/ miércoles 6 de octubre de 2021

Repique inocente | Las “lluvias atípicas”

Una vez que revisé la lista de los Pandora Papers y tuve la desilusión de no encontrar mi nombre —nunca se sabe si uno tiene una cuenta bancaria en un paraíso fiscal—, me dedique con acuciosidad a pergeñar unos teclazos para cumplir en tiempo y forma con esta media plana.

Y fue entonces, de esas cosas que uno tiene una súbita iluminación, que descubrí que el autor de la descripción que a la letra denomina las lluvias como “atípicas” debería tener un monumento, a costa de todos los políticos y funcionarios públicos que han utilizado la pueril expresión para cubrirse las espaldas, escurrir el bulto y salir del paso de la evidencia de su ineptitud.

La sujeta o sujeto, asesor o asesora, que haya inventado lo de las “lluvias atípicas” debería salir del anonimato y con orgullo exhibir la prenda de su ingenio.

Porque en esta época de aguaceros se acabaron los funcionarios tarugos y los gobernantes paralelípedos —ya sé que no tiene que ver, pero suena bien chido— desde que cualquier problema relacionado con una tormenta puede justificarse haciendo alusión a las “lluvias atípicas”.

Porque cualquiera con tres dedos de frente sabe que la temporada de lluvias en esta región dura alrededor de seis meses. Y que temporada de lluvias significa que un día llueve y el otro también. Unos días fuerte, otros ligero. A veces caen unas tormentas de muy padre y señor mío y otros días hay un chipi-chipi que se prolonga por horas. En la noble tarea de buscarle tres pies al gato, apareció por obra y gracia del altísimo la concepción de las “lluvias atípicas” y —bendito sea— se quedó como coartada gubernamental.

Me imagino al rey sumerio Ubara-Tutu justificando ante su pueblo su falta de acción y alegando que el diluvio universal se trataba de unas “lluvias atípicas”, mientras Noé se embarcaba con todo y animales en la famosa arca.

Nomás que acá no hay arca ni Noé. Sí unos cuantos animales. Y sus propietarios, claro, padeciendo año tras año el mismo problema. Hoy porque no se limpiaron los canales. Ayer porque no se elevaron los bordos. Antier porque los servicios de limpia no levantaron la basura. Y antes porque algún indolente permitió los asentamientos humanos en zonas inundables. O en zonas de riesgo de deslave o desprendimiento de rocas. O a unos metros de la ribera del río, arroyo o canal.

***

Acuso de recibo el comentario del periodista Pedro Eric Fuentes, a propósito de lo publicado aquí la semana anterior. A falta de espacio, esta idea del también comentarista televisivo: “Cuando en los tres órdenes de gobierno ejerzan y cumplimenten el derecho a la cultura física, deporte, aporten mejores infraestructuras, acerquen el deporte social, masivo, se intensifiquen los esquemas de detección de talentos, se instrumenten mecanismos de sustentabilidad y lo mejor del caso, se promueva, se fomente y se consolide la idea de que el deporte es vida y salud, entonces, sólo entonces, el rescate, validez y trascendencia del deporte de la calle, de las instituciones públicas, de los clubes privados, y otros, arropará y dará como resultado mejores personas, deportistas, atletas, entrenadores, dirigentes…”

***

Director del noticiario Así Sucede de Grupo Acir Toluca.

Mail: felgonre@gmail.com. Twitter: @FelipeGlz.

Una vez que revisé la lista de los Pandora Papers y tuve la desilusión de no encontrar mi nombre —nunca se sabe si uno tiene una cuenta bancaria en un paraíso fiscal—, me dedique con acuciosidad a pergeñar unos teclazos para cumplir en tiempo y forma con esta media plana.

Y fue entonces, de esas cosas que uno tiene una súbita iluminación, que descubrí que el autor de la descripción que a la letra denomina las lluvias como “atípicas” debería tener un monumento, a costa de todos los políticos y funcionarios públicos que han utilizado la pueril expresión para cubrirse las espaldas, escurrir el bulto y salir del paso de la evidencia de su ineptitud.

La sujeta o sujeto, asesor o asesora, que haya inventado lo de las “lluvias atípicas” debería salir del anonimato y con orgullo exhibir la prenda de su ingenio.

Porque en esta época de aguaceros se acabaron los funcionarios tarugos y los gobernantes paralelípedos —ya sé que no tiene que ver, pero suena bien chido— desde que cualquier problema relacionado con una tormenta puede justificarse haciendo alusión a las “lluvias atípicas”.

Porque cualquiera con tres dedos de frente sabe que la temporada de lluvias en esta región dura alrededor de seis meses. Y que temporada de lluvias significa que un día llueve y el otro también. Unos días fuerte, otros ligero. A veces caen unas tormentas de muy padre y señor mío y otros días hay un chipi-chipi que se prolonga por horas. En la noble tarea de buscarle tres pies al gato, apareció por obra y gracia del altísimo la concepción de las “lluvias atípicas” y —bendito sea— se quedó como coartada gubernamental.

Me imagino al rey sumerio Ubara-Tutu justificando ante su pueblo su falta de acción y alegando que el diluvio universal se trataba de unas “lluvias atípicas”, mientras Noé se embarcaba con todo y animales en la famosa arca.

Nomás que acá no hay arca ni Noé. Sí unos cuantos animales. Y sus propietarios, claro, padeciendo año tras año el mismo problema. Hoy porque no se limpiaron los canales. Ayer porque no se elevaron los bordos. Antier porque los servicios de limpia no levantaron la basura. Y antes porque algún indolente permitió los asentamientos humanos en zonas inundables. O en zonas de riesgo de deslave o desprendimiento de rocas. O a unos metros de la ribera del río, arroyo o canal.

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Acuso de recibo el comentario del periodista Pedro Eric Fuentes, a propósito de lo publicado aquí la semana anterior. A falta de espacio, esta idea del también comentarista televisivo: “Cuando en los tres órdenes de gobierno ejerzan y cumplimenten el derecho a la cultura física, deporte, aporten mejores infraestructuras, acerquen el deporte social, masivo, se intensifiquen los esquemas de detección de talentos, se instrumenten mecanismos de sustentabilidad y lo mejor del caso, se promueva, se fomente y se consolide la idea de que el deporte es vida y salud, entonces, sólo entonces, el rescate, validez y trascendencia del deporte de la calle, de las instituciones públicas, de los clubes privados, y otros, arropará y dará como resultado mejores personas, deportistas, atletas, entrenadores, dirigentes…”

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Director del noticiario Así Sucede de Grupo Acir Toluca.

Mail: felgonre@gmail.com. Twitter: @FelipeGlz.

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