/ miércoles 17 de junio de 2020

Repique inocente | La bicla

Ustedes, mis estimados cuatro lectores, que son personas informadas, seguramente ya saben que un colectivo de organizaciones sociales promotoras de la bicicleta tuvieron a bien entregar a la Secretaría de Movilidad una propuesta para crear una red de seis ciclovías que conecten Toluca, Metepec y Zinacantepec.

Si no lo saben, pues entérense: el colectivo de colectivos plantea la creación de carriles para bicicletas en una decena de vialidades entre las que se incluyen Paseo Tollocan —un tramo ya tiene un carril para bicicletas— y Las Torres, que son vías intermunicipales, así como avenida Tecnológico y avenida Estado de México en Metepec. Adolfo López Mateos para conectar con Zinacantepec. Lerdo de Tejada, Miguel Hidalgo, Isidro Fabela, Morelos, Pino Suárez y Alfredo de Mazo, en Toluca, entre otras.

El plan suena bonito. Una chulada, cuyo argumento central es que la bicicleta es un medio de movilidad seguro en esta epidemia de COVID-19, en comparación con los riesgos inherentes al transporte en autobús y taxi.

Digo que el plan suena bonito porque en muchas ciudades modernas en el mundo —o por lo menos aspirantes a mothernas— la bicla es un medio de movilidad ampliamente socorrido y valorado. Cosa que en el valle de Toluca no ocurre: el dato duro más reciente procede del año 2014, cuando el Centro Mario Molina elaboró un documento denominado “Estudio del Sistema Integral de Movilidad Sustentable para el Valle de Toluca”, por el que debe haber cobrado una buena lana… pero al margen del costo del estudio, el dato es que hace seis años sólo 2 por ciento de los traslados en la región se hacían en bicicleta, contra un 59 por ciento en autobuses de pasajeros, un 17 por ciento en automóviles particulares, un 11 por ciento en taxis colectivos —esos que no existen para la Secretaría de Movilidad—, un 5 por ciento a pata y 3 por ciento en taxi exclusivo.

El estudio no se ocupa mayormente de la bicicleta como movilidad alternativa. Si acaso para decir que tiene una aceptación de 91 por ciento de sus usuarios y que es descrita como un sistema “muy flexible y económico” pero también el más vulnerable a accidentes. Sobre ciclovías, sólo señala que había 14 kilómetros —la mayor parte en Paseo Tollocan—, de modo que elevar el porcentaje de los viajes no motorizados “dependerá de ampliar… las ciclovías actuales a partir de una red de infraestructura ciclista regional”.

Pero también que “en un escenario de infraestructura ciclista adecuado, 26 por ciento de la población consideraría realizar un viaje al centro de la ciudad en bicicleta”. Muy bien y tan, tan. Ninguna recomendación seria o formal.

Esos datos son de sobra conocidos por los funcionarios que han pasado por la Secretaría de Movilidad y probablemente también por los ayuntamientos de la región. Pero no se ha hecho nada por alentar la movilidad en bicicleta. Más allá de unos kilómetros de ciclovía en Toluca, inaugurada en 2013 —hace casi siete años— y otros tantos en San Mateo Atenco puestos en marcha hace un lustro, la infraestructura para el transporte en bicicleta es un sueño, rodeado de buenas intenciones. Huizi, por ejemplo, el sistema de bicicleta pública de Toluca, se quedó encerrado en el centro, inútil más allá de unas cuantas cuadras y de un tiempo determinado. El préstamo de bicicletas que se ensayó en la administración de Fernando Zamora tampoco fue cosa del otro mundo.

Pareciera que la propuesta de más ciclovías y más bicicletas choca contra la antigua idea negativa acerca del “pueblo bicicletero”. Aunque el valle de Toluca sí necesita más carriles para bicicletas y un distinto y más amplio sistema de bicicleta pública.

***

Director del noticiario Así Sucede de Grupo Acir Toluca.

Mail: felgonre@gmail.com. Twitter: @FelipeGlz.


Ustedes, mis estimados cuatro lectores, que son personas informadas, seguramente ya saben que un colectivo de organizaciones sociales promotoras de la bicicleta tuvieron a bien entregar a la Secretaría de Movilidad una propuesta para crear una red de seis ciclovías que conecten Toluca, Metepec y Zinacantepec.

Si no lo saben, pues entérense: el colectivo de colectivos plantea la creación de carriles para bicicletas en una decena de vialidades entre las que se incluyen Paseo Tollocan —un tramo ya tiene un carril para bicicletas— y Las Torres, que son vías intermunicipales, así como avenida Tecnológico y avenida Estado de México en Metepec. Adolfo López Mateos para conectar con Zinacantepec. Lerdo de Tejada, Miguel Hidalgo, Isidro Fabela, Morelos, Pino Suárez y Alfredo de Mazo, en Toluca, entre otras.

El plan suena bonito. Una chulada, cuyo argumento central es que la bicicleta es un medio de movilidad seguro en esta epidemia de COVID-19, en comparación con los riesgos inherentes al transporte en autobús y taxi.

Digo que el plan suena bonito porque en muchas ciudades modernas en el mundo —o por lo menos aspirantes a mothernas— la bicla es un medio de movilidad ampliamente socorrido y valorado. Cosa que en el valle de Toluca no ocurre: el dato duro más reciente procede del año 2014, cuando el Centro Mario Molina elaboró un documento denominado “Estudio del Sistema Integral de Movilidad Sustentable para el Valle de Toluca”, por el que debe haber cobrado una buena lana… pero al margen del costo del estudio, el dato es que hace seis años sólo 2 por ciento de los traslados en la región se hacían en bicicleta, contra un 59 por ciento en autobuses de pasajeros, un 17 por ciento en automóviles particulares, un 11 por ciento en taxis colectivos —esos que no existen para la Secretaría de Movilidad—, un 5 por ciento a pata y 3 por ciento en taxi exclusivo.

El estudio no se ocupa mayormente de la bicicleta como movilidad alternativa. Si acaso para decir que tiene una aceptación de 91 por ciento de sus usuarios y que es descrita como un sistema “muy flexible y económico” pero también el más vulnerable a accidentes. Sobre ciclovías, sólo señala que había 14 kilómetros —la mayor parte en Paseo Tollocan—, de modo que elevar el porcentaje de los viajes no motorizados “dependerá de ampliar… las ciclovías actuales a partir de una red de infraestructura ciclista regional”.

Pero también que “en un escenario de infraestructura ciclista adecuado, 26 por ciento de la población consideraría realizar un viaje al centro de la ciudad en bicicleta”. Muy bien y tan, tan. Ninguna recomendación seria o formal.

Esos datos son de sobra conocidos por los funcionarios que han pasado por la Secretaría de Movilidad y probablemente también por los ayuntamientos de la región. Pero no se ha hecho nada por alentar la movilidad en bicicleta. Más allá de unos kilómetros de ciclovía en Toluca, inaugurada en 2013 —hace casi siete años— y otros tantos en San Mateo Atenco puestos en marcha hace un lustro, la infraestructura para el transporte en bicicleta es un sueño, rodeado de buenas intenciones. Huizi, por ejemplo, el sistema de bicicleta pública de Toluca, se quedó encerrado en el centro, inútil más allá de unas cuantas cuadras y de un tiempo determinado. El préstamo de bicicletas que se ensayó en la administración de Fernando Zamora tampoco fue cosa del otro mundo.

Pareciera que la propuesta de más ciclovías y más bicicletas choca contra la antigua idea negativa acerca del “pueblo bicicletero”. Aunque el valle de Toluca sí necesita más carriles para bicicletas y un distinto y más amplio sistema de bicicleta pública.

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Director del noticiario Así Sucede de Grupo Acir Toluca.

Mail: felgonre@gmail.com. Twitter: @FelipeGlz.


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