/ martes 4 de mayo de 2021

Rescate Tierra | Honestidad

Sacaba mi cubrebocas del bolsillo para cumplir las normas de acceso al Mercado Morelos, camine unos pasos y un joven me detuvo mostrándome 20 pesos en el suelo e informándome que se me habían caído. Me ayudó a recogerlos; le agradecí, sonrió, se fue y pensé… Aún hay personas honestas en el mundo. Caminé unos pasos y encontré a Mónica Némer, quien, con su habitual sonrisa, me saludo y charlamos brevemente.

Al escribir esto, recordé la historia de Sodoma y Gomorra, las ciudades bíblicas del Medio Oriente, destruidas por Dios a causa de no encontrarse un sólo justo en ellas. Lot, sobrino de Abraham, intentó defenderlas ante Dios a cambio de que hubiera en Sodoma, una persona honesta, por la cual valiera la pena detener la destrucción y no la encontró. Su misma esposa fue convertida en estatua de sal, por desobedecer.

Verdad o ficción, hoy la desconfianza permea. Es raro encontrar gente congruente, que cumpla su palabra. La corrupción avanza, atacando diferentes flancos, ejemplo es quien gobierna mintiendo o haciendo negocios a cambio de dadivas, impidiendo que un comercio honesto y abierto, genere oportunidades para todos, para que haya buenos sueldos, respeto a los derechos humanos, a la dignidad humana y piso parejo para todos.

Los delincuentes salen de las cárceles, hay países donde se intenta no penalizar el abuso de menores, la violación es ocultada y las mujeres que la sufrieron, deben padecer malos tratos al denunciar y ser atendidas por personas sin empatía, que las humillan en lugar de protegerlas.

Ser honesto, leal, justo, tiene premio y da paz al corazón. Ganar con mentiras, intranquiliza, corrompe, pervierte lo que toca y lo que le rodea, provocando la muerte espiritual y quizá la física.

La amargura de corazón afea el rostro, dice un proverbio. Es reflejo de que algo interior, corrompe nuestra esencia. Nos quita la paz.

Ser ético en el gobierno, la política y el servicio público, implica decisiones que no siempre favorecen a todos en un primer momento, pero al paso del tiempo, generan bienestar. El problema surge cuando se gobierna para un pequeño grupo o se empodera un grupo corrupto y también pequeño y este con poder, destruye el poco bienestar que había, porque afectaba sus riquezas y poder.

Es curioso ver, como las personas con espíritus afines, tienden a agruparse, poetas escultores, periodistas, escritores, músicos, investigadores, científicos, asesinos, ladrones, mentirosos, adúlteros, ambulantes, líderes, jóvenes, mujeres, varones, religiosos. Unos dedicados al arte, la ciencia, la investigación y el buen gobierno, los otros, dedicados a sus actividades que destruyen o lesionan la vida de otras personas, ambos manejan conceptos de ética diferentes. Los primeros quizá para vida, para proteger a otros, sanarlos, educarlos, mostrar la belleza, cuidar a los menores, a las mujeres, y los hombres, en todas sus facetas y los otros, cuidándose a ellos porque la vida de los demás, no les interesa.

¿A quién empoderaremos?

Sacaba mi cubrebocas del bolsillo para cumplir las normas de acceso al Mercado Morelos, camine unos pasos y un joven me detuvo mostrándome 20 pesos en el suelo e informándome que se me habían caído. Me ayudó a recogerlos; le agradecí, sonrió, se fue y pensé… Aún hay personas honestas en el mundo. Caminé unos pasos y encontré a Mónica Némer, quien, con su habitual sonrisa, me saludo y charlamos brevemente.

Al escribir esto, recordé la historia de Sodoma y Gomorra, las ciudades bíblicas del Medio Oriente, destruidas por Dios a causa de no encontrarse un sólo justo en ellas. Lot, sobrino de Abraham, intentó defenderlas ante Dios a cambio de que hubiera en Sodoma, una persona honesta, por la cual valiera la pena detener la destrucción y no la encontró. Su misma esposa fue convertida en estatua de sal, por desobedecer.

Verdad o ficción, hoy la desconfianza permea. Es raro encontrar gente congruente, que cumpla su palabra. La corrupción avanza, atacando diferentes flancos, ejemplo es quien gobierna mintiendo o haciendo negocios a cambio de dadivas, impidiendo que un comercio honesto y abierto, genere oportunidades para todos, para que haya buenos sueldos, respeto a los derechos humanos, a la dignidad humana y piso parejo para todos.

Los delincuentes salen de las cárceles, hay países donde se intenta no penalizar el abuso de menores, la violación es ocultada y las mujeres que la sufrieron, deben padecer malos tratos al denunciar y ser atendidas por personas sin empatía, que las humillan en lugar de protegerlas.

Ser honesto, leal, justo, tiene premio y da paz al corazón. Ganar con mentiras, intranquiliza, corrompe, pervierte lo que toca y lo que le rodea, provocando la muerte espiritual y quizá la física.

La amargura de corazón afea el rostro, dice un proverbio. Es reflejo de que algo interior, corrompe nuestra esencia. Nos quita la paz.

Ser ético en el gobierno, la política y el servicio público, implica decisiones que no siempre favorecen a todos en un primer momento, pero al paso del tiempo, generan bienestar. El problema surge cuando se gobierna para un pequeño grupo o se empodera un grupo corrupto y también pequeño y este con poder, destruye el poco bienestar que había, porque afectaba sus riquezas y poder.

Es curioso ver, como las personas con espíritus afines, tienden a agruparse, poetas escultores, periodistas, escritores, músicos, investigadores, científicos, asesinos, ladrones, mentirosos, adúlteros, ambulantes, líderes, jóvenes, mujeres, varones, religiosos. Unos dedicados al arte, la ciencia, la investigación y el buen gobierno, los otros, dedicados a sus actividades que destruyen o lesionan la vida de otras personas, ambos manejan conceptos de ética diferentes. Los primeros quizá para vida, para proteger a otros, sanarlos, educarlos, mostrar la belleza, cuidar a los menores, a las mujeres, y los hombres, en todas sus facetas y los otros, cuidándose a ellos porque la vida de los demás, no les interesa.

¿A quién empoderaremos?

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