/ miércoles 13 de enero de 2021

Repique Inocente | Cacerolazo

La pandemia de Covid-19 ha dejado en la ruina a miles de empresas y sin ingresos a decenas de miles de personas. Los restaurantes se encuentran entre los que han pagado costos más altos. Su llamado de auxilio se grita al golpe hueco de las cazuelas y los sartenes.

Los garroteros, meseros, capitanes, cocineros, ayudantes, anfitriones y propietarios salieron de sus restaurantes con sartenes en mano a protestar. Hicieron sonar las cacerolas hasta el rincón más recóndito del palacio de gobierno en Toluca La Fría —también conocida como Gelidonia, según el escritor José Luis Herrera Arciniega—.

Pocos, pero escandalosos, cansados de permanecer cerrados durante meses, los restauranteros son la punta del iceberg del desastre que ocurre en el sector empresarial del estado de México. Esta rama de la actividad económica asegura que se han cerrado negocios y que se han perdido miles de empleos.

Los datos del Instituto Mexicano de Seguro Social indican que hasta noviembre de 2020 se habían perdido 7 mil 335 empleos formales permanentes en la economía mexiquense, en comparación con las cifras de empleo del cierre de 2019.

Pero si consideramos que en marzo de 2020 había un millón 373 mil trabajadores asegurados ante el IMSS, a lo largo de la pandemia fueron despedidos de su empleo 16 mil 500 trabajadores mexiquenses.

La pandemia de Covid-19 ha hecho estragos de muy padre y señor mío en materia económica. Agarró parejo en las empresas y en las familias, dejando sin fuente de ingresos a miles y miles de personas. Otras tantas han perdido una parte de sus ingresos, porque las empresas que no despidieron empleados, recortaron los salarios de sus colaboradores.

Ahí están también los trabajadores independientes, artistas, verificentros, cines, teatros, bares, escuelas privadas, inmobiliarias, hoteles y hasta los emprendedores. Si pensamos en que 90 por ciento de las empresas en México son pequeñas y medianas, muchas de ellas pasan por sus últimos días, aunque algunas han sabido “pivotear” para encauzar su negocio a la oportunidad que representaba la pandemia. Pero son las menos, porque el modelo empresarial más frecuente en México imposibilita generar ahorros y capitales de reserva.

El cacerolazo no fue tan voluminoso como se esperaba. Tampoco la rebelión que anunciaron algunas cadenas de restaurantes, porque a pesar de todo saben que puede salir “más caro el caldo que las albóndigas”. Y en el fondo esperan que el semáforo rojo no se prolongue más allá del 17 de enero —el arriba firmante lamenta informar que el porcentaje de ocupación hospitalaria sigue por encima del 80 por ciento—. En cualquier caso, será la economía formal la que cargue con los costos de la pandemia. La economía que se desarrolla al margen de la legalidad persiste y se multiplica en las calles, con semáforo rojo o de cualquier color.

Si las restricciones persisten durante mucho tiempo, muchas empresas formales “rodarán sin puntilla”, fulminadas. La faena de resistir 10 meses ha tenido costos altísimos, que se prolongarán durante un par de años para quienes sobrevivan.

No hay evidencia de que cerrar restaurantes, parques, espacios deportivos y otros sectores no esenciales haya suscitado una disminución en el ritmo de contagios. El golpe hueco de las cacerolas es el gesto apremiante de la falta de oxígeno que demanda una respuesta inexcusable.

***

Director del noticiario Así Sucede de Grupo Acir Toluca.

Mail: felgonre@gmail.com. Twitter: @FelipeGlz.

La pandemia de Covid-19 ha dejado en la ruina a miles de empresas y sin ingresos a decenas de miles de personas. Los restaurantes se encuentran entre los que han pagado costos más altos. Su llamado de auxilio se grita al golpe hueco de las cazuelas y los sartenes.

Los garroteros, meseros, capitanes, cocineros, ayudantes, anfitriones y propietarios salieron de sus restaurantes con sartenes en mano a protestar. Hicieron sonar las cacerolas hasta el rincón más recóndito del palacio de gobierno en Toluca La Fría —también conocida como Gelidonia, según el escritor José Luis Herrera Arciniega—.

Pocos, pero escandalosos, cansados de permanecer cerrados durante meses, los restauranteros son la punta del iceberg del desastre que ocurre en el sector empresarial del estado de México. Esta rama de la actividad económica asegura que se han cerrado negocios y que se han perdido miles de empleos.

Los datos del Instituto Mexicano de Seguro Social indican que hasta noviembre de 2020 se habían perdido 7 mil 335 empleos formales permanentes en la economía mexiquense, en comparación con las cifras de empleo del cierre de 2019.

Pero si consideramos que en marzo de 2020 había un millón 373 mil trabajadores asegurados ante el IMSS, a lo largo de la pandemia fueron despedidos de su empleo 16 mil 500 trabajadores mexiquenses.

La pandemia de Covid-19 ha hecho estragos de muy padre y señor mío en materia económica. Agarró parejo en las empresas y en las familias, dejando sin fuente de ingresos a miles y miles de personas. Otras tantas han perdido una parte de sus ingresos, porque las empresas que no despidieron empleados, recortaron los salarios de sus colaboradores.

Ahí están también los trabajadores independientes, artistas, verificentros, cines, teatros, bares, escuelas privadas, inmobiliarias, hoteles y hasta los emprendedores. Si pensamos en que 90 por ciento de las empresas en México son pequeñas y medianas, muchas de ellas pasan por sus últimos días, aunque algunas han sabido “pivotear” para encauzar su negocio a la oportunidad que representaba la pandemia. Pero son las menos, porque el modelo empresarial más frecuente en México imposibilita generar ahorros y capitales de reserva.

El cacerolazo no fue tan voluminoso como se esperaba. Tampoco la rebelión que anunciaron algunas cadenas de restaurantes, porque a pesar de todo saben que puede salir “más caro el caldo que las albóndigas”. Y en el fondo esperan que el semáforo rojo no se prolongue más allá del 17 de enero —el arriba firmante lamenta informar que el porcentaje de ocupación hospitalaria sigue por encima del 80 por ciento—. En cualquier caso, será la economía formal la que cargue con los costos de la pandemia. La economía que se desarrolla al margen de la legalidad persiste y se multiplica en las calles, con semáforo rojo o de cualquier color.

Si las restricciones persisten durante mucho tiempo, muchas empresas formales “rodarán sin puntilla”, fulminadas. La faena de resistir 10 meses ha tenido costos altísimos, que se prolongarán durante un par de años para quienes sobrevivan.

No hay evidencia de que cerrar restaurantes, parques, espacios deportivos y otros sectores no esenciales haya suscitado una disminución en el ritmo de contagios. El golpe hueco de las cacerolas es el gesto apremiante de la falta de oxígeno que demanda una respuesta inexcusable.

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Director del noticiario Así Sucede de Grupo Acir Toluca.

Mail: felgonre@gmail.com. Twitter: @FelipeGlz.

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