades de personal docente, directivo y/o de salud, para el regreso a la escuela de 36 millones de estudiantes.

El camino de regreso a la escuela no será sencillo; requerimos un análisis riguroso del presupuesto educativo en diciembre próximo, para evitar ocurrencias sin sustento. El derecho a la vida, la salud y la educación, exigen a las autoridades definir qué hacer, pero también cómo y con qué.

*Diputada federal mexiquense.

@AnaLiliaHerrera

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