/ miércoles 4 de mayo de 2022

Repique inocente | Los diablos

La afición al Club Deportivo Toluca está sumamente enchilada. No los calienta ni el sol. Mucho menos el infierno.

El arriba firmante aclara que no es aficionado del Deportivo Toluca. Así que los que tengan la sensación de que se trata de un advenedizo, un sujeto que no es opción legítima para opinar sobre los choriceros, pueden seguir adelante. Están en todo su derecho de irse derechito a la siguiente página o columna de esta gustada sección.

Los que no tengan nada mejor que hacer o quieran enterarse que va a decir este inopinado interesado en los diablos, ya deben estar en estas líneas.

He tenido la oportunidad de escuchar a aficionados del Toluca —iba a decir docenas, pero sería una exageración— quejarse de la mala temporada que han tenido los choriceros. Que si no habían caído tan bajo. Que si el equipo da vergüenza. Que si la directiva no da pie con bola. Que si los jugadores se la pasan más preocupados por su siguiente tatuaje —o corte de pelo— que por jugar bien. Que si el técnico no ha estado a la altura del equipo. Que si la afición es demasiado blanda. Que le están viendo la cara al dueño del Deportivo Toluca. Que si ya van 24 torneos sin levantar un trofeo.

Esto, aquello y lo de más allá. El caso es que nadie está contento con el desempeño de esta temporada. El Toluca quedó en el lugar 15 de la tabla general, con cinco partidos ganados, cuatro empatados y ocho perdidos. Con 21 goles a favor y 36 en contra —fue el equipo que más goles recibió en todo el torneo—. Antepenúltimo lugar en la tabla de cocientes y condenado a pagar una multa millonaria por sus malos resultados.

Aunque han pasado más de 10 años del último trofeo, los aficionados todavía parecen acostumbrados a una historia de campeonatos. La crisis del Toluca ya es prolongada. Se ha recurrido a viejas glorias del equipo, a entrenadores triunfadores con los diablos, a técnicos con una reputación de ganadores, a futbolistas reclamados por la afición, a novatos de la cantera toluqueña, a cambiar la directiva, y nada ha traído como resultado otro campeonato. Desde luego, lo que más molesta es ver a un Toluca que aparenta ir en un tobogán.

Y mientras los jugadores sean tratados entre algodones, no cambiarán las cosas. El Deportivo Toluca es una institución en donde basta con que el jugador se pare en campo de entrenamiento para que su salario esté garantizado: no importa si gana, empata o pierde. No le pagan en función de resultados. Tampoco está obligado a promover al equipo, que además no hace obra social o altruista. El jugador no se conecta con la sociedad y la directiva, menos. A muchos jugadores los reconocen en los tugurios pero no se les ve en escuelas o empresas, promoviendo y creando afición. Nada de firmas de autógrafos. Nada de mercadotecnia. El trato a la prensa es de desdén y ya ni tiene acceso a los entrenamientos, como en cualquier otro equipo profesional.

El Toluca de hoy ha dejado insatisfechos a sus aficionados. Unos demandan una limpia de jugadores. Otros cambiar al técnico. O a la directiva. He escuchado que por unanimidad se pide que el propietario, Valetín Diez, se involucre en el equipo. Unos pocos están resignados a esperar un milagro, porque el diablo ya no asusta ni en el mismísimo infierno.

***

Director del noticiario Así Sucede de Grupo Acir Toluca.

Mail: felgonre@gmail.com. Twitter: @FelipeGlz.

La afición al Club Deportivo Toluca está sumamente enchilada. No los calienta ni el sol. Mucho menos el infierno.

El arriba firmante aclara que no es aficionado del Deportivo Toluca. Así que los que tengan la sensación de que se trata de un advenedizo, un sujeto que no es opción legítima para opinar sobre los choriceros, pueden seguir adelante. Están en todo su derecho de irse derechito a la siguiente página o columna de esta gustada sección.

Los que no tengan nada mejor que hacer o quieran enterarse que va a decir este inopinado interesado en los diablos, ya deben estar en estas líneas.

He tenido la oportunidad de escuchar a aficionados del Toluca —iba a decir docenas, pero sería una exageración— quejarse de la mala temporada que han tenido los choriceros. Que si no habían caído tan bajo. Que si el equipo da vergüenza. Que si la directiva no da pie con bola. Que si los jugadores se la pasan más preocupados por su siguiente tatuaje —o corte de pelo— que por jugar bien. Que si el técnico no ha estado a la altura del equipo. Que si la afición es demasiado blanda. Que le están viendo la cara al dueño del Deportivo Toluca. Que si ya van 24 torneos sin levantar un trofeo.

Esto, aquello y lo de más allá. El caso es que nadie está contento con el desempeño de esta temporada. El Toluca quedó en el lugar 15 de la tabla general, con cinco partidos ganados, cuatro empatados y ocho perdidos. Con 21 goles a favor y 36 en contra —fue el equipo que más goles recibió en todo el torneo—. Antepenúltimo lugar en la tabla de cocientes y condenado a pagar una multa millonaria por sus malos resultados.

Aunque han pasado más de 10 años del último trofeo, los aficionados todavía parecen acostumbrados a una historia de campeonatos. La crisis del Toluca ya es prolongada. Se ha recurrido a viejas glorias del equipo, a entrenadores triunfadores con los diablos, a técnicos con una reputación de ganadores, a futbolistas reclamados por la afición, a novatos de la cantera toluqueña, a cambiar la directiva, y nada ha traído como resultado otro campeonato. Desde luego, lo que más molesta es ver a un Toluca que aparenta ir en un tobogán.

Y mientras los jugadores sean tratados entre algodones, no cambiarán las cosas. El Deportivo Toluca es una institución en donde basta con que el jugador se pare en campo de entrenamiento para que su salario esté garantizado: no importa si gana, empata o pierde. No le pagan en función de resultados. Tampoco está obligado a promover al equipo, que además no hace obra social o altruista. El jugador no se conecta con la sociedad y la directiva, menos. A muchos jugadores los reconocen en los tugurios pero no se les ve en escuelas o empresas, promoviendo y creando afición. Nada de firmas de autógrafos. Nada de mercadotecnia. El trato a la prensa es de desdén y ya ni tiene acceso a los entrenamientos, como en cualquier otro equipo profesional.

El Toluca de hoy ha dejado insatisfechos a sus aficionados. Unos demandan una limpia de jugadores. Otros cambiar al técnico. O a la directiva. He escuchado que por unanimidad se pide que el propietario, Valetín Diez, se involucre en el equipo. Unos pocos están resignados a esperar un milagro, porque el diablo ya no asusta ni en el mismísimo infierno.

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Director del noticiario Así Sucede de Grupo Acir Toluca.

Mail: felgonre@gmail.com. Twitter: @FelipeGlz.

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