/ martes 12 de junio de 2018

Rescate Tierra


5 mil muertos. Pozos prohibidos. Disputa Meade Anaya

Cinismo hegemónico, a dicho de este decidor, es el abuso sobre individuos, organizaciones o sociedad y la burla con las acciones, la desobediencia, la ausencia, el incumplimiento de las órdenes recibidas, acatar la ley o ser justo. En México la práctica común del abuso del poder y la burla son cotidianas, tanto que hay quienes confunden corrupción e impunidad, la primera es la putrefacción de algo. La segunda es la falta de sanción ante el rompimiento de la ley.

La impunidad es consecuencia de la corrupción, cuando los valores y principios que sustentan la convivencia armónica de la sociedad no son respetados y el agandalle es visto como sinónimo de inteligencia, audacia, valor, proactividad, iniciativa. Ante estas nuevas definiciones el ser humano acostumbrado a respetar a otros individuos, cumplir las leyes, esperar turno en la fila, respetar las señales viales, cuidar su medio ambiente, estudiar, creer en las autoridades, se ve cínicamente reducido al abuso hegemónico de quienes están en preminencia por una cuestión casuística.

Son cínicos a quienes no les importa que México ocupe el primer lugar en asesinatos de periodistas, no les interesa aclarar la desaparición de 45 estudiantes en Ayotzinapa o destruir un manglar, no les importa talar el Nevado de Toluca, aunque en 20 años no tengamos agua, no obedecen cuando se les prohíbe abrir pozos en Chihuahua, aunque pongan en riesgo la supervivencia de personas y comunidades.

El cinismo aparece cuando se tiene control de todas las instituciones creadas por el Estado para servir a la sociedad, tribunales, ministerios, seguro social, agua, transparencia, medio ambiente, procuradurías, universidades y muchas más, en donde una casta gobernante sin aprecio a la vida de quienes toca servir se ha instalado en posiciones de autoridad y favorece al poderoso y rico, por encima de los derechos de los más pobres o sin poder.

Ese cinismo hace olvidar que se está allí para ayudar a los ciudadanos a solucionar los problemas cotidianos. No para acumular riqueza, ni abusar del desvalido.

Cambiar ese comportamiento ante los demás no es cuestión de conocimiento, sino de praxis diaria. Todo mundo conoce las leyes y muchos las rompen. Les gusta que los traten con respeto y honra, pero no dan el mismo trato a otros. Se horrorizan de la cantidad de basura en las calles y tiran basura. Enseñan a no mentir y mienten. No quieren violencia para ellos, pero ejercen violencia a mujeres, niños y varones.

Hay que practicar el respeto a los límites de otros seres humanos. Dar es mejor que recibir, dice la Biblia. Sirvamos, ayudemos y no fomentemos un cinismo hegemónico que amenaza con destruir la base social en el ejercicio de la corrupción, disfrazada de éxito.


5 mil muertos. Pozos prohibidos. Disputa Meade Anaya

Cinismo hegemónico, a dicho de este decidor, es el abuso sobre individuos, organizaciones o sociedad y la burla con las acciones, la desobediencia, la ausencia, el incumplimiento de las órdenes recibidas, acatar la ley o ser justo. En México la práctica común del abuso del poder y la burla son cotidianas, tanto que hay quienes confunden corrupción e impunidad, la primera es la putrefacción de algo. La segunda es la falta de sanción ante el rompimiento de la ley.

La impunidad es consecuencia de la corrupción, cuando los valores y principios que sustentan la convivencia armónica de la sociedad no son respetados y el agandalle es visto como sinónimo de inteligencia, audacia, valor, proactividad, iniciativa. Ante estas nuevas definiciones el ser humano acostumbrado a respetar a otros individuos, cumplir las leyes, esperar turno en la fila, respetar las señales viales, cuidar su medio ambiente, estudiar, creer en las autoridades, se ve cínicamente reducido al abuso hegemónico de quienes están en preminencia por una cuestión casuística.

Son cínicos a quienes no les importa que México ocupe el primer lugar en asesinatos de periodistas, no les interesa aclarar la desaparición de 45 estudiantes en Ayotzinapa o destruir un manglar, no les importa talar el Nevado de Toluca, aunque en 20 años no tengamos agua, no obedecen cuando se les prohíbe abrir pozos en Chihuahua, aunque pongan en riesgo la supervivencia de personas y comunidades.

El cinismo aparece cuando se tiene control de todas las instituciones creadas por el Estado para servir a la sociedad, tribunales, ministerios, seguro social, agua, transparencia, medio ambiente, procuradurías, universidades y muchas más, en donde una casta gobernante sin aprecio a la vida de quienes toca servir se ha instalado en posiciones de autoridad y favorece al poderoso y rico, por encima de los derechos de los más pobres o sin poder.

Ese cinismo hace olvidar que se está allí para ayudar a los ciudadanos a solucionar los problemas cotidianos. No para acumular riqueza, ni abusar del desvalido.

Cambiar ese comportamiento ante los demás no es cuestión de conocimiento, sino de praxis diaria. Todo mundo conoce las leyes y muchos las rompen. Les gusta que los traten con respeto y honra, pero no dan el mismo trato a otros. Se horrorizan de la cantidad de basura en las calles y tiran basura. Enseñan a no mentir y mienten. No quieren violencia para ellos, pero ejercen violencia a mujeres, niños y varones.

Hay que practicar el respeto a los límites de otros seres humanos. Dar es mejor que recibir, dice la Biblia. Sirvamos, ayudemos y no fomentemos un cinismo hegemónico que amenaza con destruir la base social en el ejercicio de la corrupción, disfrazada de éxito.

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