/ miércoles 17 de febrero de 2021

Rescate Tierra | El amor en los tiempos del Covid-19 

Como extraño, abrazar y ser abrazado por mis amigos. Las reuniones donde uno charla, sólo por el placer de hacerlo, y reír, admirando la convivencia y compartiendo alegría. En estos tiempos me ha tocado ver y participar del proceso de contingencia, donde uno saluda con precaución chocando los puños, los antebrazos y los codos, por cuidar a los amigos y ellos por cuidarlo a uno. Hoy, abrazar es un lujo que se reserva y prodiga a los mas cercanos, sabiendo siempre que puede haber riesgo, si por desconocida razón, alguno estuvo en contacto con el bicho.

Me gusta ver a las parejas abrazarse, besarse, cuidarse y declararse amor eterno. Es robar unos momentos al tiempo y a la vida, porque no regresarán, se quedarán en el espacio personal de 2.

La declaración más comprometida de la amistad es la que dice: “Amar es dar la vida por los amigos”, viene escrita en el evangelio de Juan, capítulo 15, versículo 13. Pero, ¿quién es capaz de dar la vida por sus amigos? En una sociedad, donde el fuerte se impone sobre el débil y esa fuerza se muestra en la salud, seguridad, empleo, finanzas, política, gobierno y muchos, prefieren corromperse, abusar, olvidar, traicionar o simplemente dejarse llevar por sus pasiones y deseos, sin importar a quien dañan, a quien dejan, a quien pervierten o empobrecen o quien sufrirá la consecuencia de su egoísmo. Y, negarse a hacer lo incorrecto y cumplir un acuerdo prometido o quedar mal con alguien que nos aprecia y bien, con quien nos traicionará en el futuro.

Amar, no es sólo entre hombre y mujer. Jesucristo, amó a sus discípulos, los conocía, sabía quien oraba, quién no lo hacía, quien lo negaría, quien era violento, de quien abusaban en el trato los otros, quienes eran callados, quienes gritaban, quienes dudaban, quienes esperaban. Gandy, conocía el espíritu Paquistaní e Indio, enseñó con amor, sacrificando su vida, para que tuvieran paz y libertad ambos pueblos, sin llegar a la violencia. Cumplió acuerdos a pesar de los ofrecimientos de ingleses. Teresa de Calcuta, servía y amaba, entregó su vida para ayudar a enfermos y atender necesitados.

Actualmente, cuando alguien pide ayuda, es frecuente escuchar la frase: qué me vas a dar, qué gano yo. Les parece extraño pensar, que al estar bien quienes les rodean -amigos y conocidos- de buen corazón, ellos también estarán bien. Y al no hacer las cosas con generosidad y amor, pierden la oportunidad de bendecir y ser bendecidos.

Siempre es tiempo de corregir el camino, comenzando a aprender como amar, porque es lo natural, hacer el bien y edificar al prójimo. En lugar de manipular las circunstancias para sacar provecho de ellas, generando un espíritu que carcome la bondad en uno, endureciendo el corazón, para no corregir el rumbo.

Agradezco a las personas de Protección Civil de Toluca, que acudieron rápidamente para eliminar el riesgo de la caída de un vidrio roto de un edificio en avenida Hidalgo, amenazando con caer y lastimar a algún transeúnte, el día viernes.


Como extraño, abrazar y ser abrazado por mis amigos. Las reuniones donde uno charla, sólo por el placer de hacerlo, y reír, admirando la convivencia y compartiendo alegría. En estos tiempos me ha tocado ver y participar del proceso de contingencia, donde uno saluda con precaución chocando los puños, los antebrazos y los codos, por cuidar a los amigos y ellos por cuidarlo a uno. Hoy, abrazar es un lujo que se reserva y prodiga a los mas cercanos, sabiendo siempre que puede haber riesgo, si por desconocida razón, alguno estuvo en contacto con el bicho.

Me gusta ver a las parejas abrazarse, besarse, cuidarse y declararse amor eterno. Es robar unos momentos al tiempo y a la vida, porque no regresarán, se quedarán en el espacio personal de 2.

La declaración más comprometida de la amistad es la que dice: “Amar es dar la vida por los amigos”, viene escrita en el evangelio de Juan, capítulo 15, versículo 13. Pero, ¿quién es capaz de dar la vida por sus amigos? En una sociedad, donde el fuerte se impone sobre el débil y esa fuerza se muestra en la salud, seguridad, empleo, finanzas, política, gobierno y muchos, prefieren corromperse, abusar, olvidar, traicionar o simplemente dejarse llevar por sus pasiones y deseos, sin importar a quien dañan, a quien dejan, a quien pervierten o empobrecen o quien sufrirá la consecuencia de su egoísmo. Y, negarse a hacer lo incorrecto y cumplir un acuerdo prometido o quedar mal con alguien que nos aprecia y bien, con quien nos traicionará en el futuro.

Amar, no es sólo entre hombre y mujer. Jesucristo, amó a sus discípulos, los conocía, sabía quien oraba, quién no lo hacía, quien lo negaría, quien era violento, de quien abusaban en el trato los otros, quienes eran callados, quienes gritaban, quienes dudaban, quienes esperaban. Gandy, conocía el espíritu Paquistaní e Indio, enseñó con amor, sacrificando su vida, para que tuvieran paz y libertad ambos pueblos, sin llegar a la violencia. Cumplió acuerdos a pesar de los ofrecimientos de ingleses. Teresa de Calcuta, servía y amaba, entregó su vida para ayudar a enfermos y atender necesitados.

Actualmente, cuando alguien pide ayuda, es frecuente escuchar la frase: qué me vas a dar, qué gano yo. Les parece extraño pensar, que al estar bien quienes les rodean -amigos y conocidos- de buen corazón, ellos también estarán bien. Y al no hacer las cosas con generosidad y amor, pierden la oportunidad de bendecir y ser bendecidos.

Siempre es tiempo de corregir el camino, comenzando a aprender como amar, porque es lo natural, hacer el bien y edificar al prójimo. En lugar de manipular las circunstancias para sacar provecho de ellas, generando un espíritu que carcome la bondad en uno, endureciendo el corazón, para no corregir el rumbo.

Agradezco a las personas de Protección Civil de Toluca, que acudieron rápidamente para eliminar el riesgo de la caída de un vidrio roto de un edificio en avenida Hidalgo, amenazando con caer y lastimar a algún transeúnte, el día viernes.


ÚLTIMASCOLUMNAS