/ miércoles 10 de febrero de 2021

Repique inocente | La plataforma abierta


Las benditas redes sociales. Tan queridas y tan odiadas.

Los mexicanos de a pie hemos tenido acceso a más datos e información, a comunicaciones sin obstáculos y a la posibilidad de conformar grupos en torno a ideas o intereses afines.

La voluntad de cada usuario, su autonomía e independencia le permiten hacer lo que se le pegue su regalada gana, pues la internet es un espacio sin territorios y espontáneo.

En las redes sociales —o sociodigitales, prefieren decir algunos académicos bien sesudos— es posible esgrimir la mayor capacidad de derecho a la libertad de expresión, el poder de elección y hasta un espacio de autodeterminación. Es decir, el ejercicio de la libertad en la mayor de sus expresiones, gracias a la arquitectura de la red, cuya gobernanza se concibió sin un eje central.

Esa libertad de uso y de acceso han permitido destapar cualquier cantidad de actitudes y acciones cuestionables de quienes están en el ejercicio del poder o de la administración pública. Cosa que es de agradecerse.

Ahí donde hay un teléfono celular con una cámara y una conexión a la internet es posible acceder, en vivo y en directo, a acontecimientos noticiosos. Aunque también a hediondos ejercicios de celebridad fugaz.

Esta semana, por ejemplo, dos funcionarios públicos de alto rango del Instituto de Salud del Estado de México —cuyos nombres no diré, pero se trata de Carlos Aranza Doniz y José Fernando Gil García— fueron destituidos tras ser captados mientras asistían al juego del campeonato de la Liga Nacional de Futbol Americano de Estados Unidos —Super Bowl y NFL, para los anglófilos— en la ciudad de Tampa, Florida.

También esta semana fue posible observar la inoperancia de la policía mientras sucedió una balacera en Zapopan, Jalisco.

Las benditas redes sociales han puesto en evidencia los abusos y comportamientos nocivos.

En internet el ciudadano de a pie es capaz de publicar opiniones, comunicarse sin restricciones y gestar comunidades: la libertad en la internet floreció y se extendió.

Pero en una relación directamente proporcional al crecimiento de las capacidades de los ciudadanos, aumentaron las fuerzas que han intentado la regulación y posesión de la telaraña mundial, al grado de impulsar controles para atenazar una plataforma naturalmente abierta.

Ahí está la propuesta del senador Ricardo Monreal, que pretende que Twitter, Facebook, Instagram o YouTube se sujeten a la voluntad de un organismo gubernamental mexicano. No vaya a ser que le cancelen la cuenta a un usuario prominente, como el presidente de la república. Esas presiones militares, de inteligencia o comerciales persiguen en México lo mismo que han intentado en otros lugares en el mundo: el establecimiento de límites, filtros, vigilancia y censura a una especie de organismo vivo.

Monreal y Morena quieren someter a sus intereses a entidades para las que la sola firma de sus términos y condiciones te sujeta a sus reglas particulares.

Cualquier cosa que se publica en redes sociales y en internet pasa a ser parte del conocimiento público. Aunque muchas empresas tienen sus propios “territorios”, con sus reglas y límites. Lo mismo que regímenes totalitarios. Muchos quisieran ahogar el intercambio democrático de ideas y contenidos, por ser contrarios a sus intereses políticos o económicos.

Ahí les encargo cualquier intento de control. Por la vía legal. Por la económica. Por medio de la asfixia para coaccionar los contenidos de la red a su conveniencia.

Pero Internet y las redes sociales ya se han enraizado en el imaginario colectivo como una red de naturaleza libre y libertaria, difícil de controlar y convertida en plataforma democrática. Aunque a algunos les pese mucho.

***

Director del noticiario Así Sucede de Grupo Acir Toluca.

Mail: felgonre@gmail.com. Twitter: @FelipeGlz.


Las benditas redes sociales. Tan queridas y tan odiadas.

Los mexicanos de a pie hemos tenido acceso a más datos e información, a comunicaciones sin obstáculos y a la posibilidad de conformar grupos en torno a ideas o intereses afines.

La voluntad de cada usuario, su autonomía e independencia le permiten hacer lo que se le pegue su regalada gana, pues la internet es un espacio sin territorios y espontáneo.

En las redes sociales —o sociodigitales, prefieren decir algunos académicos bien sesudos— es posible esgrimir la mayor capacidad de derecho a la libertad de expresión, el poder de elección y hasta un espacio de autodeterminación. Es decir, el ejercicio de la libertad en la mayor de sus expresiones, gracias a la arquitectura de la red, cuya gobernanza se concibió sin un eje central.

Esa libertad de uso y de acceso han permitido destapar cualquier cantidad de actitudes y acciones cuestionables de quienes están en el ejercicio del poder o de la administración pública. Cosa que es de agradecerse.

Ahí donde hay un teléfono celular con una cámara y una conexión a la internet es posible acceder, en vivo y en directo, a acontecimientos noticiosos. Aunque también a hediondos ejercicios de celebridad fugaz.

Esta semana, por ejemplo, dos funcionarios públicos de alto rango del Instituto de Salud del Estado de México —cuyos nombres no diré, pero se trata de Carlos Aranza Doniz y José Fernando Gil García— fueron destituidos tras ser captados mientras asistían al juego del campeonato de la Liga Nacional de Futbol Americano de Estados Unidos —Super Bowl y NFL, para los anglófilos— en la ciudad de Tampa, Florida.

También esta semana fue posible observar la inoperancia de la policía mientras sucedió una balacera en Zapopan, Jalisco.

Las benditas redes sociales han puesto en evidencia los abusos y comportamientos nocivos.

En internet el ciudadano de a pie es capaz de publicar opiniones, comunicarse sin restricciones y gestar comunidades: la libertad en la internet floreció y se extendió.

Pero en una relación directamente proporcional al crecimiento de las capacidades de los ciudadanos, aumentaron las fuerzas que han intentado la regulación y posesión de la telaraña mundial, al grado de impulsar controles para atenazar una plataforma naturalmente abierta.

Ahí está la propuesta del senador Ricardo Monreal, que pretende que Twitter, Facebook, Instagram o YouTube se sujeten a la voluntad de un organismo gubernamental mexicano. No vaya a ser que le cancelen la cuenta a un usuario prominente, como el presidente de la república. Esas presiones militares, de inteligencia o comerciales persiguen en México lo mismo que han intentado en otros lugares en el mundo: el establecimiento de límites, filtros, vigilancia y censura a una especie de organismo vivo.

Monreal y Morena quieren someter a sus intereses a entidades para las que la sola firma de sus términos y condiciones te sujeta a sus reglas particulares.

Cualquier cosa que se publica en redes sociales y en internet pasa a ser parte del conocimiento público. Aunque muchas empresas tienen sus propios “territorios”, con sus reglas y límites. Lo mismo que regímenes totalitarios. Muchos quisieran ahogar el intercambio democrático de ideas y contenidos, por ser contrarios a sus intereses políticos o económicos.

Ahí les encargo cualquier intento de control. Por la vía legal. Por la económica. Por medio de la asfixia para coaccionar los contenidos de la red a su conveniencia.

Pero Internet y las redes sociales ya se han enraizado en el imaginario colectivo como una red de naturaleza libre y libertaria, difícil de controlar y convertida en plataforma democrática. Aunque a algunos les pese mucho.

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Director del noticiario Así Sucede de Grupo Acir Toluca.

Mail: felgonre@gmail.com. Twitter: @FelipeGlz.

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