/ miércoles 8 de enero de 2020

Repique inocente | Blanco y negro


En esta entrega, quisiera darles a mis cuatro estimados y fieles lectores una idea acerca de lo que nos espera en este 2020. Algo que diera alguna certeza o luz sobre lo que nos viene en este año que comienza. Porque han de acordar con el arriba firmante que de lo único que estamos seguros es de que hay una gran incertidumbre. Suele pasar todos los años, pero en los tiempos que corren, la desinformación crece como la espuma.

Así que para tratar de vislumbrar el futuro, primero me concentré en un mantra de esos que recomiendan en internet —como supongo que hacen los que se llaman analistas de altos vuelos—. También hice uso de la baraja española: oros, bastos, copas y espadas, salieron en sucesivas manos una y otra vez. El tarot también pasó frente a mis ojos, con sus profundos arcanos y sus cartas terribles e incomprensibles. Intenté con las entrañas —método de adivinación respaldado por tiempos inmemoriales, pero ahora en desuso— y también con las runas. Le hice el intento a la bola de cristal, la lectura de café, la numerología, el horóscopo chino y las profecías de Nostradamus.

Atendí los programas de televisión donde sesudos personajes desmenuzan el acontecer cotidiano. Escuché los programas de radio de adivinos, que se supone que la Cofepris prohibe, todo con la esperanza de saber.

Naturalmente, recurrí a los expertos, incluyendo a videntes profesionales, brujos de Catemaco —viaje relámpago de por medio— y los esotéricos del Mercado 16.

Y estoy en posibilidad de decirles que nel pastel. Que no conseguí sacar en claro absolutamente nada.

Mientras unos decían que todo se iba directamente al carajo, otras fuentes señalaban que tenían “otros datos”, por lo que vamos a estar en Jauja. Se me dijo que como es el año de la rata de metal, será un año de equilibro y cambios radicales. Pero también que al terminar el año en cero, todo se quedará como está, aunque veremos como la balanza se inclina en uno de sus lados. hay presagios de que la economía no va a crecer ni un ápice. Y pronósticos de que que vendrán las inversiones a raudales. Aseguran que los políticos y gobernantes vivirán en la más plena de las armonías. Y que habrá una pugna monumental entre tirios y troyanos —léase, políticos de todos los partidos— por ver qué chicharrones truenan. Que habrá abrazos y no balazos. Que nos vienen hartos balazos sin abrazos.

Que la guerra se acerca por el rumbo del medio oriente. Y también que el medio oriente es pura baba de perico.

Blanco y negro. Negro y blanco. Dicen y desdicen.

Nada en claro, puras señales encontradas.

Es decir, que mis intenciones se han ido directamente al fondo del pozo de los deseos. Habrán de disculpar. Ni siquiera los borreguitos de la abundancia tuvieron algún signo claro de lo que está por venir.

No sé si será porque es año bisiesto o porque es el año de Leona Vicario, pero ¡nanay! Todo es tan nebuloso, que no hay dos pronósticos semejantes.

No es año electoral, pero ni hace falta, porque la pugna por el poder se ha vuelto permanente, sórdida y torcida.

Todo parece indicar que será uno de esos años en los que habrá que estar a las vivas, para que no lo agarren a uno con las manos en la puerta. Desde luego, eso no es nada que no sepamos hacer los mexicanos de a pie: lo nuestro es andar a salto de mata. Acostumbrados a estar en el filo de la navaja.


Director del noticiario Así Sucede de Grupo Acir Toluca.

Mail: felgonre@gmail.com. Twitter: @FelipeGlz.


En esta entrega, quisiera darles a mis cuatro estimados y fieles lectores una idea acerca de lo que nos espera en este 2020. Algo que diera alguna certeza o luz sobre lo que nos viene en este año que comienza. Porque han de acordar con el arriba firmante que de lo único que estamos seguros es de que hay una gran incertidumbre. Suele pasar todos los años, pero en los tiempos que corren, la desinformación crece como la espuma.

Así que para tratar de vislumbrar el futuro, primero me concentré en un mantra de esos que recomiendan en internet —como supongo que hacen los que se llaman analistas de altos vuelos—. También hice uso de la baraja española: oros, bastos, copas y espadas, salieron en sucesivas manos una y otra vez. El tarot también pasó frente a mis ojos, con sus profundos arcanos y sus cartas terribles e incomprensibles. Intenté con las entrañas —método de adivinación respaldado por tiempos inmemoriales, pero ahora en desuso— y también con las runas. Le hice el intento a la bola de cristal, la lectura de café, la numerología, el horóscopo chino y las profecías de Nostradamus.

Atendí los programas de televisión donde sesudos personajes desmenuzan el acontecer cotidiano. Escuché los programas de radio de adivinos, que se supone que la Cofepris prohibe, todo con la esperanza de saber.

Naturalmente, recurrí a los expertos, incluyendo a videntes profesionales, brujos de Catemaco —viaje relámpago de por medio— y los esotéricos del Mercado 16.

Y estoy en posibilidad de decirles que nel pastel. Que no conseguí sacar en claro absolutamente nada.

Mientras unos decían que todo se iba directamente al carajo, otras fuentes señalaban que tenían “otros datos”, por lo que vamos a estar en Jauja. Se me dijo que como es el año de la rata de metal, será un año de equilibro y cambios radicales. Pero también que al terminar el año en cero, todo se quedará como está, aunque veremos como la balanza se inclina en uno de sus lados. hay presagios de que la economía no va a crecer ni un ápice. Y pronósticos de que que vendrán las inversiones a raudales. Aseguran que los políticos y gobernantes vivirán en la más plena de las armonías. Y que habrá una pugna monumental entre tirios y troyanos —léase, políticos de todos los partidos— por ver qué chicharrones truenan. Que habrá abrazos y no balazos. Que nos vienen hartos balazos sin abrazos.

Que la guerra se acerca por el rumbo del medio oriente. Y también que el medio oriente es pura baba de perico.

Blanco y negro. Negro y blanco. Dicen y desdicen.

Nada en claro, puras señales encontradas.

Es decir, que mis intenciones se han ido directamente al fondo del pozo de los deseos. Habrán de disculpar. Ni siquiera los borreguitos de la abundancia tuvieron algún signo claro de lo que está por venir.

No sé si será porque es año bisiesto o porque es el año de Leona Vicario, pero ¡nanay! Todo es tan nebuloso, que no hay dos pronósticos semejantes.

No es año electoral, pero ni hace falta, porque la pugna por el poder se ha vuelto permanente, sórdida y torcida.

Todo parece indicar que será uno de esos años en los que habrá que estar a las vivas, para que no lo agarren a uno con las manos en la puerta. Desde luego, eso no es nada que no sepamos hacer los mexicanos de a pie: lo nuestro es andar a salto de mata. Acostumbrados a estar en el filo de la navaja.


Director del noticiario Así Sucede de Grupo Acir Toluca.

Mail: felgonre@gmail.com. Twitter: @FelipeGlz.

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