/ martes 16 de julio de 2019

Rescate Tierra


Arrepentimiento y conversión ambiental

El cambio climático llegó para permanecer por décadas. Nada puede detenerlo en este momento. Las temperaturas del planeta oscilan -en diferentes zonas- de los 60 grados centígrados de calor a menos 50 grados centígrados. Mientras esto ocurre, las naciones del planeta se reúnen procurando llegar a acuerdos que aceleren la transición mundial al uso de energías limpias que reduzcan el daño que hacemos a la Tierra, para que en diciembre evaluar el avance en las políticas públicas mundiales, previo a la firma del nuevo acuerdo global en 2020.

Llegar al convencimiento del daño hecho al planeta, a la humanidad, a las especies animales y vegetales, requirió de la amenaza de extinción de la vida como la conocemos, para que 196 partes o naciones, más la comunidad europea, se arrepintieran y mitigaran el daño, porque todo pecado tiene consecuencias y la dureza de corazón, sólo acarrea muerte.

Tener convicción de la amenaza no solucionó el problema, se le negó, tergiversó, amañó. Incluso se aplicaron soluciones placebo, las industrias contaminantes plantaron árboles en lugares ajenos al daño que provocaron, no restauraron las zonas devastadas. Aún hoy, lo siguen haciendo, talando árboles en lo que queda de las reservas forestales globales, contaminando y secando los ríos del planeta, en lugar de limpiarlos. Creando bonitas leyes que las empresas no cumplen.

En 2010, vi representantes de naciones retirarse de las negociaciones de Cancún para un nuevo protocolo ambiental mundial. Les daba más miedo una crisis económica que impulsar los cambios para promover una economía limpia. En 2015, grupos terroristas aprovecharon la reunión de París, para hacerse presentes. No les interesó el futuro de su tierra, su comida, su aire y agua.

Actualmente, uno de los principales líderes mundiales niega que haya un cambio climático. Trump, dijo en 2012 que son argucias de los chinos para apoderarse del mercado global. Remodeló su concepto en 2016 diciendo que había un “cambio de tiempo” y en noviembre de 2018 tuiteo: “No me lo creo”,ignorando los estudios que se le presentaron.

En el pasado otras naciones negaron el fenómeno, pero la fuerza de los hechos y la velocidad del cambio los hizo aceptarlo.

Arrepentirse, requiere la aceptación de algo que se hizo mal. Es reconocer el hecho. Negarlo significa que se es cínico, ignorante o malo. Una vez que hay arrepentimiento, prosigue la conversión, dar muestra con acciones correctas de la transformación del corazón. Haciendo lo bueno, por amor, porque es necesario, porque es lo correcto. Es cerrar minas que dañan el entorno, como se hizo en Toluca. Plantar árboles, como lo ha impulsado Jorge Rescala por instrucciones del gobernador Del Mazo.Exigir la instalación de plantas tratadoras en las industrias, tal como lo marca la normatividad promovida por diputados federales y estatales.

Es no simular un falso arrepentimiento, sino ser conversos que actúan, apartándose de la muerte del planeta Tierra.


Arrepentimiento y conversión ambiental

El cambio climático llegó para permanecer por décadas. Nada puede detenerlo en este momento. Las temperaturas del planeta oscilan -en diferentes zonas- de los 60 grados centígrados de calor a menos 50 grados centígrados. Mientras esto ocurre, las naciones del planeta se reúnen procurando llegar a acuerdos que aceleren la transición mundial al uso de energías limpias que reduzcan el daño que hacemos a la Tierra, para que en diciembre evaluar el avance en las políticas públicas mundiales, previo a la firma del nuevo acuerdo global en 2020.

Llegar al convencimiento del daño hecho al planeta, a la humanidad, a las especies animales y vegetales, requirió de la amenaza de extinción de la vida como la conocemos, para que 196 partes o naciones, más la comunidad europea, se arrepintieran y mitigaran el daño, porque todo pecado tiene consecuencias y la dureza de corazón, sólo acarrea muerte.

Tener convicción de la amenaza no solucionó el problema, se le negó, tergiversó, amañó. Incluso se aplicaron soluciones placebo, las industrias contaminantes plantaron árboles en lugares ajenos al daño que provocaron, no restauraron las zonas devastadas. Aún hoy, lo siguen haciendo, talando árboles en lo que queda de las reservas forestales globales, contaminando y secando los ríos del planeta, en lugar de limpiarlos. Creando bonitas leyes que las empresas no cumplen.

En 2010, vi representantes de naciones retirarse de las negociaciones de Cancún para un nuevo protocolo ambiental mundial. Les daba más miedo una crisis económica que impulsar los cambios para promover una economía limpia. En 2015, grupos terroristas aprovecharon la reunión de París, para hacerse presentes. No les interesó el futuro de su tierra, su comida, su aire y agua.

Actualmente, uno de los principales líderes mundiales niega que haya un cambio climático. Trump, dijo en 2012 que son argucias de los chinos para apoderarse del mercado global. Remodeló su concepto en 2016 diciendo que había un “cambio de tiempo” y en noviembre de 2018 tuiteo: “No me lo creo”,ignorando los estudios que se le presentaron.

En el pasado otras naciones negaron el fenómeno, pero la fuerza de los hechos y la velocidad del cambio los hizo aceptarlo.

Arrepentirse, requiere la aceptación de algo que se hizo mal. Es reconocer el hecho. Negarlo significa que se es cínico, ignorante o malo. Una vez que hay arrepentimiento, prosigue la conversión, dar muestra con acciones correctas de la transformación del corazón. Haciendo lo bueno, por amor, porque es necesario, porque es lo correcto. Es cerrar minas que dañan el entorno, como se hizo en Toluca. Plantar árboles, como lo ha impulsado Jorge Rescala por instrucciones del gobernador Del Mazo.Exigir la instalación de plantas tratadoras en las industrias, tal como lo marca la normatividad promovida por diputados federales y estatales.

Es no simular un falso arrepentimiento, sino ser conversos que actúan, apartándose de la muerte del planeta Tierra.

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