/ martes 16 de marzo de 2021

Rescate Tierra | Las monedas entregadas con amor, perduran por siempre… 

Solidaridad, me dijo. Solidaridad, pensé, recordando las decenas de personas que ha diario veo por las calles, delgados, tristes, sin esperanza. Algunas han optado por la mendicidad, fueron arrojados de sus casas por no tener como pagar y sus parientes y amigos, prefirieron olvidarlos. Recordé los miles de trabajadores que aceptaron la reducción de su salario con tal de no perder su chamba y hoy que los negocios se recuperan, los salarios no suben y ellos no tienen como subsanar la falta de dinero.

Lo que si ha subido, es el precio de productos básicos, el pollo, la carne, las verduras, la renta de casas, la gasolina y muchas de las personas que hoy no tienen que comer, tampoco tienen beca del gobierno, ni como servidores, ni ancianos con futuro, y los comedores comunitarios donde acudían, cerraron por la pandemia, los refugios desparecieron con el recorte a las asociaciones y muchas madres de familia que llevaban sus hijos a guarderías, hoy reciben la mitad del subsidio del gobierno, pero no pueden salir a trabajar, aunque no les alcance el recurso.

Alguna ocasión de gran sequía, recorrí la zona norte de Toluca. La situación no era buena, pero las familias tenían esperanza. Un espíritu de solidaridad permeaba en los habitantes y si a alguien le faltaba comida, los vecinos le llevaban, se unían por amor. En esos caminares, paré en una casa perdida entre lomas de tierra seca y polvo, invitándome a pasar. -Los ventarrones lo rodeaban a uno- Entre, me sentaron alrededor del comal en la fogata del suelo, y me compartieron las mas deliciosas tortas de haba, que he comido.

Hablamos la Rubia y yo, de solidaridad, pero el miedo ha robado la generosidad al pueblo. Se reducen los salarios, se encarecen las cosas, las empresas hacen recorte, la delincuencia crece, destruimos la naturaleza y nos olvidamos del necesitado. Juzgamos fácilmente, pero no aportamos soluciones, para que todos coman, trabajen, estudien y tengan una vida digna.

Pareciera, que duele sacar unas monedas del bolsillo y compartirlas, nos hemos vacunado contra el amor, lo cambiamos por dinero y perdimos la empatía y la esperanza.

Para combatir a los corruptos, la autoridad arrasó con el pueblo. No generó trabajo, pero si pobreza, el CONEVAL en datos de 2021, estima que la pobreza en México crecerá entre 8.9 y 9.8, casi 10 millones de nuevos pobres. Espero, no intenten desaparecer el CONEVAL, para desaparecer la pobreza. Imagine que antes del COVID-19 había, 50 ó 60 millones de pobres y este año habrá 70 millones, en un país con 127 millones de mexicanos, más de la mitad de la población.

La única solución es la solidaridad, que nos unamos todos, como en el temblor del 85 o los huracanes e inundaciones que afectaron al país en el pasado y nos ayudemos todos, el que tiene, dando dignamente a quien no tiene. Respetando el trabajo, otorgando un salario digno, el mínimo, para vivir, no sirve. El incremento de las rentas hace que muchas viviendas, estén más tiempo vacías y que los inquilinos deban sobrevivir en bodegas, mientras la economía se reactiva. Guardemos unas monedas para dar al necesitado, sin prejuicios sobre el uso que le darán. Actuemos nosotros bien, con amor al prójimo, sin importarnos el juicio, de quienes han endurecido su corazón.

Solidaridad, me dijo. Solidaridad, pensé, recordando las decenas de personas que ha diario veo por las calles, delgados, tristes, sin esperanza. Algunas han optado por la mendicidad, fueron arrojados de sus casas por no tener como pagar y sus parientes y amigos, prefirieron olvidarlos. Recordé los miles de trabajadores que aceptaron la reducción de su salario con tal de no perder su chamba y hoy que los negocios se recuperan, los salarios no suben y ellos no tienen como subsanar la falta de dinero.

Lo que si ha subido, es el precio de productos básicos, el pollo, la carne, las verduras, la renta de casas, la gasolina y muchas de las personas que hoy no tienen que comer, tampoco tienen beca del gobierno, ni como servidores, ni ancianos con futuro, y los comedores comunitarios donde acudían, cerraron por la pandemia, los refugios desparecieron con el recorte a las asociaciones y muchas madres de familia que llevaban sus hijos a guarderías, hoy reciben la mitad del subsidio del gobierno, pero no pueden salir a trabajar, aunque no les alcance el recurso.

Alguna ocasión de gran sequía, recorrí la zona norte de Toluca. La situación no era buena, pero las familias tenían esperanza. Un espíritu de solidaridad permeaba en los habitantes y si a alguien le faltaba comida, los vecinos le llevaban, se unían por amor. En esos caminares, paré en una casa perdida entre lomas de tierra seca y polvo, invitándome a pasar. -Los ventarrones lo rodeaban a uno- Entre, me sentaron alrededor del comal en la fogata del suelo, y me compartieron las mas deliciosas tortas de haba, que he comido.

Hablamos la Rubia y yo, de solidaridad, pero el miedo ha robado la generosidad al pueblo. Se reducen los salarios, se encarecen las cosas, las empresas hacen recorte, la delincuencia crece, destruimos la naturaleza y nos olvidamos del necesitado. Juzgamos fácilmente, pero no aportamos soluciones, para que todos coman, trabajen, estudien y tengan una vida digna.

Pareciera, que duele sacar unas monedas del bolsillo y compartirlas, nos hemos vacunado contra el amor, lo cambiamos por dinero y perdimos la empatía y la esperanza.

Para combatir a los corruptos, la autoridad arrasó con el pueblo. No generó trabajo, pero si pobreza, el CONEVAL en datos de 2021, estima que la pobreza en México crecerá entre 8.9 y 9.8, casi 10 millones de nuevos pobres. Espero, no intenten desaparecer el CONEVAL, para desaparecer la pobreza. Imagine que antes del COVID-19 había, 50 ó 60 millones de pobres y este año habrá 70 millones, en un país con 127 millones de mexicanos, más de la mitad de la población.

La única solución es la solidaridad, que nos unamos todos, como en el temblor del 85 o los huracanes e inundaciones que afectaron al país en el pasado y nos ayudemos todos, el que tiene, dando dignamente a quien no tiene. Respetando el trabajo, otorgando un salario digno, el mínimo, para vivir, no sirve. El incremento de las rentas hace que muchas viviendas, estén más tiempo vacías y que los inquilinos deban sobrevivir en bodegas, mientras la economía se reactiva. Guardemos unas monedas para dar al necesitado, sin prejuicios sobre el uso que le darán. Actuemos nosotros bien, con amor al prójimo, sin importarnos el juicio, de quienes han endurecido su corazón.

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